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Nº 917 - 14/3/2011

Jesús Palacios, autor de '23-F, el Rey y su secreto'


"HE SUFRIDO VETO Y CENSURA"


Reformistas, líderes de partidos democráticos, la patronal, el servicio de inteligencia y el Rey consensuaron y bendijeron, en el otoño de 1980, la formación de un Gobierno de concentración nacional presidido por el general Armada. Lo asegura Jesús Palacios en su libro '23-F, el Rey y su secreto' (Libros Libres). "A mí dádmelo todo hecho", cuenta que decía el monarca cuando le adelantaban los detalles de la denominada 'operación De Gaulle'. El escritor y periodista dice también que fue el Partido Socialista el que dio su visto bueno al militar y ex secretario de Su Majestad.

Por V. M.

Su libro viene a desmontar la comúnmente aceptada idea de que el Rey desmontó el golpe de Estado del 23-F?
—Al fracasar la operación De Gaulle, solución Armada, el Rey, por una connivencia de los partidos políticos y del mundo mediático en general, quedó como el gran salvador de la democracia. ¿En qué momento? En el que se decidió cortocircuitar a Tejero en el Congreso al ver que el general Armada había fracasado en la formación de un Gobierno de concentración nacional porque el teniente coronel había impedido el acceso al Hemiciclo. Por lo tanto, el libro lo que viene a plantear es que no hubo ningún contragolpe por parte de Zarzuela ni hubo por tanto ninguna operación especial para bloquear la del 23 de febrero. Lo que ocurrió fue que, al fracasar, se convino quedar en la idea de que el Rey había salvado la democracia sosteniendo a un Ejército partidario de la vuelta a un régimen autoritario, cosa que es absolutamente falsa. El Ejército en pleno estuvo absolutamente leal, obediente y disciplinado a las órdenes de Su Majestad el Rey. Y cuando digo todo el Ejército digo también al capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, y por supuesto al general Alfonso Armada. Antes, durante y después.

—¿Ha recibido alguna llamada de Zarzuela o su entorno tras la publicación del libro?
—No, ni directa ni indirectamente. Pero he tenido veto y censura respecto a este libro. Está previsto, porque así lo había convenido la editorial de un importantísimo grupo, que iba a ser Premio Ensayo. Pero pocos días antes del fallo se recibió una instrucción por parte de su presidente diciendo que el original no sólo no podía entrar en el debate para ser galardonado, sino ni siquiera para ser editado. Después he encontrado también cierta resistencia por la propia dinámica de actuación cuando el libro ha podido ser editado y distribuido, pues la he ido superando y venciendo.

—¿Qué fue la operación De Gaulle?
—Fue una operación importada para la transición política en España. Con un escenario en Francia de una guerra civil real, planteada a consecuencia de Argelia, sólo fue necesaria la amenaza de la fuerza para que la Asamblea de Francia eligiera al general De Gaulle jefe del Gobierno y después presidente de la República en 1958 para evitar un golpe de Estado o un escenario bélico. Aquí se buscó ese mismo formato, por parte de personajes del reformismo franquista, de los nuevos líderes políticos del sistema democrático y de instituciones como la patronal, para el caso en el que la situación de las reformas políticas que emprendía Suárez no se hicieran de forma prudente y colocaran al Estado en una situación de deriva peligrosa en la que incluso se pudieran ver afectadas la Corona y la estabilidad del sistema. Un elemento de corrección para la propia democracia, esto era ni más ni menos la puesta en escena de la operación De Gaulle. Una operación que se fue fraguando a lo largo del otoño e invierno de 1977 y la primavera de 1978 en reuniones celebradas en la sede de la agencia Efe que presidía entonces Luis Maria Anson, y a la que asistían, entre otros, el presidente de la patronal, diversos políticos de la izquierda y de la derecha y también algunos agentes del entonces naciente servicio de inteligencia. Entre otros, el comandante José Faura Martín, que llegó a ser JEME del Ejército, el capitán José María Peña-randa, y en ocasiones el propio director general del CESID, el general José María Bourgón. Ellos son los que redactan, con ese nombre, la operación De Gaulle. Por tanto, la operación del 23 de febrero fue desarrollada desde dentro del sistema, para corregir el sistema, y hecha sobre el sistema. No es ni un golpe de involución ni un golpe al uso llevada a cabo por militares que pensaban más en el fenecido régimen íranquista. Se tuvo que inventar un elemento ex novo, como fue un supuesto anticonstitucional máximo. Ese supuesto, como primera fase de la operación que es la violación de la legalidad, se crea artificialmente con la figura del teniente coronel Tejero, a quien se le dota de medios, unidades de la Guardia Civil, elementos logísticos de apoyo, de comunicación, de enlaces. Le facilita todo el servicio de inteligencia a través de la agrupación operativa de misiones especiales que dirigía el entonces comandante José Luis Cortina. Se hizo de esa forma para después poner en marcha la segunda fase de la operación con la entrada en escena del general Armada. Un general que había sido bendecido políticamente por todos los grupos políticos. A quien días antes del 23-F el propio Rey había llegado a decir: "Hay que ver Alfonso cómo lo haces, todo el mundo habla maravillas de ti", y que sería el que corrigiese a su vez la acción ilegal de Tejero desplazándolo y presentándose él con una propuesta que, si la votaba el Parlamento, hubiera pasado por ser constitucional con un gobierno de concentración presidido por él y en el que habría ministros de todo el arco parlamentario, como Felipe González de vicepresidente, algunos miembros más del PSOE como Javier
Solana, Enrique Múgica o Gregorio Peces-Barba, y varios miembros del Partido Comunista como Jordi Solé Tura, otros más de la Unión de Centro Democrático y algunos de Alianza Popular como Fraga o el propio Luis Maria Anson, que iba a ser el ministro de Comunicación.

—Ese escenario que describe, con esos personajes, suena increíble.
—Suena increíble porque, con el fracaso ele la operación del 23-F, los medios de comunicación y la propaganda crearon la idea de que había sido un golpe de involución de unos militares descontentos con el sistema democrático. Pero no fue nada de eso: fue una operación de corrección del sistema para fortalecerlo. No sólo es que haya datos de una reunión que tuvieron los dirigentes del PSOE, con Felipe González a la cabeza, con el secretario entonces del Rey, el general Sa-bino Fernandez Campo, sino que fue ratificado a los pocos días con la presencia de Enrique Múgica en Lérida cuando le dijo al general Armada, 'usted va a regresar pronto a Madrid con un cargo importante dentro del Estado Mayor del Ejército y usted ha sido por nosotros apoyado, aceptado, para ese Gobierno de concentración nacional'. Y Felipe González, en aquella reunión con el secretario del Rey, le dijo, 'Sabina, dile a Su Majestad que la situación no aguanta más con Suárez, que no llegamos a las próximas elecciones. Que el Estado es como un helicóptero donde se han encendido todas las luces rojas, está a la deriva y estamos al borde del precipicio. Y nosotros hemos aceptado la figura del general Armada como solución para un Gobierno de concentración que nos saque de la situación peligrosa ele crisis institucional que hay en estos momentos'. Eso son declaraciones públicas, no hay ninguna invención y está en las hemerotecas.

—¿Usted cree entonces que esta operación debería haber tenido éxito?
—Si Armada hubiese accedido al Hemiciclo, hubiese hablado con los jefes de filas y éstos hubiesen planteado con él esta propuesta al Pleno del Congreso, sin duda alguna. Porque esa solución de un Gobierno de concentración presidido por el general ya estaba consensuada y bendecida políticamente por parte de todos desde el otoño de 1980.

—Si estaba bendecida democráticamente, ¿por qué fracasó?
—Por el factor humano. Porque Tejero le impide al general Armada el acceso al Hemiciclo. Tejero, al que no han contado todo el desarrollo de la operación ni lo que va a ocurrir después, simplemente ha aceptado formar parte de una operación en la que le dicen los generales Miláns y Armada y, después, el jefe de los grupos operativos del servicio de inteligencia, el comandante José Luis Cortina, que tiene que entrar en el Congreso y hacer ese papel. El acepta pero, al conocer el resultante de esa operación, se niega y se rebela contra el general Armada y contra el general Miláns.

—¿Cuáles fueron los principales protagonistas?
—Por un lado está el Rey. Cuando lc planteaban una solución correctora del sistema mediante esa fórmula siempre respondió: "A mí eso dádmelo hecho". Sin él no se hubiese podido desarrollar nunca la operación. Como tampoco se hubiese podido llevar a cabo si el PSOE no hubiese dado también su visto bueno a la formación de ese Gobierno de concentración presidido por el general Armada. Sin esos dos elementos no se hubiese podido llevar a cabo. Después, como brazo ejecutor, sin el CESID tampoco se hubiese podido dar en sí misma esa operación.

—¿Quedan nuevos secretos sobre el 23-F por descubrir?
—Las personas que quedan vivas naturalmente que tienen secretos. El general Armada tiene secretos, en Zarzuela hay personas que siguen conservando secretos, claro que sí...

—¿Se descubrirán?
—Luis María Anson, que conoció muy bien los entresijos de la operación De Gaulle, ha dicho que el 70 por ciento de lo que narro en el libro es la absoluta verdad. Que queda un 30 por ciento que él se puede reservar para en su momento desvelarlo si lo estima oportuno, pero no quiere decir que vaya a tergiversar ni ser diferente. Sino, en todo caso, en profundizar aún más lo que yo he investigado y narro en el ensayo fl 23-f, el Rey y su secreto.


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