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Internacional  
Nº 910
24/1/2011
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Los socialistas franceses, incapaces de rentabilizar la impopularidad de Sarkozy en el horizonte de 2012


EL PS AÚN LE DA VUELTAS A LAS 35 HORAS SEMANALES

La ley que establece en Francia las 35 horas de trabajo semanal, herencia del lustro en que Lionel Jospin fue jefe de Gobierno, ha vuelto a ser objeto en el país vecino de un acalorado debate, especialmente entre los responsables del principal partido de la oposición, el Partido Socialista (PS), donde ya han comenzado las
hostilidades de cara a las elecciones primarias previas a las presidenciales de 2012. Desde que Manuel Valls propusiera recientemente "descerrajar" lo impuesto por una medida obra de la exministra de Trabajo y actual primera secretaria socialista, Martine Aubry, el tema ha centrado la atención de propios y extraños. Pese a que por primera vez en mucho tiempo el PS ha llevado la iniciativa en un debate, éste también ha revelado las carencias del principal partido de la izquierda.

Por Salvador Martinez (Paris)

La primera decisión destacada que ha tomado este aíro la dirección del PS se trata de la aprobación del calendario para el proceso de elección del candidato a las presidenciales de 2012. El buró nacional de los socialistas galos fijó en la segunda semana de enero la designación de su aspirante el próximo 16 de octubre, tras la celebración de unas primarias a dos vueltas. Hasta cuatro horas fueron necesarias para que hubiera acuerdo sobre la cuestión en la sede del socialismo francés, pero eso no quiere decir que la carrera por la candidatura del PS no haya comenzado.

Antes de que se decidiera qué día elegirán al aspirante del PS, que los electores pagaran un euro y firmaran un documento de adhesión a los valores de izquierdas, cogió la delantera Manuel Valls, diputado y candidato a la candidatura socialista en las presidenciales. El político franco-español, que además de tener un escaño en la Asamblea Nacional es alcalde de Évry, se hizo ver al relanzar a nivel nacional el debate sobre la pertinencia de la semana laboral de 35 horas.

"Tendremos que descerrajar las 35 horas". Ésa fue la frase a los medios de comunicación con la que Valls abrió la veda de la todavía oficiosa campaña para las primarias del partido. Asociada a esas palabras estuvo la cierta conmoción que causó su afirmación en el PS y la no menor sorpresa creada en algunos dirigentes de la formación presidencial, la Unión por un Movimiento Popular (UMP). Así, el portavoz del principal partido de la oposición, Benoit Hammon, quería corregir a Valls de una deriva que relacionó con el sarkozysmo. "Creo que es una mala intuición política e invito a Manuel Valls a volver por el camino recto", respondió Hammon en otra declaración, mientras que desde la derecha se reconocía "el coraje" del hijo del pintor barcelonés Xavier Valls. "Constato que Manuel Valls tiene coraje" y "a veces es el único que se une a las tesis que ^u defiendo", apuntaba el secretario general de la UMP, jean-François Copé. Paralelamente, el portavoz del partido conservador, Dominique Paille, abría las puertas de la UMP a Valls para "desarrollar sus ideas", extremo que no es, de momento, sinónimo de cooptación. La dimensión del entusiasmo de Copé y Paille, del ala liberal del partido presidencial, sólo puede compararse con su relativo aislamiento en la derecha gubernamental, pues son de los pocos que han manifestado querer acabar con las 35 horas.

A los sindicatos sentó casi peor que en el PS volver a oír hablar de la eliminación de las 35 horas. De ahí que las principales organizaciones de trabajadores, la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y la Confederación General de Trabajadores (CGT), rechazaran las insinuaciones del alcalde de Évry y de la derecha más liberal. En realidad, en el mundo laboral galo, la cadencia de trabajo semanal no representa un verdadero tema de discusión, ya que ni sindicatos ni patronal quieren volver a enzarzarse por esa cuestión. De hecho, los actores sociales han calificado la ola de declaraciones en favor o en contra de las 35 horas de debate "esirictamente político", un análisis compartido por el que fue aspirante a la candidatura socialista para las presidenciales de 1995, Henri Emmanuelli. Según él, "asistimos a los primeros y muy perversos efectos de las primarias. Manuel Valls hará todo lo posible para que se hable de él". "Si de verdad está en esa línea, hará falta que hable con Sarkozy, pero no en el Partido Socialista".

En torno a las 35 horas se ha disputado el primer asalto de la precampaña de las elecciones primarias. En él destacó la voz en contra de lo propuesto por Valls de la también candidata a la candidatura del PS, Ségolène Royal. Su excompañero sentimental y exprimer secretario del PS, François Hollande, trató de desmarcarse en calidad de posible aspirante prefiriendo las "propuestas para el empleo". Esta postura se entiende en gran parte porque los servicios de estadística del Ministerio de Trabajo apuntan en sus últimos informes a que la mayoría de los asalariados trabajan más que ese mínimo legal. Entre tanto, al socialista favorito de los sondeos, el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Khan, no se le ha visto posicionarse recientemente sobre la cuestión -aunque en su día defendió la medida creada por Aubry-.

Más allá de las posturas de unos y otros, se constata que el "PS no lo tiene claro en materia de las 35 horas", ha indicado al diario de centro-derecha Le Figaro el diputado exroyalista Julien Dray, quien ha subrayado que su partido ha estado siempre entre "asumir totalmente" y "una actitud de vergüenza" respecto a ese régimen laboral. En declaraciones a EL Siglo, Philippe Thureau-Dangin, director y editorialista del semanario progresista Courier International, destaca que el PS ha demostrado en el nuevo debate sobre la semana laboral que "no se puede discutir de asuntos de este tipo dentro del partido, porque no quieren abrir las ventanas y ver cómo está el mundo".

La actitud política actual del PS fue objeto de una reciente portada de la publicación de Thureau-Dangin en la que se preguntaba al lector si el partido de la rosa, junto al resto de formaciones progresistas de Francia, eran los más "tontos del mundo". "La expresión se aplicó primero a la derecha en los años 70, al final de los años de Charles De Gaulle, pero me pareció que la izquierda de Francia ahora está un poco tonta porque tiene el camino libre para tomar el poder, pero no se pone de acuerdo ni sobre las ideas, ni sobre el programa, ni sobre un líder", explica este periodista, que no oculta su "pena" por la situación en la que se encuentra el PS, que parece incapaz de convertir la impopularidad de Sarkozy en un victorioso horizonte pava 2012.

Aún así, Noèline Castagnez, historiadora y especialista de la izquierda francesa en la Universidad de Orleans, recuerda que el principal partido de la oposición ha vivido peores momentos en el pasado. Por ejemplo, "cuando Alain Savary no lograba convencer hasta que perdió ante Français Mitterrand en el Congreso de Épinay", en 1971, dice Castagnez a Et Siglo. Lo que ocurre es que conforme se aproximan las elecciones presidenciales de 2012 más parecen evidenciarse los problemas que plantea al PS la presidencialización de la política francesa. "La presidencialización del régimen está modificando las prácticas del partido ya que es necesario tener un líder capaz de medirse al sufragio universal directo y que sume votos por su personalidad y su carisma. Esto va en contra del PS, porque desde el momento de su creación, en 1905, la formación es la unión de federaciones", analiza la historiadora, segura de la excepción que supone un líder como François Mitterrand para el socialismo galo.

A esta aparente incapacidad del partido para amoldarse a las instituciones de la República -salvo durante los dos mandatos de Mitterrand- se opone un enorme trabajo intelectual que lamentablemente no dejan ver los egos del PS. "Decir que el PS es la izquierda más tonta del mundo es excesivo, hay muchos cerebros que trabajan para el partido socialista, pero esto no interesa a los medios", abunda Castagnez. Entre los diversos think tanks de la izquierda, destacan la Fundación Jean Jaurès, Terra Nova, o el Laboratorio de Ideas del PS, que desarrollan una labor de pensamiento político progresista. Según concluye la historiadora, el partido ha logrado "reconciliarse con los intelectuales", pero "hay un problema de imagen; porque siempre sobresale lo mismo, el que algunos tratan de ponerse por encima del resto, como cuando Manuel Valls soltó su frase sobre las35 horas, "y luego Benoit Hammon le corrigió".


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