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Nº 910 - 24/1/ 2011
Aznar, líder de la extrema derecha

por Santiago Carrillo

A medida que pasan los días José María Aznar se afirma como el líder de la extrema derecha española, con voluntad de mantener al conjunto del PP bajo su influencia. Cada vez aparece más frecuentemente en los medios de comunicación, dictando doctrina y haciendo sombra a Rajoy. Casi ha dejado a su izquierda a su padre político, su maestro, el hombre que le sacó de la nada con su dedo todopoderoso, corno hizo él luego con el actual líder oficial del PP.

La verdad es que a muchos nos ha costado tiempo tomarle en serio. Le veíamos más bien como un pequeño personaje, el que tan pronto parecía asumir la personalidad de un discípulo de don Manuel Azaña como volvía a ser él mismo, vale decir: poca cosa. La invasión de Iraq fue la oportunidad para que Bush descubriera en el un alma gemela y se espatarraran juntos en el Despacho Oval, ante los fotógrafos; cosa que lc hizo conocido en todo el planeta.

Aunque esa relación no podía mejorar sus cualidades intelectuales y políticas, le proporcionó un aplomo útil, por ejemplo en el uso del inglés en conferencias a los norteamericanos, que no sé si éstos consiguieron comprender, pero que en cualquier caso a los ultraderechistas de la España interior les procuró la ilusión de tener un líder de talla universal. Conocieron con orgullo que Murdoch, ese fabuloso hacedor de la opinión mundial, le fichara para sus Consejos de Administración, ejemplo que luego han seguido otras grandes empresas, convirtiéndolo además en un hombre pudiente, tantos éxitos le han animado a perseverar y últimamente se ha empleado a fondo en lo suyo. Como el sistema financiero global ha decidido que la crisis es una oportunidad óptima para acabar con el Estado del Bienestar en Europa, ha tomado el asunto en sus manos, corrigiendo los rodeos de sus correligionarios Rajoy y Arenas, que perseguían lo mismo, sin atreverse a proponerlo, haciéndoles ver que en este tema hay que ir por derecho sin disimular las intenciones. Así, en unas declaraciones recientes (que no fueron muy jaleadas por los medios de comunicación) dictaminó que España no podría continuar sosteniendo el Estado del Bienestar.

Más tarde ha añadido cosas de la misma gravedad. En primer término aseguró que España era ya un país "intervenido" de hecho y que lo único que faltaba era saber si lo sería de "derecho", pues había llegado económicamente a una situación extrema. Con estas palabras atizaba directamente la desconfianza de los mercados y socavaba la lucha del

Gobierno frente a éstos. No conozco que el PP se haya desmarcado de esta posición que va en su táctica de "cuanto peor mejor, pues más pronto estaremos en el Gobierno". El vicepresidente Rubalcaba sí criticó, dolorido, esta deslealtad.

Pero además, José María Aznar hizo otra afirmación categórica: no es posible seguir sosteniendo el Estado de la Autonomías y en relación con esto, aludiendo a la política que él mismo hizo cuando gobernó, añadió que no había que repetir los acuerdos con los nacionalistas periféricos. Dio a entender que cuando el PP gobierne de nuevo las tareas serán tan serias que no habrá tiempo para negociar en el Parlamento. Estas actitudes son más preocupantes si se recuerda que, pese a que la Constitución sólo da poderes al Parlamento para declarar la guerra, decidió por su cuenta unirse a la de Iraq, y cuando alguien le recordó esta obligación le respondió despectivamente que como tenía mayoría absoluta no era indispensable.

Lo más grave es que las declaraciones de José María Aznar trazan al PP, en el caso de que gane las elecciones, un programa de Gobierno claramente anticonstitucional, pues tanto el Estado del Bienestar como el Estado de las Autonomías son dos pilares fundamentales de nuestra Constitución a la vez que dos conquistas irrenunciables para los pueblos de España.

Ello indica la importancia que van a tener las próximas elecciones. Si las ganara un PP que hasta ahora ha recibido estas declaraciones de Aznar con aplausos, el resultado sería un grave retroceso en relación con la Transición democrática, una vuelta atrás muy grande. Podría resultar el fracaso de la reconciliación de los españoles.

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