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Nº 903
22/11/2010


¿Cosas 'veredes', Mío Cid?


Julián Santamaría, uno de los más reputados magos demoscópicos, declaró a EL SIGLO, hace una semana, lo siguiente: "Una de las incógnitas es la de si CiU tendrá una mayoría suficiente para gobernar en solitario." He aquí probablemente la clave de las elecciones catalanas, convertidas, por otra parte, en un termómetro muy significativo de cómo se encuentra la situación política en el conjunto de España, a seis meses de los comicios municipales y autonómicos y a un año y tres meses de las generales.

La victoria de Artur Mas parece inexorable. Pero conviene no olvidar que, por dos veces consecutivas, los triunfos de CiU acabaron siendo inútiles a la hora de formar Gobierno, como consecuencia de los pactos entre los tres partidos de izquierda. En esta ocasión, sin embargo, cuenta además con la ventaja de que –salvo sorpresas poco previsibles– el tripartito ha llegado a su estación término. La coalición del PSC, ERC e ICV no ha funcionado como un bloque cohesionado, sino como el ejército de Pancho Villa, cada cual a su bola.

Su imagen está bajo mínimos, aunque su labor gubernamental, si se analiza con detenimiento y objetividad, ha sido más que positiva. Le ha ocurrido al tripartito que el ruido demoledor de asuntos laberínticos, como el Estatuto o las consultas independentistas y, por descontado, el aparatoso barullo del nacionalismo español –inasequible al desaliento– han impedido escuchar el sonido de un Gobierno sólido, eficaz y con innegable sensibilidad social.

Es obligado tener en cuenta que el Gobierno Montilla ha sufrido y sigue sufriendo –como todos– el asedio de la crisis financiera y económica internacional. Según se observa en numerosos países europeos y ha podido también comprobarse con nitidez en las recientes elecciones parlamentarias de EE UU, éstos noson buenos tiempos para la lírica gubernamental. Los ciudadanos lógicamente andan rebotados, angustiados y sumidos en la incertidumbre. En términos ideológicos, el clima actual no favorece a la izquierda y, en cambio, potencia a la derecha o, mejor dicho, a esa tendencia derechista inquietante que conduce a la extrema derecha.

La apuesta por remover sin complejos las aguas de la inmigración la está practicando el PP catalán, reforzado por la constante presencia in situ de Mariano Rajoy. Alicia Sánchez-Camacho y los cachorros de las Nuevas Generaciones han creado un videojuego cuyo divertimento pasa por eliminar inmigrantes. Los populares coinciden en el capítulo de los inmigrantes, electoralmente tan fructífero, con CiU. Conocemos ahora los tics xenófobos del líder democristiano Josep Antoni Duran i Lleida, que considera preocupante que en Cataluña haya cada vez más niños nacidos de madres inmigrantes.

¿Podrá gobernar CiU en solitario? Dispone de dos posibles aliados. Por una parte, ERC. Por la otra, el PP. Jordi Pujol consiguió gobernar en 1980, en las primeras elecciones catalanas, merced a la ayuda del entonces líder de Esquerra, Heribert Barrera. Le auxilió, asimismo, la UCD de Cataluña. Casi dos décadas después Pujol continuó gobernando gracias al apoyo del PP capitaneado por José María Aznar. Luego vino el tripartito y siete años de oposición con Mas de candidato.

José Montilla tiene difícil, por no decir casi imposible, repetir como presidente de la Generalitat, aunque cosas veredes Mío Cid. ¿Veremos un Gobierno de gran coalición entre CiU y PSC? No hay que descartarlo. En 1980 –antes de pactar con ERC y con UCD–, Pujol ofreció a los socialistas gobernar juntos, pero acabaron diciendo que no. Treinta años después nada está escrito y las municipales –¡ojo con Barcelona!– están a la vuelta de la esquina.

*Director de El Plural

 
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