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Internacional  
Nº 902
15/11/2010
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La muerte de Néstor Kirchner parece dotar de nueva mística al Gobierno

CRISTINA FERNÁNDEZ SE PREPARA PARA LA REELECCIÓN


Tras la sorpresiva muerte de Néstor Kirchner y de las masivas muestras de apoyo y afecto que recibió la presidenta Cristina Fernández, la mandataria no dejó pasar mucho tiempo antes de retomar la iniciativa política. Las multitudinarias manifestaciones descolocaron a gran parte de la oposición argentina y desde la Casa Rosada se estima que no es tiempo de echarse a dormir.

Por Felipe Ramírez (Buenos Aires)

Se estima que en total fueron unas 200.000 personas las que se acercaron a la casa de gobierno para rendir sus respetos al ex presidente. Fueron tres días de fuertes emociones e imágenes conmovedoras que dieron la vuelta al mundo, como el sentido abrazo de la presidenta con sus colegas Hugo Chávez y Lula da Silva. En el salón de los Patriotas Latinoamericanos se vio que los jefes de Estado de Venezuela y Brasil habían viajado no a dar sus condolencias a la mandataria de un país vecino: estaban allí para apoyar a una amiga, y Chávez y Lula lo probaron con sus lágrimas y emoción.

Después del funeral, mientras la presidenta se recluía en la sureña ciudad de Río Gallegos, los editorialistas del domingo comenzaban a poner las pautas para lo que vendría. Los medios proclives al Gobierno anunciaban que, gracias al apoyo obtenido en los días previos, la presidenta profundizaría el modelo de gobierno llevado a cabo durante los últimos siete años. Fortalecida, daban por descontado que Cristina Fernández sería la encargada de liderar la campaña electoral el año que viene en la búsqueda de su propia reelección. "Nunca más, nunca menos", repetían. Por su parte, los medios opositores, que se habían visto obligados a reconocer algunos logros de la presidencia de Kirchner (la reforma a la Corte Suprema de Justicia, la política de derechos humanos, el pago de la deuda al FMI), evidenciaban más una expresión de deseo que otra cosa al hacer llamados a "terminar con la confrontación" y "trabajar consensos".

Su lema, Terminar con la crispación, fue utilizado en breve por programas de televisión y medios pro K, que en un rápido juego de palabras llamaban a trabajar junto a "Cris-pasión".

El pasado lunes, a poco menos de una semana del deceso, una cadena nacional emitió el saludo de Cristina Fernández a los miles de argentinos que la habían acompañado en los días previos. La presidenta dijo que no se trataba del momento más difícil de su vida, como muchos habían escrito. Para ella era "su mayor dolor". A pesar de ello –y apenas aguantando las lágrimas– se comprometió a continuar con la labor iniciada juntoa su esposo en 2003 y que ella encabeza desde hace tres años.

Se mostró humana, cercana, rompiendo con una barrera de maneras que levanta rechazo sobre todo en las clases medias. En los días siguientes cumplió cabalmente con la agenda que tenía preparada, haciendo dos apariciones públicas en el interior del país. Ante una multitud en la provincia de Córdoba, dijo que "Néstor caminaba entre la gente", al tiempo que invitaba a la juventud a participar e involucrarse en el proyecto oficialista. Si hay un hecho innegable es que el Gobierno recuperó una mística que necesitaba con urgencia de cara al 2011 electoral.

Antes de la muerte de Kirchner, tanto él como Cristina Fernández aparecían liderando las encuestas de cara a octubre de 2011 con una intención de voto de alrededor del 35 por ciento. Ahora sería casi un 50 poi ciento de los votantes quienes sufragaríar por Cristina, aumentando considerablemente las posibilidades de ganar en primera vuelta, sobre todo porque sus posibles contrin. cantes no superan el 15 por ciento de in. tención de voto. La revisión positiva de gran. des caballos de batalla del Gobierno que hasta ahora eran pintados por sus opositores como simples sembradíos de discordia –co. mo la nueva ley de medios o la estatizaciór de los fondos privados de pensiones–, har desnudado algunas estrategias opositoras y
servido para que los críticos de izquierda adviertan que son más las cosas que los unen que las que los separan del Gobierno.

Hoy es difícil la posición de los medios opositores: tratar de pegarle a un muerto o a una viuda sin quedar mal parados ante la sociedad. Si tuviéramos que elegir una sola palabra para definir la estrategia de las fuerzas políticas que podrían aspirar a suceder a Fernández la palabra sería desorientación.

De ahora en adelante, el gobierno apunta a mantener la cabeza fría y aspirar a un equilibrio que le permita profundizar su proceso de reformas de centro izquierda y al mismo tiempo no alejarse de esa clase media que se acercó en las horas de dolor de la presidenta, que votó por ella en 2007 pero a la que ha costado reencantar desde el conflicto con los productores agropecuarios al poco tiempo de asumir el cargo. Las probabilidades de que alguien distinto a Cristina encabece la fórmula oficial en 2011 son inverosímiles, por lo que si la presidenta supera algunos desafíos políticos y económicos particulares, nada debería separarla de una estadía en la Casa Rosada hasta 2015.

Políticamente, el oficialismo apuntará a fortalecer el papel de los miles de jóvenes que en los días posteriores a la muerte de Kirchner se hicieron presentes apoyando a la presidenta, y que tiñeron al proyecto oficial de una mística renovada entre quienes apoyanal gobierno, quienes ven en los jóvenes la continuidad del gobierno. Por otro lado y un poco en las sombras, la presidente deberá ocupar un espacio que su marido dejó vacante en el manejo de los hilos políticos dentro de los complejos aparatos del Partido Justicialista y sus poderosos aliados de la Central General de Trabajadores, que Kirchner controlaba con precisión de cirujano.

En el área económica el principal desafío es controlar una inflación que no sólo mina los bolsillos de las clases medias y bajas, sino que sirve como comodín para las críticas de la oposición. La dificultad de controlar el crecimiento de los precios en un marco de expansión y aumento sin pausas de la actividad productiva y el consumo ha sido desde finales de la administración de Kirchner un dolor de cabeza para los técnicos del gobierno. En la macro, el ministro de Economía, Amado Boudou, ya adelantó que las conversaciones para llegar a un acuerdo por la deuda de 6.500 millones de dólares que se mantiene con el Club de París desde la suspensión de pagos de diciembre 2001 están muy avanzadas, lo que podría ser la guinda del pastel hacia fines de este año. "Con el Club de París estamos negociando sin el FMI en el medio. Ellos quieren que le paguemos la deuda en un año. Nosotros propusimos pagar en cinco, pero en ese caso nos pide el FMI que no aceptemos. El objetivo es que en 2011 cerremos la negociación y así con el Gobierno de Cristina quedará regularizada la totalidad de la deuda pública argentina", dijo Boudou en una entrevista con el diario Página 12, ratificando la continuidad del plan trazado con anterioridad a la muerte de Kirchner. De 2003 a la fecha, Argentina ha bajado a menos de la mitad el ratio del Producto Interior Bruto incluido en el presupuesto nacional para pagar la deuda externa, destinando esas partidas a otras áreas. Al asumir Kirchner, el cinco por ciento del PIB iba para la deuda y un dos por ciento para educación. Hoy es al revés.

De todos modos, el manejo económico no tendría por qué cambiar su paradigma más importante durante el proceso que comenzó en 2003, y cuyo fundamento ha sido poner la economía al servicio de la política y no al revés. Se llevaron a cabo movimientos como la estatización de los fondos de pensiones o de Aerolíneas Argentinas, o el énfasis en fomentar el crecimiento económico a partir del fortalecimiento de la industria local y el mercado interno. Una tarea pendiente podría ser una intervención en la producción agropecuaria, que de alguna forma pasa por desincentivar la producción basada en el monocultivo de soya para exportar al mercado asiático. Sería suicida hacerlo antes de las elecciones. Cuando en 2008 se hizo el intento a través del aumento de los impuestos a las exportaciones, la recién asumida presidenta sufrió uno de sus mayores reveses políticos. Esto terminó con la temprana e insólita ruptura con su vicepresidente, Julio Cobos, quien no apoyó la iniciativa en el Senado, donde la Constitución argentina dice es él el presidente y encargado de desequilibrar la votación en caso de desempate. Cobos votó con la oposición.

Para la oposición no es tarea fácil. Dividida en cuatro partes, por historia y convicciones actuales es improbable que llegue unificada a octubre del año que viene. Los medios opositores, encabezados por el Grupo Clarín, han gastado ríos y ríos de tinta en llamadas al consenso cuya letra chica en el fondo pide al Gobierno echar marcha atrás en muchas de sus iniciativas. Aunque su primer impulso tras la muerte de Kirchner fue tratar de dibujar a la presidenta como una figura débil y desorientada que pedía ayuda, la iniciativa del Gobierno los ha dejado bastante a la deriva.

Saben que no será fácil. De aquí a fin de año será difícil armar una contraofensiva que no despierte la antipatía de los votantes. Y después del receso político del verano austral (durante enero y febrero), en marzo de 2011 se cumplen 35 años del golpe militar de 1976. En esa fecha Cristina Fernández sacará a relucir sus laureles respecto de la política de derechos humanos, un tema muy sensible en la sociedad argentina que sin duda subirá aún más los bonos de la ahora viuda mandataria.

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