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Nº 898 - 18 /10/ 2010

Moncho Alpuente, periodista, escritor y cantante

"SOY CAMALEÓN FLEXIBLE"

Ramón [Moncho] Alpuente Mas (Madrid, 1949) es periodista, escritor, compositor, cantante, autor teatral y cronista de la Villa y Corte de Madrid, por antonomasia. Hace años que publica una columna costumbrista en la edición madrileña del diario El País. Tiene publicados 18 libros, sin contar antologías, recopilaciones y colaboraciones. En esta entrevista concedida en Madrid, Alpuente confiesa: "Madrid me mata de amor y desamor".

Por Jairo Máximo

Sabe quién es?
—Sí. Soy cambiante. Hay cosas de mí a estas alturas de la vida que me sorprenden.
—¿Camaleón?
—Sí. Y bastante flexible. Nada dogmático. Pero he cambiado muy poco mis ideas.
—¿Descubriéndose continuamente?
—Sí. Lo peor que puede ocurrirme es saber lo que va pasar mañana. Paso olímpicamente de la seguridad. El motor de la vida es la curiosidad.
—¿Es madrileño gato [familia cuyos orígenes son de Madrid]?
—Sí. Totalmente.
—¿Puedo llamarle a usted "cronista oficial" de la Villa y Corte de Madrid, por excelencia?
—Sí. Pero no soy el cronista oficial porque el Partido Popular, de Álvarez del Manzano, ex alcalde, no lo quiso. Fui candidato a serlo el mismo año en el que proponían al periodista y escritor Luis Carandell (1929-2002). Manzano nos lo quitó. Soy mucho más cronista de la Villa y Corte de Madrid que la mayor parte de los cronistas oficiales. Llevo años escribiendo semanalmente sobre el mismo tema: Madrid. Ahora, a mí tampoco me interesa mucho el título oficial, porque que te den o que no te den, no significa que no lo sea.
—¿Cuando era niño fue monaguillo?
—Sí. Y uno de los buenos. Me gustaba el latín y tenía unas ventajas complementarias: poder beber el vino y comer los recortes de las hostias. He pasado quince años de mi vida en colegios de curas que me han hecho salir absolutamente agnóstico. No me gusta ser beligerante. La gente puede tener las ideas religiosas que quiera.
—¿Y los curas llegaron a abusar de ti?
—No. Qué va... Lo que sí recuerdo es que cuando tenía doce años un día dije a mi madre que me pusiera pantalones largos. Si tú llevabas pantalones cortos los curas te metían mano. No sabía entonces lo que era un pederasta. Sabía que era un señor que le gustaban los chiquillos guapitos, blanquitos, rubitos y de ojos azules.
—¿No tenía el perfil deseado?
—Sí. Estuve también en un internado, donde descubrí no sólo casos de pederastia, sino casos de sadismo sexual. De curas que hacían tortura sexual. Esto lo he visto en un internado del que me escapé, en Segovia.
No me escapé por problemas sexuales. Venía de Madrid y era un niño blandito. Fue allí donde me espabilé muchísimo para protegerme. Una cosa que todos sabíamos que ocurría allí era que cuando un cura empezaba a tener mala fama, se lo llevaban inmediatamente. Al cabo de un tiempo, descubrías que lo habían enviado a otra comunidad eclesiástica, para continuar trabajando con los niños. Esto no ha cambiado nunca. Seguía rotando. Lo que había hecho en Madrid, proseguía haciéndolo en Valladolid, Bilbao, Barcelona y otras provincias. Hasta
que hacía demasiado y le apartaban. Les metían en una casa de pederastas, que ha habido siempre. No eran delincuentes, pero estaban al margen de la Justicia. Con Franco tenían este privilegio: los asuntos de la Iglesia se solucionaban entre ellos.
—¿Sentía desasosiego?
—Sí. Este desasosiego para mi formaciór fue interesante porque me hizo poner en du da todo. Absolutamente todo.
—¿Cuándo encontró el periodismo?
—A los nueve años empecé a escribir. A los diez hacía una pequeña revista, en papel higiénico, el único papel que tenía a la mano, y la distribuía en casa. En el colegio me conocían como el poeta majareta, el poeta loco.
—¿Cómo se da el encuentro de la palabra y la música en su obra artística?
—La música la empecé por las letras. A los trece empecé a dedicarme a escribir canciones y cantarlas. A los diecisiete monté mí primer grupo de corte satírico: Las madres del cordero.
—¿Se considera artista?
—Sí. Todavía sigo cantando. Sigo componiendo. Hoy en día menos porque canto menos. Han bajado mucho los cachés. Muchos no me contratan porque soy conflictivo. Mis canciones tienen que ver mucho con el mundo del periodismo y la actualidad. Son canciones de usar y tirar. Son crónicas humorísticas de actualidad.
—¿Tiene dificultad para escribir una crónica?
—No. Lo que necesito es tiempo. Por ejemplo, mi crónica de El País, si quiero hacerla bien, necesito dos horas para escribir setenta líneas. Pese a que es una tarea cotidiana, doy muchas vueltas para hacerla. Para las cosas de Madrid utilizo muchos libros.
—De los 18 libros que tiene publicados, ¿Cuáles me recomienda?
—¿Yo? Bien... Hay tres que son fundamentales para mí porque son tres ajustes de cuentas. Con Franco. Con la religión. Con la historia. Están relacionados con mi infancia y juventud. Con lo que ha sido mi vida.
—¿Cuáles?
Hablando francamente (1990), una biografía satírica muy bien documentada del dictador Franco. Versos sabáticos (1991), un repaso del Antiguo Testamento, contando lo que era el Antiguo Testamento cuando estaba prohibido leerlo a gente que no fuera de la propia Iglesia. Grandezas de España, la historia más grande jamás contada con menos escrúpulos (2000); un repaso de cómo nos contaban la historia en los libros de historia, y de cómo era en realidad. Es el desmontar algunos de nuestros mitos.
—¿Qué piensa del periodismo actual hecho en España?
—¿En comparación con qué?
—En líneas generales...
—Todos los periodistas son de derechas. Todo lo que es una gran empresa es de derechas.
—¡Hombre! Va a perder su trabajo fijo en el diario El País...
—Es por eso que he pasado de trabajar fijo en redacciones a ser colaborador. Todo lo que es una gran empresa es de derechas, porque una empresa siempre tendrá por encima de todo la preservación de la propia empresa.
—¡Arriba! ¡Intereses propios!
—Sí. Y por supuesto, por encima de los intereses de sus trabajadores. Lo que sí que creo,evidentemente, es que hay mucha más libertad de expresión de la que había antes. Lo que ha cambiado es la manera de censurar. Siempre digo que en España se puede meter con la monarquía, con los jueces, con los gobiernos, etc. Quizás tendrás tus problemas... Sin embargo, no te puedes meter jamás con El Corte Inglés. Esto esta clarísimo.
—¿Y ni con el banco Santander?
—Ese también es intocable. Sé que mañana no voy a publicar un artículo en El País metiéndome con Emilio Botín. Eso sí lo aprendí. Un día, un capo de la prensa me dijo: "en el periódico hay dos tipos de gente: los trabajadores y los cómplices". Le contesté: "Trabajador, no soy, porque vosotros me explotáis. Cómplice, tampoco, porque no puedo serlo como colaborador".
—¿Ya ha sido censurado en El País?
—No.
—¿Qué es peor: la censura o la autocensura?
—La censura, porque en la autocensura tú puedes mantener un límite. No soy idiota para publicar un artículo en El País metiéndome con la familia Polanco. Sólo escribo libremente en el periódico de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), donde tengo una columna. Ahora, supongo, que si un día me meto con ellos, me censurarían.
—¿Qué es lo excelso y lo feo de la ciudad de Madrid?
—Lo excelso es que tú llegas a ella y al segundo día entras en un bar y el camarero te pregunta: ¿lo de siempre? Lo feo ha sido siempre sus gobernantes; siempre.
—¿Cómo ve Madrid con tanta obra?
—Bueno, es eterno... Ya era un tópico en el siglo XIX. Lo que me preocupa es lo que hay por detrás de determinadas obras: la especulación. Aparte también de este actual afán recaudatorio: tasa de basuras, de aparcamiento... Hasta están alquilando todas sus plazas. Las han convertido en lugar de paso. Eso sí me preocupa. Manuel Fraga, cuando era ministro del Interior, decía: "La calle es mía". Todo mundo se siente en posesión de la calle cuando se gobierna algo.
—¿Ha tenido alguna desavenencia con Esperanza Aguirre, la lideresa, su vecina y presidenta de la Comunidad?
—Tengo un lío con ella todas las semanas porque publico un artículo metiéndome con ella. Ella cuando me ve en la calle me llama de "mi vecino". Y me besa. La conozco desde cuando era novia del marqués, cuando todavía no vivía aquí en mi barrio. Antes ella me invitaba todos los años, actualmente ya no, para cenar en su casa. Nunca he ido. Es una cena de periodistas que escriben sobre Madrid.
—¿Qué piensa de la corrupción?
—Que es tan antigua como la política. En España se parece cada vez más a Italia. Si antes era una corrupción política de grandes caciques, que pagaban por los votos, ahora es más de sociedad anónima. Donde hay dinero hay corrupción. Donde hay urbanismo hay corrupción. Siempre ha sido así.
—Walter Benjamin (1892-1940) escribió: "La memoria abre expedientes que el derecho considera archivados". ¿Tiene razón?
—Toda la del mundo. Además, es justamente el momento en que tendríamos que colocar esta frase en carteles por todas las ciudades de España.
—¿Es la guerra una mierda?
—Siempre ha sido. Siempre lo será. Siempre la habrá.

 
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