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Internacional
Nº 896
4/10/2010
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El Eliseo remueve la imagen internacional de Francia

SARKOZY, DE HÉROE A VILLANO EN EUROPA


Mucho ha llovido en Francia y en Europa como para acordarse de que la presidencia del Consejo Europeo que lideró en 2008 el jefe de Estado galo, Nicolas Sarkozy, reforzó su imagen de líder internacional. Ahora, ni a Francia y ni a Sarkozy se les puede identificar con ninguna forma de liderazgo mundial. En la última reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, el inquilino del Eliseo se enzarzó con la Comisión. La trifulca puso de relieve la crisis que viven París y Bruselas y que los desafíos del presidente no parecen estar en el Viejo Continente, sino en su patio interior, precisamente donde se desarrollan sus políticas más polémicas.

PorSalvador Martínez (París)

Pobre Francia! En el extranjero, tu imagen se degrada", se leía recientemente en la portada del Courrier International, un semanario que colecta artículos de la prensa de todo el mundo. Con esos términos se aludía a un contenido que mostraba, con imágenes y textos estadounidenses, ingleses, italianos, alemanes, españoles y, por su puesto, rumanos, lo mal vista que está la República francesa, dada la actualidad política que viene protagonizando Sarkozy. En una entrevista con EL SiGLO, Claude Rabinovitch, filósofo y sociólogo del Centro de Investigaciones de Sentido, Ética y Sociedad de la Universidad de París-Descartes (Cerses, por sus siglas en francés, ndlr.), señala que la prensa en Francia, "es de opinión" y, como tal, "tiende a sustituir a los partidos políticos" para poder echar un "pulso al poder político". Pero según lo recogido por Courrier International, esa actitud se extiende a buena parte de la prensa en Europa, pues no pocos se han levantado con artículos críticos sobre las polémicas propuestas de Sarkozy, especialmente las que tocan a los gitanos rumanos y búlgaros en situación irregular. Esas medidas, y la dirección que están tomado sus reformas le valieron al jefe de Estado el famoso fotomontaje de la ya célebre portada de The Economist, en la que se veía al presidente encogido y tapado hasta las piernas por un sombrero de Napoleón. El influyente semanario británico acompañaba la impactante imagen con el título: "El increíble presidente menguante".

Sin embargo, y por fortuna, no sólo la prensa se atreve a echar un pulso a Sarkozy. Porque la Comisión Europea ha salido respondona cuando se trata de abordar el tema de los cíngaros europeos repatriados por ocupar ilegalmente suelo francés. Ahí están las palabras de la luxemburguesa Vivian Reding, comisaria de Justicia y vicepresidenta de la institución que dirige Jose Durao Barroso. "Me consternó una situación en la que me ha dado la impresión de que un grupo de personas era expulsado de un Estado miembro sólo porque pertenecían a una minoría étnica. Ésta es una situación que pensé que Europa no tendría que vivir de nuevo tras la Segunda Guerra Mundial", dijo Reding a dos días del inicio de la última cita que ha tenido el Consejo Europeo en Bruselas. Además de esas palabras, incluidas en una intervención en la que se apuntaba el deseo de Reding de iniciar un procedimiento de infracción contra Francia por su polémica política contra los gitanos, la vicepresidenta de la Comisión calificó de "deshonra" los planes de limpiar de cíngaros sin papeles el territorio francés.

En su alocución, Reding empleó el término "disgrace" -"deshonra" en inglés, ndlr.- y pese a que en la copia francesa de la intervención, accesible en la página web de la comisaria, se lee "honte" -"vergüenza", ndlr - Sarkozy, y hasta el propio José Luis Rodríguez Zapatero, pusieron en boca de la luxemburguesa el calificativo "asquerosa".

El segundo lo hizo ante las cámaras de televisión, pero el francés se llevó el tema al ámbito de lo privado. Tanto es así que echó en cara ese lenguaje a Barroso en la comida a puerta cerrada que tuvieron los jefes de Estado y de gobierno en el último Consejo Europeo. Los medios franceses han reproducido con pelos y señales, especialmente el diario Le Monde, ese conflictivo encuentro gastronómico y político, en el que Sarkozy se rasgó las vestiduras. "Yo no digo a la Comisión lo que es asqueroso. Y en Francia, detrás de las palabras Segunda Guerra Mundial', todo el mundo entiende lo que pasó a los judíos. Es lo nunca visto que una vicepresidenta de la Comisión haga esos comentarios", afirmó enfadadísimo el jefe de Estado galo, que precisó que viajó a Bruselas "sólo" porque Reding "pidió perdón" por sus palabras, según desvelaba el periódico vespertino el pasado martes.

No pocos jefes de gobierno europeos manifestaron su solidaridad con Sarkzoy frente a las excesivas palabras de Reding, que aludió a una situación de la historia del viejo continente que no tiene nada que ver con la de los gitanos en Francia, por mucha discriminación que haya habido. Según estima en declaraciones a EL SIGLO Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman, think tank parisiense dedicado a las cuestiones europeas, Sarkozy "tal vez que fue demasiado lejos diciendo lo que pensaba, desafiando claramente a la Comisión". Sobre todo, porque "a Francia la han pillado cometiendo un error y le han llamado la atención", dice, aludiendo a "las expulsiones de gitanos susceptibles de no estar conformes con el derecho europeo". El principal error en la materia del Ejecutivo francés fue no tener constancia, ni el jefe de Estado, ni el ministro del Interior, Brice Hortefeux, ni el de Inmigración, Éric Besson, de la existencia de una circular del pasado 5 de agosto en la que se daba prioridad al desmantelamiento de campamentos ilegales de gitanos en suelo galo. El texto, revelado por un periódico de Internet afincado en Nantes, fue firmado por el director de gabinete del titular de Interior y enviado a los prefectos para guiar su acción. Hubo que esperar hasta el 13 de septiembre para que Hortefeux cambiara la circular por otra que pusiera fin a los "malentendidos", eliminando la alusión a los cíngaros. Pero la modificación en sí señaló que durante más de un mes se reunieron en Francia elementos suficientes para que hubiera discriminaciones en la gestión del Estado, lo que desató las críticas de la comisaria Reding.

Posteriormente, Sarkozy ha podido enfurecerse y exigir que la luxemburguesa pidiera perdón, pero lo cierto es que "a nivel europeo", lo ocurrido en Bruselas "afecta negativamente" al Eliseo, señala Giuliani. El problema de Sarkozy es que, como indica este experto en cuestiones europeas, el presidente francés está "en un periodo preelectoral" y está muy concentrado en las cuestiones de política interna. "Los dos primeros años de mandato se dedicó mucho a la agenda europea, ahora un poco menos, aunque los temas internacionales estarán presentes al final del mismo, incluso si él no lo quiere", subraya el presidente del think tank europeísta.

Desde la Fundación Robert Schuman se apunta que no faltan temas internacionales que pueden servir al jefe de Estado francés para relanzarse, como hiciera en el verano de 2008, en el que puso paz en la guerra entre Rusia y Georgia, en el Cáucaso, con una hoja de ruta hacia la paz que llevó su apellido, el Plan Medvedev-Sarkozy. Asuntos como Irán, el terrorismo, las cuestiones de regulación financiera mundial, entre otros, destacan como desafíos que podría explotar Sarkozy para volver a la normalidad internacional. Sin embargo, Giuliani, como otros especialistas, constata que "Sarkozy pone el acento en otros problemas" como "la inseguridad o la inmigración" en Francia, limitando su acción a su país. Esto resulta paradójico, pues en 2011 Francia recoge el testigo de Corea del Sur para presidir y albergar el G-20. Por ello, Dominique Moisi, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), señalaba al International Herald Tribune que "hay una enorme contradicción entre el objetivo de Nicolas Sarkozy de reinventarse a sí mismo en la escena internacional y su objetivo de reinventarse en casa, jugando el juego del electorado de la extrema derecha". Aparentemente, la pócima que se destila de esa extraña búsqueda también ha hecho del inquilino de El Eliseo un "presidente menguante", una expresión con la que The Economist aludía, fundamentalmente, a las concesiones que el jefe de Estado ha hecho en su agenda reformadora. Ésta, pese a que se haya podido maquillar en la últimas fechas, cuenta todavía con puntos, como la ampliación de la edad para la jubilación, que sigue sacando a cientos de miles –y hasta millones– de franceses a la calle para protestar.

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