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Nº 892 - 6 /9/ 2010

Sudáfrica intenta prolongar los réditos del Mundial de fútbol

DEPORTE Y UNIDAD EN EL PAÍS DE MÁNDELA

Quien haya visto la película 'Invictus', de Clint Eastwood, sabe que Sudáfrica fue sede del Mundial de rugby en 1995. Pero además de acoger esa cita, la nación de Nelson Mandela recibió la Copa África de Naciones de fútbol un año después, el torneo planetario de Cricket en 2003 y, por supuesto, la Copa Mundial que ganó 'La Roja' con una histórica victoria el pasado 11 de julio. Para Peter Alegi, profesor de Historia en la Universidad de Michigan (Estados Unidos) y autor de 'African Soccerscapes' (Ed. Hurst, 2010), la obstinación de las autoridades sudafricanas por organizar este tipo de eventos se debe, principalmente, a su voluntad de unir a un pueblo todavía dividido por el 'Apartheid', aunque en el reciente Mundial de fútbol también se ha querido ofrecer al mayor nivel la imagen del país.

Por Salvador Martínez (París)

La victoria de La Roja en el Mundial de Sudáfrica-2010 ha permitido vender como nunca la marca España, un país donde el rojo y gualda de la bandera ha dejado de tener un significado político en beneficio de un nuevo sentido, el del título y la fiesta que trajeron consigo del continente africano los Iker Casillas, Carles Puyol, Xavi Hernández, Andrés In¡esta, David Villa y compañía. Pero en Sudáfrica, precisamente, lo que se buscaba era dar un significado de unidad política y social a la cita planetaria, como ya ocurrió en anteriores torneos organizados a gran escala.

"Hay dos razones políticas para explicar" la insistencia con la que Sudáfrica viene acogiendo este tipo de eventos", sostiene en declaraciones a EL SIGLO Peter Alegi, que disfruta actualmente de una de las prestigiosas becas Fulbright en la Universidad de KwaZaulu-Natal, al este del país africano. "La primera razón tiene que ver con el reconocimiento del deporte en la sociedad sudafricana, especialmente el fútbol, con el que se identifica la mayoría negra del país, es una de las pocas áreas que genera unidad. Es muy difícil en esta sociedad, que todavía está dividida y segregada en clanes pero sobre todo en segmentos raciales, el unirse", dice el autor de African Soccerscapes, libro dedicado a cómo el continente africano ha cambiado el balompié y en el que se presta especial atención al caso sudafricano. "Incluso en la iglesia, no hay zonas en las que la población esté totalmente integrada", apunta, aludiendo a las todavía visibles herencias del Apartheid, que separó a blancos y negros de Sudáfrica desde 1948 hasta 1994, año de las primeras elecciones multirraciales. "Pese a que hay ciertas áreas en algunas ciudades en las que se ve mezcla, como en algunos suburbios de Johannesburgo, sigue habiendo una sociedad segregada", insiste. Tanto es así que "el Gobierno reconoce que, como a los sudafricanos les encanta el deporte, se puede crear una communitas a través de éste, aprovechando que los eventos deportivos con selecciones sacan a relucir el sentimiento patriótico", expone Alegi.

Aunque la victoria de la selección de España en Sudáfrica haya sido vana para calmar la crisis del Estatuto de Cataluña, ni siquiera una victoria en un Mundial del deporte rey puede generar, según este historiador estadounidense, un sentimiento de unidad duradero. Con el deporte, "es todo muy emotivo, y por tanto efímero", señala Alegi. "Los sudafricanos llevaban sus banderas y las camisetas del equipo nacional hace diez días pero ya no se ve a nadie con la equipación de la selección", apunta el autor de African Soccerscapes. Aparentemente, de poco ha servido que el propio Mandela, que cumplió 92 años hace dos domingos, apareciera brevemente en el estadio Soccer City de Johannesburgo, antes de la final del torneo, para saludar a los aficionados a un deporte cuya cita planetaria se organizó en Sudáfrica gracias a él.

El presidente de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), Joseph Blatter, llegó a decir que Mandela "fue la persona que llevó la Copa del Mundo a Sudáfrica", aludiendo a la votación de su organización, mantenida en Zúrich en 2004, y en la que se decidió, en presencia del Premio Nobel, que el país africano organizaría el torneo. Tampoco sirvió para generar unidad de forma duradera que el presidente Jacob Zuma se volcara en hacer declaraciones sobre los efectos positivos del Mundial. "Los beneficios son inestimables. Vimos una unidad destacable, un patriotismo y una solidaridad entre los sudafricanos como nunca antes. Es un buen augurio para la consolidación, la reconciliación y la amistad en nuestro joven país. Tenemos la intención de construir sobre este éxito", dijo Zuma el pasado 6 de julio, haciendo un anticipado balance del torneo, días después de haber manifestado que no veía "por qué no organizar unos Juegos Olímpicos" en Sudáfrica.

Factor geoestratégico. Dando cuenta del interés sudafricano en recibir una cita olímpica, Zuma exponía la otra gran razón para acoger citas deportivas del máximo nivel. Se trata de decir que Sudáfrica es un país "con ambiciones, igual que Corea del Sur o México, equivalentes en la estructura de poder global", y que "pertenece al club de las potencias intermedias", subraya Alegi, aludiendo a un concepto geoestratégico que se identifica con los países que, sin ser superpotencias, tienen cierto peso en el sistema de las relaciones internacionales. "Por eso Polonia y Ucrania organizan la Eurocopa de 2012, Sochi, en Rusia, organiza los Juegos Olímpicos de invierno (en 2014), y Brasil recibe en los próximos años los Juegos Olímpicos y el próximo Mundial de fútbol", agrega.

El factor económico constituye una razón menor para organizar un Mundial, al menos en Sudáfrica, pues quien llenó sus arcas con la venta de los derechos de retransmisión de los partidos y con la firma de contratos con los patrocinadores oficiales fue la FIFA. Ésta se embolsará 3.200 millones de dólares (unos 2.507 millones de euros) con el primer torneo planetario de balompié que ha recibido el continente negro, según las cuentas de Blatter. Por su parte, los organizadores sudafricanos han ingresado 100 millones de dólares por la venta de entradas (78 millones de euros). De ahí que Alegi hable de que en el último Mundial se han "privatizado los beneficios", mientras que se han socializado las monumentales inversiones en estadios, transportes, tribunales especiales para hacer juicios rápidos durante la competición o el aumento del número de policías, que pueden transformarse, todos ellas, en pérdidas. Entre los estadios, la inversión más destacada deltorneo, los situados en Port Elizabeth, Nelspruit, Polokwane, corren el riesgo de convertirse en ruinas, pues no hay espectáculos deportivos de alto nivel que puedan protagonizar sus actores locales, según el investigador italo-estadounidense.

El autor de African Soccerscapes, que preveía con razón en ese volumen que Sudáfrica organizaría con éxito el Mundial, se muestra escéptico sobre las consecuencias económicas de la cita, en la que el país anfitrión se ha gastado la friolera de 6.000 millones de dólares (unos 4.700 millones de euros), sin contar proyectos como el tren que une el aeropuerto de Johannesburgo al centro de la ciudad y que está previsto llegue a Pretoria. "Es mucho dinero, incluso para la mayor economía de África. Después de haber estudiado el caso, se percibe que los sudafricanos sabían que no iban a sacar beneficio de este Mundial desde un punto de vista económico a corto plazo", asevera Alegi, que prefiere hablar de la cita planetaria en la que se impuso España como un "proyecto político", en el que se trataba de vender la marca Sudáfrica y de unir a la que Mandela llamaba "nación del arco iris".

Este último objetivo parece no haberse alcanzado, y el primero tampoco. El Mundial "debía servir para hacer ver que Sudáfrica es un país moderno, democrático, tecnológicamente avanzado, seguro, abierto a los turistas y a los negocios, al contrario que otros países del continente, según lo que piensa mucha gente", dice Alegi, que cree, sin embargo, que la imagen del anfitrión del torneo ha quedado desfigurada tras un mes de competición. Porque más allá de que la FIFA monte su fiesta de cada cuatro años, no en beneficio del fútbol base, sino para lanzar un evento privatizado a escala mundial, y que haya detalles que chirríen como que la canción oficial del primer torneo del globo en África esté interpretada por una colombiana, Shakira, lo peor de la resaca mundialista en Sudáfrica es que se ha reavivado su representación colonial. "La imagen que se ha dado del país en la provincia de KwaZulu-Natal es la del reino zulú, una imagen estereotipada de Sudáfrica, como la que se ha explotado en el Parque Natural Kruger, donde se va a ver la naturaleza y los animales, pero todo esto, que beneficia a cierto sector turístico, también refuerza la imagen colonial que se tiene del país", sentencia Alegi. •

 
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