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Nº 891- 26 de julio de 2010

 

El Mundial arrebata la enseña a la derecha y el Gobierno se la queda

Banderita, tú eres roja…


La Roja ha traído consigo varias primeras veces. La primera vez que la selección de fútbol gana un Mundial, la primera vez que un Gobierno espera sacar rentabilidad del acontecimiento, y la primera vez que ciudadanos de todas las ideologías ondean la bandera de España sin las habituales connotaciones frentistas. Personalidades de la política, el deporte y la cultura se han envuelto en la enseña sin complejos, portándola como un amuleto y confiándole los éxitos que el país necesita ahora que su credibilidad atraviesa sus horas más bajas. El Congreso acaba de aprobar una resolución del Grupo Socialista para impulsar la estrategia de imagen de España en el exterior. Y el Gobierno, eufórico, espera arañar unas décimas de crecimiento arrebatando el uso exclusivo de la rojigualda al Partido Popular.


Por Virginia Miranda

La pasada semana, el Congreso de los Diputados aprobó una de las resoluciones presentadas por el grupo socialista durante el Debate sobre el estado de la Nación. La propuesta sobre el “impulso del sector turístico y estrategia de imagen de España” insta al Ejecutivo a “continuar impulsando la ejecución del Plan del Turismo Español Horizonte 2020” y a seguir también con “la renovación de infraestructuras turísticas mediante el Plan FuturE, en colaboración con el ICO, para facilitar el acceso al crédito por parte de las empresas turísticas, en particular las PYMES”. Asimismo, propone “favorecer la renovación de nuestros destinos turísticos consolidados mediante la ejecución de los Planes de Recualificación de Destinos Turísticos Maduros”, “luchar contra la descentralización de la demanda turística, impulsando el turismo social mediante el programa Turismo Senior Europa”, “continuar favoreciendo la colaboración del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio con entidades públicas y privadas para la mejora de nuestra oferta turística”, “desarrollar una Estrategia de Imagen de España que contribuya a potenciar la oferta turística española en el mercado internacional, que fortalezca la marca España como un referente de eficiencia y modernidad” y “continuar fomentando el conocimiento y la innovación en el sector turístico a través del Centro de innovación e Inteligencia Turística, Intelitur”.

Lo más llamativo de la propuesta es la idea sobre la que se está insistiendo estos últimos días: el fortalecimiento de la marca España. Los socialistas no niegan que el triunfo de ‘la Roja’ en el mundial de fútbol de Sudáfrica haya tenido algo que ver en el impulso que quieren darle a la proyección exterior del país. Gobiernos y mercados internacionales han puesto en entredicho su solvencia y credibilidad financiera y se trata de recuperar la confianza. Y si el éxito del equipo de Vicente del Bosque ha sido capaz de llegar a todos los rincones del planeta, qué mejor eslogan para tratar de contrarrestar la tendencia negativa. “La mejor imagen de España brilla en todo el mundo”, dijo Zapatero durante su recepción en el Palacio de La Moncloa. Y el Gobierno desea que ese brillo le ilumine antes de que se extinga y quede sólo en un recuerdo en los anales de la historia del fútbol.

El titular de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, es uno de los ministros que se han manifestado convencidos de que “la victoria de España en el mundial de fútbol beneficiará mucho al país y promocionará su imagen en todos los sentidos”. En sintonía con las ideas expresadas por los titulares de Economía e Industria, ha asegurado que el triunfo es “una poderosa imagen” para mejorar las exportaciones y también la implantación de empresas españolas en el exterior.

Dentro de esta estrategia, en el seminario ‘La acción cultural española en el exterior’ celebrado tras la final ante Holanda en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander, Moratinos dijo que el Plan Nacional de Acción Cultural Exterior, que ultima con el departamento de Cultura y que estará listo a finales del verano, contará con “órganos colegiados” y “agentes sobre el terreno” que conducirán a una “gestión más eficaz” y a una “mayor proyección de la acción cultural exterior española”. Mientras, Ángeles González-Sinde explicó que se está trabajando en una estructura “flexible y articulada en grupos de trabajo” para que, de esta forma, cualquier actuación cultural exterior “quede encuadrada bajo la marca España”.

Muchos ministerios están implicados en la tarea. El de Economía, el de Industria, el de Exteriores, el de Cultura. Todos se han subido a la ola de las hazañas deportivas –en fútbol pero también en motociclismo, en atletismo, en ciclismo, en tenis, en baloncesto– con una estrategia clara: vender España al mundo.

Desde que ‘la Roja’ hiciera historia el 11 de julio, ha habido numerosos análisis sobre sus consecuencias sociales y económicas. También sobre las posibilidades de la marca España, menos precisa y definida que la de países vecinos como Italia o Alemania. En parte, debido a la diversidad autonómica y a la competencia entre Comunidades para colocar su propia marca en el mercado internacional. Ahora que la necesidad ahoga y la ocasión la pintan calva, se trataría de compatibilizar los intereses de cada una de ellas con los de un Estado que se mide de tú a tú con las potencias de nuestro entorno.

En esta tarea, los símbolos cobran especial protagonismo. La bandera, uno de los más reconocibles, ha sido motivo de confrontación durante el último siglo. La rojigualda, a pesar de ser la enseña constitucional, ha provocado el recelo de la izquierda, que añoraba la tricolor republicana y rechazaba los colores que usó el franquismo. El resultado ha sido el de una izquierda española sin más insignias que portar que las siglas de su partido. Mientras a los nacionalistas no les ha faltado ocasión de sacar a la calle sus banderas autonómicas y la derecha, sin competencia alguna, ha usado casi en exclusiva la bandera española en mítines y manifestaciones contra las políticas del Gobierno.

Pero ahora, sus connotaciones políticas han quedado diluidas en la marea de jóvenes que, nacidos en democracia, se han echado a la calle blandiendo la enseña como lo harían con la de su equipo de fútbol. Así lo ha explicado el ex ministro de Justicia y eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar: “Pertenezco a una generación que no lo tuvo fácil para asistir a una manifestación en la que hubiese una gran profusión de banderas españolas sin inquietud. Me encanta ahora poder ver millares de banderas españolas ondear en las calles de Madrid sin sentirme inquieto, ni mucho menos amenazado”.

Ha habido, eso sí, excepciones a la regla. En barrios como el madrileño de Lavapiés, algunos seguidores del equipo español sacaron a la calle la republicana, convocados por internet bajo el lema “La Roja es mi selección, y mi bandera la tricolor”. Y en Cataluña, la senyera ha cohabitado sin mayores problemas con la rojigualda. Los propios campeones del mundo Xavi Hernández y Carles Puyol pasearon con la copa y la enseña catalana por el campo estadio Soccer City de Johannesburgo tras vencer a Holanda, y en el autobús que recorrió las calles de Madrid al día siguiente, Juan Mata lució la bandera de Asturias y, Raúl Albiol, la valenciana.

Luego han estado los críticos –o aguafiestas– como el periodista Antonio Burgos, que en una de sus columnas de Abc decía: “Que España haya ganado el Mundial no tiene mérito. Lo que tiene mérito de verdad es que la selección nacional ha conseguido que haya millones y millones de españoles echados a la calle y ni una sola bandera republicana”. O el vicepresidente catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, que ha lamentado que en Cataluña “acabaremos con más banderas españolas que senyeras en los balcones y en todos los lugares” y ha atacado a España diciendo que “tiene un problema de identidad nacional” y es que está volcada “exclusivamente” en el fútbol.

Sin complejos. Pero nada de esto ha hecho sombra a la rojigualda. Según datos de Sosa Dias, la principal fábrica del sector en el país, se ha llegado a producir alrededor de 60.000 metros de tela de la enseña española y a casi cuadruplicar su comercialización. Según su gerente, José Luis Sosa Dias, en total se han vendido unas 50.000 banderas de España. Pero esas son sólo las oficiales. Los comercios de los chinos han hecho el agosto. Con la venta de banderas y con la comercialización de camisetas falsas de la selección. Mientras, Adidas, patrocinador de España, vendió medio millón de ellas antes de la final. Y ahora está desbordado. Las primeras 100.000 con la estrella que distingue al campeón del mundial de fútbol se agotaron el mismo día en que se pusieron a la venta, y la demanda de las tiendas se ha triplicado.

Esta común aceptación de la bandera, sin frentismos ni segundas intenciones, ha animado al Gobierno a portarla sin complejos. Como sin complejos se dejó contagiar de la euforia colectiva y, durante la primera jornada del Debate sobre el estado de la Nación, coreó una frase ya célebre en las gestas deportivas. Zapatero, defendiéndose de las acusaciones de Mariano Rajoy, dijo que se decantará por los intereses de España por encima de los de su partido. Fue entonces cuando los diputados socialistas se pusieron en pie para aplaudirlo mientras se arrancaban con el “¡Yo soy español, español, español!”.

La tricolor cede terreno. Además, el Ejecutivo respira aliviado ahora que la bandera constitucional también representa a la izquierda –en los barrios más populares de las ciudades del país ha sido donde ha habido mayor número de enseñas constitucionales–, que hasta ahora prefería exhibir la republicana en las grandes ocasiones. Fue significativa la presencia de la tricolor en las manifestaciones contra la guerra de Iraq. Y con Zapatero en La Moncloa, han proliferado en las marchas a favor de la Ley de Memoria Histórica, en las protestas contra los ataques al juez Baltasar Garzón y en los actos oficiales con presencia de los Reyes y los Príncipes de Asturias. A unos jóvenes de Móstoles llegaron a detenerles y juzgarles por ondear la republicana en una visita de don Felipe y doña Letizia a la localidad madrileña.

El asunto es especialmente delicado porque la presencia de estas enseñas da pábulo a quienes desde la prensa y la política acusan a Zapatero de dar cobijo a posiciones extremistas. Y ya bastante tuvo con ser acusado que aliarse con los independentistas en su primera legislatura, cuando le culparon de aquello de romper España.

Por otra parte, sin llegar a enturbiar la buena relación que prima en las relaciones del presidente con don Juan Carlos, la identificación de la izquierda con la tricolor no es plato de buen gusto para un presidente que se declara partidario del republicanismo ciudadano, del filósofo y politólogo irlandés, Philip Pettit, y al mismo tiempo defensor de la monarquía constitucional. Porque si la Corona se identifica con la bandera, un jefe del Ejecutivo con semejantes credenciales no puede permitirse que nada enturbie sus símbolos.

Por eso la Casa del Rey también tiene algo que sacar del triunfo de ‘la Roja’. La presencia de la Familia Real es constante en las competiciones deportivas. Y ahora que las victorias españolas en canchas, campos, pistas o circuitos son cada vez mayores, aparecer como un talismán no es ninguna tontería. Tampoco que los ganadores vistan o enarbolen la bandera de España.

El pasado día 18, en el circuito de Sachsenring (Alemania), tres catalanes subieron a lo más alto del podio: Marc Márquez (125cc), Tony Elías (Moto2) y Dani Pedrosa (MotoGP). El de Sabadell lució el último modelo de la camiseta de la selección española de fútbol, la de la estrella de campeón del mundo, mientras escuchaba el himno tras ganar el gran premio. El de Manresa lució la rojigualda en la vuelta de honor.

La enseña está de moda. En el mundo del deporte, en el de la cultura –Plácido Domingo se enfundó la bufanda de España en la final de fútbol y Alejandro Sanz se pasea con sus colores por Miami– en las calles del país y en el hemiciclo. En la bancada popular y también en la socialista. La bandera es, hoy, más roja que nunca.

Ataque de celos

El Gobierno cree que al PP le ha dado un ataque de celos. Seguro de los réditos políticos, económicos y sociales que le reportará el triunfo de ‘la Roja’, está convencido de que al principal partido de la oposición le está costando digerir lo que para el Ejecutivo es evidente. Y así se lo hizo saber la vicepresidenta primera a la portavoz del grupo popular la pasada semana.

Aunque el triunfo de la selección española de fútbol había estado ausente del debate político –el propio presidente del Gobierno así lo había pedido– y apenas hubo menciones en el Debate sobre el estado de la Nación, María Teresa Fernández de la Vega sacó a relucir la victoria de los de Del Bosque en la final ante Holanda para responder a Soraya Sáenz de Santamaría durante la última sesión de control al Gobierno del actual periodo de sesiones.

La número tres del PP, que preguntaba sobre el balance de la presidencia española de la UE, citó unos versos del Don Juan Tenorio de Zorrilla, pasaje que a su juicio “parece hecho a la medida” del jefe del Ejecutivo. “No hay lance extraño, ni escándalo ni engaño en que no me hallara yo; por donde quiera que fui, la razón atropellé, la virtud escarnecí y a la justicia burlé, y en todas partes dejé memoria amarga de mí”, recitó. Eso es “lo que recordarán generaciones enteras de españoles”, el fin del proyecto político de Zapatero y del Pacto de Toledo. Por eso, el Gobierno y el PSOE “se han quedado solos” y “esto es lo que le gustaría olvidar a generaciones enteras de socialistas”.

De la Vega, en respuesta al ataque, dijo que lo que quedará en la memoria de la actuación del PP será su “deslealtad” y su “no, no y no a todo”. Y añadió: “Ustedes hasta temieron un triunfo de la selección por si un cierto optimismo pudiera beneficiar al Gobierno”. Las palabras de la vicepresidenta provocaron tal revuelo entre la bancada popular que el presidente del Congreso, José Bono, se vio obligado varias veces a llamarles al orden. En esta ocasión, los dirigentes del PP, que también han celebrado el triunfo de ‘la Roja’, han pensado que no todo vale en política.

Prueba superada

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Economía, Elena Salgado, calificó la pasada semana como una “señal de confianza” la colocación por parte del Tesoro de deuda española por 5.968,97 millones de euros, confianza que se reforzaría con la publicación el día 23 de las pruebas de solvencia a la banca.

En declaraciones a los medios de comunicación tras la reunión del Foro Tributario de grandes empresas, insistió en que la adjudicación de deuda es una señal muy positiva que indica que se está dejando la crisis atrás, aunque reconoció que “todavía va a costar” y que aún queda por delante “un tiempo de crecimiento lento”.

En este sentido, consideró que la prueba de estrés realizada a las entidades financieras reforzará la confianza en la economía española, puesto que en nuestro país –al cierre de esta edición el resultado aún no era oficial– “nadie suspende”. Además, subrayó que, mientras otros Estados ofrecerán los resultados de una parte de su sector, España presentará los “de todos los bancos y de todas las cajas. Vamos a ser absolutamente transparentes porque creemos que ganamos con la transparencia”.

En el caso de las cajas de ahorros, la vicepresidenta ha dicho que las pruebas se han realizado a los grupos ya fusionados o unidos mediante Sistemas Institucionales de Protección (SIP) o en vías de hacerlo, precisamente para saber la resistencia que van a tener bajo determinadas circunstancias de estrés económico o financiero. Salgado explicó que “el sentido de todo el proceso de reestructuración es aportar solvencia, por eso se ha quedado en hacer el examen una vez que se han hecho o se han comprometido las inyecciones de capital”. Por otra parte, ha hecho hincapié en que las pruebas de solvencia se han hecho bajo unas hipótesis de estrés que no son las actuales “y que es muy previsible que no se den nunca”, por lo que ha considerado que “nadie las suspende”.


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