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Nº 891 - 26/7/2010

Nuevo pulso con el ministro Blanco en pleno arranque de la temporada de verano

CONTROLADORES AÉREOS:¡FIRMES!

Llevan décadas manteniendo un intermitente pero terrible pulso con la Administración. Han contribuido a derrocar Gobiernos, colapsado aeropuertos y puesto en un brete a ministros que osaron hacerles frente. Pero nunca, hasta ahora, nadie les ha bajado el sueldo y, acto seguido, militarizado sus funciones. Y esto es precisamente lo que ha hecho el ministro de Fomento, José Blanco, con los controladores aéreos. Un colectivo que, en cuestión de meses, ha pasado de tener un poder casi absoluto sobre nuestros cielos a verse sometido a los dictados de
AENA, a la espera de la llegada de los controladores militares. Pese a ello, mantienen en alto el hacha de guerra, poniendo en peligro la tímida recuperación del turismo en España.


Por E. Moreno

No es un problema español solamente, aunque también es verdad que aquí las cosas están, o por lo menos estaban, peor que en otros países", señala un diputado socialista. La huelga encubierta –disfrazada de bajas masivas por estrés– de los controladores aéreos iniciada a mediados del mes de julio ha abierto un capitulo más en la ya larga historia de enfrentamientos entre este colectivo –sueldos de escándalo y trabajo de alta responsabilidad aunque limitado en horas–y la administración.

Una historia que, esta vez, tiene dos novedades sin precedentes y que dan un nuevo giro a este culebrón. Por un lado, los controladores no protestan para pedir más sueldo, sino porque se lo han bajado en casi un 40 por ciento. Pero sobre todo, el anuncio de que el Gobierno va a recurrir a los militares para cubrir los puestos que han deja vacantes los controladores en supuesta baja médica. La medida, espectacular y disctutida, ha logrado, ya antes de su puesta en marcha efectiva, su principal objetivo: demostrar que el Gobierno, en este caso, va a por todas en la batalla abierta por los controladores.

El caso es que, en Estados Unidos o Francia –con huelgas intermitentes en el sector hasta la semana pasada–, los controladores han llegado en ocasiones a convertirse en un gran dolor de muelas para los Gobiernos. Pero ni estos profesionales gozan tantos privilegios como los españoles ni sus guerras han llegado tan lejos como aquí. En este sentido, en los anales de la historia política española quedará para siempre la huelga de controladores que, en 1981, fue la punta de lanza que contribuyó a la caída del gobierno de Adolfo Suárez.

"La cuestión, desde hace ya varias décadas –prosigue el mencionado diputado– es quién se atreve a ponerle el cascabel al gato." Y ese quién ya parece tener nombre: José Blanco, ministro de Fomento. Ya en la anterior escaramuza, a finales de 2009, el titular de Fomento decidió plantar cara a los controladores. Después de semanas de caos aéreo, puso en marcha una estrategia que, a meses vista, funciona a la perfección. Empezó por f trar los abusivos sueldos de los controladores, 350.000 euros de media, con picos de has 700.000 euros anuales. Todo eso, para un trabajo que apenas llega a las 1.200 horas anua les, casi la mitad que el común de los mortales, que se completan a golpe de horas extras retribuidas a precio de oro.

En plena crisis económica, con un d sempleo galopante que ya enfilaba los 4 millones de parados, la noticia fue recibida como una bofetada social. La batalla mediática estaba ganada, y ya nadie levantaría una sola protesta por lo que llegaría después.

Y lo que vino fue el Decreto del 5 de febrero, que regula el servicio de control aéreo. La nueva norma contenía, por un lado una serie de medidas que suponía, de hecho, una rebaja de sueldo para este colec vo que llegaba al 40 por ciento, es decir, rebaja del salario medio desde 300.000 eu a 200.000, reduciendo las horas extras y a mentando las horas de trabajo normales. Con ello se terminaba con una situación insostenible, por la que una de cada tres horas trabajadas por un controlador se consideraba como extra, y se retribuía tres veces más que una hora normal. Con ello, este colectivo ha pasado de trabajar una media de 600 horas extras al año a tan sólo 80. También se les acabaron las jubilaciones tempranas –con 52 años– sin merma de sueldo.

Se trataba de un descontrol salarial único en Europa, que llevó a España a ser uno de los países con el sector aéreo menos productivos de Europa: su productividad es de 0,55 horas de vuelo por hora de controlador, frente a la media europea de 0,74. Asimismo, AENA encabeza el ranking europeo en cuanto al coste de control aéreo, debido sobre todo a los controladores, que suponen el 60 por ciento de ese coste.

Militarización momentánea. Pero, sobre todo, el Real Decreto del 5 de febrero supuso un verdadero golpe de mano en el sector, al traspasar a AENA la capacidad de gestión y control del tráfico aéreo, que desde 1999 estaba en manos de los controladores aéreos. Además, el Real Decreto liberaliza el servicio del control del tráfico aéreo de España que a partir de entonces podrán desempeñar nuevos proveedores. Con ello, se abría la puerta a la medida que ahora ha puesto en marcha Blanco: militarizar el control aéreo como respuesta a una huelga encubierta. Algo debían intuir los controladores cuando presentaron un recurso contra el Decreto que la Audiencia Nacional terminó por desestimar.

La idea de recurrir a los militares –bien preparados y mucho más baratos, ya que su sueldo suele rondar unos 30.000 euros al año– no es nueva. De hecho, uno de los primeros en barajarla fue el ex presidente norteamericano Jimmy Carter. Pero quien lo puso en práctica fue otro presidente norteamericano, Ronald Reagan. En 1981, tras cinco días de huelga en el sector, envió miles de cartas de despido a una gran parte de los más de 12.000 profesionales. Y los reemplazó por pilotos de las Fuerzas Armadas. Desde entonces, se lo pensaron mucho a la hora de volver a presentar batalla al gobierno.

Blanco no ha llegado tan lejos. Por ahora. Nadie ha hablado de despidos, aunque el decreto de febrero incluye, entre sus novedades, el despido disciplinario preventivo, en caso de incumplimientos muy graves por parte de los controladores. En cuanto a la llegada de personal militar para ejercer las funciones de control aéreo, la medida ha sido acogida con división de opiniones. Los propios militares han llegado a señalar que harían falta muchas semanas o incluso meses de preparación para poder hacer el traspaso de funciones con garantías. Los controladores, por su parte, desarbolados por la iniciativa, han llegado a amenazar con el fantasma de la inseguridad aérea para hacer valer sus demandas. Saben que los militares, a pesar de todo, están listos, algunos ya trabajan en aeropuertos de uso mixto como Torrejón de Ardoz (Madrid), Zaragoza, León o Talavera la Real (Badajoz), y que hay personal de sobra, con más de 500 técnicos cualificados. No podrían cubrir la totalidad de la plantilla de controladores, unos 2.500, pero pueden hacer daño.

Por eso, y después de las bajas médicas por estrés o exceso de trabajo que han provocado retrasos en varios aeropuertos españoles, los controladores, agrupados en un 95 por ciento en la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), ha emprendido otra táctica, la de inundar de notificaciones de sucesos aéreos a la Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA). La finalidad, sin duda, será la de incrementar el posible estado de desconfianza ante la llegada a los mandos de los controles aéreos de los técnicos militares. Un paso más en una guerra que, sin duda, está lejos de acabarse. •


Turismo después de la crisis:
más tarde y más barato

Ya lo dijeron las compañías aéreas a finales de 2009. Los controladores utilizan a los pasajeros como "rehenes indefensos de su negociación". Una dura valoración que no es de extrañar, ya que las compañías aéreas son, junto con el resto del sector turístico, los grandes perjudicados de esta guerra. Los daños colaterales, además, llegan en un momento especialmente delicado, cuando el sector apenas se recupera del bache.
Así, la Alianza para la excelencia turística Exceltur ha mejorado algo sus previsiones para el sector turístico español para 2010 y prevé una caída del PIB turístico del 0,6 por ciento frente a la del 0,9 por ciento que anticipaba a comienzos del año.

Pero en esta mejora no es oro todo lo que reluce. Fuentes del sector apuntan a que este año se ha acentuado la tendencia iniciada en el pasado de que las reservas de viajes, de cara al verano, se hacen cada vez más tarde. "Parece como si la gente esperara hasta el último minuto por si acaso le despiden —señala una fuente del sector—. Cuando llegan las vacaciones, y ven que siguen teniendo trabajo, se deciden y van a la agencia de viajes.

Tenemos paquetes que se contratan con sólo unas horas de antelación".

O esperan a las mejores "gangas". No en vano, el sector, muy debilitado, ha tenido que seguir ajustando precios. Incluso el 61% de las empresas turísticas ha anunciado que asumirán la subida del IVA por no poder repercutirla al consumidor final. De hecho, otro de los lastres de esta tímida recuperación es que los viajes contratados en esta temporada son más baratos, y dejan un margen menor. Una tendencia que se da tanto en el turismo nacional como en el que viene de fuera.


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