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Nº 891
26/7/2010

Nación: concepto discutido y discutible

Por José Antonio Pérez Tapias*

Cuando ya es conocida la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña, cuando ya se ha visto cómo han reaccionado ante ella ciudadanos, partidos e instituciones, sobre todo con la masiva manifestación en Barcelona el pasado 10 de julio, cuando la cuestión ya ha sido tratada en el Congreso de los Diputados a través de diferentes propuestas de resolución, destacando la elaborada por el Grupo Socialista como acuerdo entre PSC y PSOE, por más que tampoco obtuviera mayoría suficiente..., cuando ha ocurrido todo ello es momento de recordar algunas cosas. Se puede traer a colación cómo en la mencionada manifestación las intenciones de la Generalitat y otros convocantes, acerca de la necesaria expresión de un sentimiento colectivo de agravio por el trato en la citada sentencia a Cataluña como nación, para reivindicar respeto al Estatut, profundización en el autogobierno y reconocimiento de la identidad nacional, se vieron desbordadas por proclamas soberanistas e independentistas con pretensiones de llevar al extremo el lema "nosotros decidimos". También es pertinente no pasar por alto la actitud de un PP que interpuso recurso de inconstitucionalidad respecto al Estatut con afán no sólo de bloquear su desarrollo, sino de invalidarlo en su legitimidad, obviando lo que en otros Estatutos había aprobado en términos similares a lo que impugnaba en el catalán.

Si es importante no perder de vista lo anterior, interesa también retrotraer más la memoria para así proyectar el futuro con mayor alcance. Si es necesario transitar por vías jurídico-políticas que desde la legalidad vigente permitan resolver cuestiones que la sentencia del Constitucional ha dejado en suspenso, por otro lado a nadie escapa que aquí hay más miga que la que se puede digerir de esa forma. Más allá de lo inmediato, estamos de nuevo ante el problema del encaje de Cataluña en España y, por ende, ante la cuestión de la configuración territorial del Estado. Responden a los hechos, sin duda, las opiniones que subrayan lo logrado con el Estado de las Autonomías como avances incuestionables, a la vez que apuntan a có- 5 mo nuestro Estado compuesto y complejo comporta insuficiencias pendientes de ser abordadas. No cabe olvidar que el Estado autonómico nacido con la Constitución de 1978 conlleva una indefinición jurídico-política hasta ahora no resuelta. La descentralización política no impide que encuentre aliento tanto la insatisfacción crónica de nacionalismos centrífugos como las reacciones pretendidamente centrípetas de enfoques políticos trufados de nacionalismo españolista.

Puestos a recordar hay que volver la vista hacia aquellos días del primer gobierno de Zapatero en que despegaba con brío la idea de una España plural. Por entonces, ante una interpelación en el Senado en la que desde la bancada popular se preguntaba al presidente del Gobierno si consideraba superado el concepto de nación que aparece en la Constitución, Zapatero tuvo la lucidez y el coraje político de dar una memorable respuesta, criticando el inmo1 vilismo del PP con su retórica sobre la nación y trasladando a la Cámara, sin merma de lealtad constitucional, una obviedad teórico-política palmaria: "El concepto de nación es un concepto discutido y discutible". No sé cómo acogerá Zapatero a estas alturas el recuerdo de aquella acertada declaración suya, pero lo importante hoy es que la situación política generada a raíz de la sentencia sobre el Estatut hace evidente, desde la realidad de los hechos, lo que ella afirmaba.

Hay que pensar en Cataluña y en España no sólo para mañana, sino también para pasado mañana. Eso requiere ir más allá de la contraposición entre un concepto jurídico de nación, que se utiliza lastrado por una considerable carga ideológica de españolismo –es lo que subyace a la resolución del Constitucional–, y un concepto cultural de nacionalidad. El camino se entrevé por un desarrollo federalista del Estado de las Autonomías que nos permita hablar de España como Estado plurinacional. Ello exige repensar las naciones, desatándolas de soberanías mitificadas. En España es responsabilidad de PSOE y PSC difundir un proyecto federal sobre el que se pueda seguir articulando su realidad política de pluralidad de naciones. Llegado el momento habrá que proceder a necesarias reformas de la Constitución, como plantea el presidente Montilla, empezando por la del Senado como cámara territorial. No hay peor ciego que quien no quiere ver, ni mayor sordo que quien no quiere oír. •

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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