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Internacional
Nº 891
26/7/2010
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Sobre 'El saqueo de Roma', de Alexander Stille

BERLUSCONI, AL DESCUBIERTO


Llega a las librerías el riguroso y revelador análisis que el estadounidense Alexander Stille hizo del político italiano Silvio Berlusconi. Colaborador habitual en las páginas de la revista New Yorkery The New York Times, este profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York, trabajó 15 años en este libro en el que disecciona en orden cronólogico al magnate mediático: desde el misterioso origen de su fortuna, hasta sus conexiones con la Mafia, su salto a la política, su pelea con los tribunales o su relación las mujeres. Estos son algunos de sus pasajes más reveladores.

Por Andrea Aguilar (Nueva York)

La Villa San Martino, que había pertenecido durante siglos a la familia Casati Stampa, fue puesta repentinamente en venta a resultas de una sórdida tragedia. El 30 de agosto de 1970, el marqués Camillo Casati Stampa di Soncino, de 43 años, mató a tiros a su esposa, Anna Fallarino, de 41, y al amante de ésta, Massimo Minorenti, un estudiante de 25 años. Luego se suicidó. El escándalo, además de alimentar a la prensa italiana y las revistas de cotilleo durante meses, suscitó una curiosa batalla por la herencia. En principio, el patrimonio de los Casati Stampa, incluida la Villa San Martino, debía pasar a la única hija del marqués, Annamaria, de 19 años. Sin embargo, la hermana de la esposa asesinada apareció con una reclamación curiosa: si por casualidad Anna Fallarino hubiera sobrevivido unos pocos minutos a su esposo, habría sido, aunque brevemente, la heredera de su fortuna, y ella, en su condición de hermana, la heredera de Anna. El abogado al que se le ocurrió presentar tan grotesca reclamación era un letrado romano de treinta y seis años llamado Cesare Previti, que más tarde jugaría un papel muy destacado en el imperio Berlusconi. La reclamación fracasó: un examen técnico mostró que la marquesa había fallecido casi al instante. Pero Previti no vio motivos para renunciar a sus oficios ante tan suculenta herencia. A pesar de haber representado a su adversaria, Previti logró convencer a la joven marchesina para que se hiciera con sus servicios.

La joven Annamaria, devastada por la tragedia y ansiosa por alejarse del escándalo que había levantado la muerte de sus padres, se trasladó a Brasil en 1973 y decidió vender la villa familiar a fin de poder pagar el impuesto sobre sucesiones de la herencia paterna. Especificó de modo explícito que la venta no incluyera «el mobiliario, la colección de pintura, la biblioteca y las tierras». Sin embargo, como era joven y vivía tan lejos, firmó un poder notarial que concedía amplias prerrogativas a su tutor legal, el senador y viejo amigo de la familia Giorgio Bergamasco, y al abogado y coalbacea testamentario, Previti, para que dispusieran de la propiedad como tuvieran a bien. «La gestión real de la herencia Casati Stampa quedó prácticamente en manos de Previti; el viejo tutor Bergamasco, de hecho, se limitó a encargarse de cuestiones burocráticas y a ratificar con su firma las decisiones tomadas por Previti en su papel de abogado y coalbacea», escribe Giovanni Ruggieri, el periodista italiano que se encargó de la investigación para recomponer la historia de Arcore. Tiempo después, Previti llamó a Annamaria en Brasil y le anunció que había encontrado un comprador para la villa: Berlusconi. El precio era asombrosamente bajo: 500 millones de liras, unos 850.000 dólares de la época. Contrariamente a los deseos de la heredera, Berlusconi acabó comprando biblioteca, tapices, pinacoteca y las tierras. La colección de pintura contiene un Tintoretto y un Tiepolo, así como un Via Crucis compuesto por catorce pinturas del maestro lombardo Bernardino Luini. El valor de cualquiera de estas obras superaría con toda probabilidad el millón de dólares.

Además, Berlusconi se las arregló para demorar el pago de la villa durante varios años,y tomó posesión de la misma en 1974 pese a que la transacción no se hizo efectiva hasta 1980. Durante dicho período, la marchesina tuvo que seguir pagando todos los impuestos sobre la propiedad mientras Berlusconi ya moraba en palacio.

Lo que la joven marquesa desconocía era que tanto Cesare Previti como su padre habían empezado a jugar un papel cada vez más importante en el naciente imperio berlusconiano. En 1977, por ejemplo, los hermanos Previti se incorporaron a la junta de directores de una empresa propiedad de Berlusconi llamada Immobiliare Idra, entidad responsable de la compra de Villa San Martino en Arcore. De hecho, Berlusconi no tardó en convertirse en uno de los clientes más importantes de Previti, quizá el más importante. De este modo, Previti pasó a ser culpable de un triple conflicto de intereses,al representar primero a las dos partes contendientes por la herencia y luego a las dos partes en la venta de Villa San Martino.


Conexiones con la Mafia. Otro problema que pendía sobre la campaña de Berlusconi era la acusación de sus vínculos con la Mafia. Cuando contemplaba su posible entrada en política, dijo más tarde, sus consejeros más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera, pues preveían que sus oponentes le destruirían al tratar de vincularle con la Mafia.

Efectivamente, algunos periódicos y revistas empezaron a fisgar en la extraña historia de Vittorio Mangano, el capataz de Arcore que había sido condenado por tráfico de heroína, y en la peculiar carrera de Marcello Dell'Utri, que era por entonces el director de campaña de Berlusconi. Después de todo, Mangano había sido condenado en numerosos procesos, incluido el maxiproceso de Palermo, el mayor juicio contra la Mafia de la historia. Además, algunas escuchas telefónicas e informes policiales que implicaban a Dell'Utri habían tenido considerable repercusión pública.

Sin el conocimiento de los italianos, Vittorio Mangano, de nuevo fuera de la cárcel, le hizo una visita a Dell'Utri a finales de noviembre de 1993, justo cuando éste andaba ya preparando la campaña electoral, muy rumoreada pero sin confirmar, de Berlusconi. Aunque era el director de campaña y el presidente de Publitalia, una de las empresas más importantes de Berlusconi, Dell'Utri lograba hacerle un hueco en su agenda al viejo mafioso. Años más tarde, cuando la fiscalía le preguntó sobre dicha visita, Dell'Utri replicó: «Mangano venía a verme de vez en cuando por asuntos personales, a menudo relacionados con su salud».

Tras perder a sus protectores políticos tradicionales en la Democracia Cristiana, ¿estaba la Cosa Nostra ansiosa por contactar con los nuevos protagonistas de la política italiana? «Votaremos por Berlusconi», anunció en mitad de la campaña, Giuseppe Piromalli, uno de los capos de la mafia calabresa conocida como 'Ndrangheta. Es difícil saber si ese anuncio era resultado de contactos entre figuras del crimen organizado y personal de la campaña de Berlusconi, o bien los mafiosos operaban sobre el probado axioma de que «el enemigo de mi enemigo es mi amigo». Algunos de los jueces que estaban complicándole la vida a la Mafia podían volver la vista hacia Marcelo Dell'Utri y a los amigos de Berlusconi en Sicilia. Forza Italia, sobre todo en el sur de Italia, ya había empezado a criticar a los magistrados que habían «ido demasiado lejos» en su persecución de la corrupción y la Mafia.

A finales de 1995, la policía arrestó a Francesco Musotto, el presidente de Forza Italiaen la provincia de Palermo, después de saber que Leoluca Bagarella, un jefe mafioso particularmente sangriento con numerosos asesinatos a sus espaldas (se le creía sustituto de su cuñado Totó Riina como jefe de jefes), había estado en la residencia campestre de Musotto mientras se escondía de la justicia. El tribunal falló que las pruebas eran insuficientes para demostrar que Musotto conocía de la presencia de Bagarella en la villa; su hermano, no obstante, fue condenado. En lugar de descartar a un hombre cuya familia había escondido a un importante fugitivo de la Mafia como cabeza de lista del mayor partido en la capital de la Cosa Nostra, Forza Italia decidió presentar a Musotto para la reelección como si se tratara de un mártir víctima del sistema judicial italiano. Fue reelegido entre vítores.

Los juicios. Actualmente, ni siquiera condenas judiciales por fraude, soborno, extorsión y colusión con la Mafia han impedido a socios de Berlusconi como Cesare Previti y Marcello Dell'Utri seguir ocupando sus cargos o jugando un papel determinante en el condicionamiento de la política judicial. Al contrario, quienes más amenazados estaban de acabar en prisión fueron destinados a cargos públicos para gozar así de inmunidad parlamentaria.

En una ocasión, Dell'Utri, durante un retiro para futuros candidatos de Forza Italia, impartió cátedra sobre cómo quedar impune si eres acusado de un delito: «Primero, nunca testifiques, aprovecha siempre el derecho contra la autoinculpación –dijo a la audiencia–. Segundo, nunca aceptes acuerdos con el fiscal a menos que te hayan pillado con las manos en la masa. Tercero, no te pierdas ninguna de las sesiones porque el juez se sentía ninguneado y tu abogado no se empleará a fondo. Cuarto, sigue el consejo de tu abogado sólo cuando esté de acuerdo contigo». El quinto y más importante principio aclaraba la estrategia principal de todos los acusados próximos a Berlusconi: «Deja que el caso se alargue al máximo... En situaciones desesperadas (esto es, casi siempre) no te inquietes por la anomalía básica de los juicios: su interminable duración. Al contrario, la regla consiste en hacer que duren tanto como sea posible. Porque el tiempo es un caballero, el tiempo hace justicia... Con tiempo pueden pasar muchas cosas: puede que el fiscal o el juez mueran, puede morir un testigo, puede cambiar la atmósfera alrededor del caso. Las cosas cambian».

Así, en la Italia de Berlusconi, un hombre acusado de varios delitos, que se las ha arreglado para pasar sólo un breve período en la cárcel, da lecciones a los jóvenes miembros del mayor partido político del país sobre cómo evitar la cárcel. El hecho de que los procesos penales duren actualmente el doble que hace diez años se debe en parte a la aportación legislativa de parlamentarios imputados como el propio Dell'Utri. Como resultado, Italia cuenta con un sistema judicial atrofiado, y ello obedece a un doble propósito: dejar que Berlusconi y sus socios prolonguen interminablemente sus causas para evitar cualquier condena y aumentar el recelo público hacia la magistratura. •

El credo de 'II Cavaliere'

Los grandes activos de Berlusconi son su extraordinaria energía, su cuidado por el detalle y una confianza casi ilimitada en sí mismo. Sus creencias más profundas parecen provenir de los evangelios de la cultura americana de la autoayuda, obras como 'El poder del pensamiento positivo de Norman Vincent Peale o Cómo ganar amigos e influir en la gente de Dale Carnegie. En una sesión de formación para los vendedores publicitarios de la compañía dijo a la audiencia que cada mañana se plantaba ante el espejo y repetía para sí: «Me gusto, megusto». Le gusta decir que lleva «el sol en el bolsillo» e instruye a sus hombres para que proyecten la misma sensación de absoluta seguridad.

Su éxito en política se debe en parte a la capacidad para conseguir que millones de italianos compartan esa misma sensación de radiante confianza y optimismo. Se le ve genuinamente convencido de que no hay problema que no pueda superarse si le permiten explicarse ante el pueblo italiano. Berlusconi siempre parece decir lo que debe en el momento oportuno para convencer a un público determinado, a pesar de que algunas de esas aseveraciones puedan discrepar entre ellas o con la realidad de los hechos. Pero eso forma también parte de la filosofía berlusconiana. Si debes convencer a alguien, afirmó ante sus fuerzas vendedoras, invéntate una cita y atribúyela a una autoridad de renombre: «Recurran a este método: "Como dijo Bill Paley de la CBS; como afirmaba Platón; como dijo Abraham Lincoln". ¿A quién se le ocurrirá ir a consultarlo? La gente es extremadamente crédula, le encantan las citas».

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