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Internacional
Nº 891
26/7/2010
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Denis Ducarme, diputado belga del Movimiento Reformador

"BÉLGICA NO ES UN PAÍS ANTIMUSULMÁN"


Llega a las librerías el riguroso y revelador análisis que el estadounidense Alexander Stille hizo del político italiano Silvio Berlusconi. Colaborador habitual en las páginas de la revista New Yorkery The New York Times, este profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York, trabajó 15 años en este libro en el que disecciona en orden cronólogico al magnate mediático: desde el misterioso origen de su fortuna, hasta sus conexiones con la Mafia, su salto a la política, su pelea con los tribunales o su relación las mujeres. Estos son algunos de sus pasajes más reveladores.

Por Salvador Martínez (París)

Bélgica trató de encontrar una salida a su inestabilidad política con las elecciones de junio. ¿Por qué ocuparse en una delicada situación política y bajo los efectos de la crisis económica internacional del velo integral? ¿No hay otras prioridades?
—El primer texto sobre la cuestión del velo integral data de 2004. En esa ocasión no logramos la mayoría. En 2007, replanteamos el texto, abriendo la propuesta a otros partidos. Es decir, que el texto que votamos en abril es el resultado de seis años de trabajo. También conviene tener en cuenta que en 2004 ya existía un cierto número de reglamentaciones municipales que prohibían el tener la cara oculta en lugares públicos. Pero el problema es que esas medidas sólo se aplicaban en unos municipios, por lo que había varias legislaciones paralelas que había que homogeneizar. Además, la cuestión del velo integral es importante en el plano de la seguridad pública. Todo ciudadano debe permanecer identificable en los lugares públicos. Ésta es la primera motivación del texto, que prevé una multa de 25 euros y penas de prisión de entre uno y siete días de cárcel.

—¿Hasta qué punto la defensa de la libertad de la mujer ha sido tenida en cuenta en la elaboración de la ley?
—Esa consideración también está detrás del texto. Trabajamos en la elaboración de la ley con mujeres musulmanas que nos han pedido que se precisara la prohibición del burga y del niqab. El llevar esas prendas en la vía pública no puede aceptarse con nuestros valores, que reconocen la libertad de la mujer. Asimismo, las mujeres y los teólogos con los que nos citamos en la elaboración del texto insistieron en el hecho de que llevar esas prendas no es algo obligatorio en el Islam. Se trata sólo de un comportamiento sectario importado de Afganistán y Pakistán. Bélgica respeta el Islam y, de hecho, la minoría de musulmanes que vive en Bélgica es gente que no viste así. En la comunidad musulmana de Bélgica diferenciamos entre los musulmanes y los islamistas radicales. Éstos últimos son unos integristas y ante ellos asumimos todo el contenido de la ley.

—Organizaciones de defensa de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han criticado la aprobación de la ley. ¿Cuál es su reacción?
—Me ha chocado. Algunas personas m han hecho saber que han dejado de pagar sus cuotas a esas organizaciones, que estigmatizan a Bélgica bajo mi punto de vista porque dan una imagen racista de nuestra país. En lugar de defender el uso de esa prendas, creo que sería útil que esas ONG vinieran a Bélgica para apoyar a las mujere afectadas, pues se ven forzadas a llevar sig nos religiosos contra su voluntad. En luga de estigmatizar a Bélgica, deberían ser ui poco más críticas con las corrientes extre mistas del Islam, que someten a las mujere a la esclavitud.

— ¿Fue más difícil que elaborar el texto el convencer a todo el espectro político de la conveniencia de la ley?
—No fue fácil convencer a todo el mundo. En 2004 no teníamos mayoría para aprobar el texto. En 2007 la cosa cambió, porque pude abrir el debate sobre la neutralidad del Estado respecto a las religiones gracias a una serie de electroshocks políticos Empezamos a ver a niñas de ocho años con el velo islámico. El año pasado, una diputada regional de Bruselas (Mahimur Ozdemii ndlr.) juró su cargo con el velo puesto. Ante esto se forjó una reacción y se planteó el tema del lugar que deben ocupar los cultos respecto al Estado. Somos muchos los que pensamos que es importante respetar las religiones, pero también profundizar en el laicismo. Todavía hay un gran debate sobre el tema, y en él se han movilizado actores políticos que hace dos años no estaban dispuestos a seguir nuestra iniciativa. Los progresistas han sentido la adhesión de las clases populares y la presión de la opinión ha hecho que los partidos de izquierda nos hayan seguido.

—¿Se ha dado a través del caso de Bélgic, un argumento más a aquellos que denunciar la existencia de islamofobia en Europa?
—Los habrá que no duden en aprove charse, por eso siempre recuerdo lo mucho que he trabajado con musulmanes, espe cialmente con mujeres. Personalmente, res peto mucho a los musulmanes. Bélgica n( es un país antimusulmán. Es un país que lu cha contra el islamismo radical. El burka e una cadena que esclaviza a las mujeres y es tamos muy orgullosos de haberla roto. Aun que es cierto que haberlo hecho es algo muy pesado para un pequeño país como el nuestro, al que tienen que acompañar otros estados, porque ya hay amenazas contra Bélgica en Internet debido a la ley. Esperamos que los países europeos no cedan al miedo y que continúen defendiendo los derechos de la mujer. Estamos orgullosos de haber sido los primeros en legislar pero estaríamos más contentos si no fuéramos los únicos.

—El debate sobre la relación entre las religiones y el Estado está abierto en otros países europeos. Sin embargo, ¿No es el velo integral un epifenómeno que está centrando demasiada atención?
—El número de gente en Bélgica que adopta esa vestimenta se ha multiplicado por cuatro en la última década. En nuestro país hay unas cuantas centenares de mujeres que Ilevan el velo integral. Me he llegado a entrevistar con ellas. Pero el fenómeno se ha expandido, especialmente en ciudades como Anveres, Bruselas o Charleroi. La expansión del fenómeno está ahí. Llegó el momento de enfrentarnos a él.

—¿Cómo explica ese aumento del uso del velo integral?
—Nos enfrentamos en Europa a un crecimiento importante del peso de organizaciones islamistas radicales, y esto se hace notar incluso en las tareas de lobbing sobre la Unión Europea (UE). Pero también se constata a través de Internet, de televisiones por satélite y en algunas mezquitas, en las que hay imanes próximos al radicalismo. Hay una radicalización de un sector de la comunidad musulmana que hace del Islam un instrumento político e ideológico, algo para lo que el Islam en sí no sirve. Además, en Bélgica ya tenemos la tercera generación de ciudadanos cuyos orígenes son países musulmanes. Hablamos de una minoría de 700 mil u 800 mil personas, entre las que hay una pequeña parte de jóvenes que practican un Islam muy diferente al de sus padres. Hay casos de mujeres que visten el burka pese a que sus madres no lo hacían, y ni siquiera se hace en el país de origen familiar, ya sea Túnez, Marruecos o Turquía. De resultas, queda claro que las referencias de un cierto número de jóvenes no tienen que ver con la práctica religiosa familiar sino con los preceptos de algunos imanes, televisiones e Internet, donde no se vehicula un Islam sereno. La actitud que predomina en los radicales es la búsqueda de sus raíces, pero normalmente adoptan como raíces un Islam que nada tiene que ver con el de sus orígenes. Por último, también hay una parte de musulmanes, los convertidos, que se sienten con la obligación de ser más musulmanes que el resto.

—¿La radicalización religiosa concierne sólo a los musulmanes?
—No, tenga usted en cuenta la emergencia de los evangelistas, que también se identifican con un radicalismo cristiano y con un regreso de la religión a la escena pública tras la pérdida de influencia de las ideas políticas. En este contexto, hasta la Iglesia católica de Bélgica ha tomado partido en debates públicos mostrando su oposición al aborto o al preservativo. Lo que ocurre con el Islam es que es una religión que se ve más.
—¿Cómo luchar contra las religiones radicales menos visibles?
—Al menos en Bélgica, hay que volver a escribir los límites de la esfera pública y de la esfera religiosa. Ésta última debería limitarse a la vida privada. En definitiva, hay que reforzar el laicismo, integrándolo en la Constitución.

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