Nº 891 - 26 de julio de 2010
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Periodismo dinástico


A hora que todo se extingue; ahora que todo se argumenta con la velocidad de los cambios tecnológicos para enmascarar la patente deserción del sagrado compromiso con los lectores; ahora que se cumple más de una década de la decisión adoptada por las familias propietarias de sacar las sociedades editoras a Bolsa, ávidas como estaban de dar el pelotazo económico, sin atender a otras consecuencias inevitables; ahora que la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) sale de tan penoso como interminable letargo sólo para rechazar de plano la pretensión del Gobierno de prohibir los anuncios de prostitución en los periódicos...

Ahora que los Luca de Tena han perdido el control del diario ABC y que los Polanco se encaminan a perder el control del diario El País; ahora que del Grupo 16 no queda ni el control ni sus publicaciones con tanta innovación como trujeron; ahora que, como escribe Rafael Sánchez Ferlosio en su libro Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (Ediciones Destino. Barcelona, 1993), la comunicación ha alcanzado tal volumen y tanta prepotencia que la noticia pesa muchísimo más que lo notificado; ahora que las noticias son más hechos, hacen u ocurren enormemente más que los hechos mismos de los que dan cuenta; ahora se nos ha muerto Eduardo Sánchez Junco, editor y director del semanario ¡Hola!.

Eduardo era el heredero único de una saga iniciada por su padre Antonio Sánchez Gómez, fundador de ¡Hola! en 1944, un semanario que dirigió hasta su muerte en1984. Apenas cuatro años después Eduardo lanzó la edición en inglés Hello! e impulsó su expansión, de modo que hoy se edita en Reino Unido, Canadá, Rusia, Grecia, México y Brasil y suturada suma los 10 millones de ejemplares. Un éxito sin parangón entre las publicaciones españolas. Otros intentaron la aventura internacional empezando por el ABC de las Américas de Torcuato que dejó a la editora Prensa Española al borde de la quiebra. ¡Hola! acertó a partir de la convicción en la propia fórmula y el permanente propósito de fidelidad y mejora,

Eduardo sabía lo que querían sus lectoras y también lo que rechazaba su público y se atuvo siempre a ese estricto cultivo. Como los grandes en otros campos, como The Economist, The New York Times, Der Spiegel, The New Yorker, siempre ha rehuído el camino de la degradación imitativa. Por eso, el reinado de ¡Hola! se ha mantenido sin discusión en el competitivo campo de la prensa del corazón, donde tantas publicaciones han intentado buscar fortuna con desigual resultado. Porque, si bien en muchos países existe alguna publicación que atiende esa peculiar demanda cardiaca y glamourosa, sucede que es en España donde la prensa del corazón ha llegado a constituir el sector que más se ha desarrollado hasta alcanzar cotas de aceptación y de prosperidad que parecen inmunes a la oxidación de las crisis tan visible en otros ámbitos de la prensa en soporte de papel.

Con ¡Hola! parecía cumplirse el pronóstico formulado en aquel romance de nuestro admirado colega Felipe Mellizo, que decía: "Y vendrá la monarquía/ y habrá fiestas en el Real/ saraos en las casas finas/ y el pueblo todo contento/ de ver tantas maravillas/". Eduardo, director de ¡Hola¡ y guardián de los secretos, como lo definió Mabel Galaz en El País, era la mirada elegante de le prensa del corazón, según Almudena Martínez-Fornés del ABC. En sus manos tenía la notoriedad de los demás, pero nunca buscó la suya propia. Tuvo palabra, nunca chantajeó. Ahora el testigo ha pasado a su hijo Eduardo. Todo un écord en tiempos de arquitecturas efímeras. •

por Miguel Ángel Aguilar

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