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Internacional
Nº 889
12/7/2010
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Oscuras relaciones del partido del presidente con la mujer más rica de Francia

EL ESCÁNDALO L'ORÉAL ALCANZA A SARRO

Está por ver si se le puede llamar L'Oréalgate, pero las implicaciones del proceso judicial que vive la familia Bettencourt ya han derivado en un escándalo que revela las no siempre transparentes relaciones entre clase dirigente y la élite económica,
especialmente desde que el propio presidente francés, Nicolas Sarkozy, se ha visto salpicado por acusaciones de financiación ilegal de actividades políticas. Sobre éstas, entre otras cuestiones, el jefe de Estado trató de explicarse el pasado lunes,
pero no ha convencido a nadie que no se identifique con su electorado.

Ahora, con la reforma de las jubilaciones, me describen como alguien que desde hace 20 años iría a casa de (Liliane) Bettencourt para recoger sobres. ¡Es una vergüenza!", exclamó el pasado lunes Sarkozy, en una de las raras entrevistas que ha concedido últimamente. Aludía así a las acusaciones publicadas en la prensa y luego desmentidas según las cuales habría recibido dinero regularmente acudiendo al domicilio de los Bettencourt, donde la madre, Liliane, de 87 años, es la principal accionista del grupo industrial de cosméticos L'Oréal y la tercera fortuna de Francia. El responsable de esas acusaciones es el periódico de Internet Mediapart, que publicó declaraciones de la ex contable de Liliane Bettencourt, Claire Thibout, en las que mantenía que, entre 1982 y 2002, cuando Nicolas Sarkozy era alcalde de Neuilly sur Seine, éste era recibido en casa de los millonarios dueños de L'Oréal, quienes le daban sobres con dinero. Posteriormente, esas afirmaciones fueron desmentidas por la propia Thibout, aunque no negó todo lo que dijo.
Porque de sus primeras afirmaciones mantuvo que el partido presidencial, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), habría obtenido 150.000 euros para financiar la campaña presidencial de su candidato en 2007, Nicolas Sarkozy. El hombre que habría recibido ese dinero no es otro que Éric Woerth, actual ministro de Trabajo y principal responsable de llevar a buen puerto la reforma sobre las jubilaciones en Francia, que subirá de los 60 años actuales a 62 el límite legal para dejar de trabajar. Woerth, y todo el Ejecutivo, rechazan las acusaciones, y el titular de Trabajo dice ser "una diana política" sobre la que se tira para ralentizar su trabajo y su reforma.
Sarkozy tiene el mismo discurso. Cuando "se agitan intereses, situaciones adquiridas" y "se molesta a cierta gente, la respuesta es a menudo la calumnia", expuso el pasado lunes el jefe de Estado. Pero "no se trata de ser víctima, es una pérdida de tiempo respecto a lo que la gente espera de mí, y espera una cosa muy simple: "sacadnos de la crisis", agregó. "Si yo hubiera sido un hombre de dinero, habría hecho otra carrera antes que comprometerme a servir a mi país", aseveró el mandatario.
Los sondeos realizados al poco de su intervención daban cuenta de lo poco que convencieron al público las palabras del jefe de Estado, que respondió en un sobrio plató en el jardín del Elíseo a un solo periodista, David Pujadas, de France 2. Sus respuestas, ya fuera en materia de reforma de jubilaciones, reducción de déficits o sobre el caso Bettencourt, dejaron una mayoría de personas insatisfechas. Según una encuesta del instituto de estudios de opinión CSA, hasta un 62 por ciento de quienes vieron o escucharon la entrevista no quedó satisfecho con lo que Sarkozy dijo sobre las acusaciones que unen a su familia política con la de L'Oréal.
Por Salvador Martínez (París) do últimamente. Aludía así a las acusaciones publicadas en la prensa y luego desmentidas según las cuales habría recibido dinero regularmente acudiendo al domicilio de los Bettencourt, donde la madre, Liliane, de 87 años, es la principal accionista del grupo industrial de cosméticos L'Oréal y la tercera fortuna de Francia. El responsable de esas acusaciones es el periódico de In-
A Sarkozy, más que una de sus archiconocidas citas en Francia sea "si fracaso me iré al sector privado, puedo hacer otra cosa, quiero ganar dinero", lo que le pesa es que desde hace un mes a Éric Woerth no se le deje de vincular con escándalos. Primero, el de los Bettencourt que radica en la pelea de Franwise Meyers-Bettencourt, hija de Liliam y de André Bettencourt, sobre la gestión de la herencia que dejó a su esposa el dirigente de L'Oréal y, en particular, sobre la relación de la madre con el fotógrafo FranoisMarie Barnier, a quien la descendiente llevó a los tribunales por haberse aprovechado supuestamente de la "fragilidad mental" de su progenitora, de la que el artista recibió 1.000 millones de euros, en cheques, obras de arte y contratos de seguros de vida.
Las implicaciones político-financieras de las millonarias rencillas que mantienen madre e hija desde 2007 se desencadenaron después de que Franwise, aliada con el servicio de la mansión de los Bettencourt, en Neuilly sur Seine, grabara conversaciones de Liliam. Éstas llegaron a manos de la policía y, desde junio, su contenido se ha estado filtrando a la prensa, dando cuenta de los posibles delitos de blanqueo de dinero de la multimillonaria además de los de financiación ilegal de partidos a través de unas donaciones excesivas. Todo ello pese a que Franwise, en teoría, sólo quería tener pruebas de cómo Barnier se estaba aprovechando de su madre. Según las grabaciones, Liliam Bettencourt y quienes gestionan su fortuna también podrían haber realizado operaciones para escapar a controles fiscales, tratando de contar con la colaboración de Woerth, que entre 2007 y 2009 fue ministro para el Presupuesto, y cuya esposa, Floren-ce, trabajaba para la millonaria. Aunque según un reciente informe de la Inspección General de Finanzas de Francia, Woerth "no intervino" en el dossier fiscal de la rica heredera de L'Oréal.

El otro escándalo en el que está envuelto Woerth se reveló la semana pasada por los semanarios Le Canard Echainé y Marianne, que dieron cuenta de una venta de terreno público realizada cuando el ministro de Trabajo llevaba las arcas del Estado por un valor de 2,5 millones de euros cuando se podrían haber ingresado 20 millones. Este precio rebajado, completamente legal según el Ministerio de Finanzas, de acuerdo con los citados medios, puede explicarse porque el presidente de la entidad compradora, La Sociedad de Carreras de Compiégne, Antoine Gilibert, y Woerth son "conocidos" y "habituales". "Cuando las carreras de caballos no se pueden organizar en Chantilly (donde es alcalde Woerth, ndlr.) el servidor Gilibert le saca del apuro ofreciéndole Compiégne como recambio", se leía en Le Canard Encharné del pasado miércoles.

La oposición, animada por las revelaciones de la prensa, ha visto, según los términos de la ex candidata socialista a la Presidencia de la República, Ségoléne Royal, un "sistema Sarkozy corrupto". La UMP ha condenado la voluntad de "crear polémica" de sus rivales, pero desde el gobierno los ha habido que han sido más que severos con la prensa, como el ministro de Industria, Christian Estrosi, que comparó al ejercicio informativo sobre Woerth de Mediapart con la tendenciosa "prensa de los años 30". Tanta vehemencia es un "error", según Roland Cayrol, director del Centro de Estudios y Análisis. "Hay momentos en la vida política en los que la oposición exagera. Pero ahora no es el caso. Emprenderla con la oposición no tiene sentido, como tampoco lo tiene hacerlo con la prensa", estimó Cayrol.
El Elíseo también rechazó las "manipulaciones" de la izquierda y de la prensa, pero Sarkozy está, sobre todo, empeñado en defender a su responsable de la cartera de Trabajo, de quien dijo el pasado lunes que "será el ministro que defienda la reforma de las jubilaciones", además de tratarse de un hombre "profundamente honesto". Podría haber añadido "cumplidor" porque tan pronto le recomendó dejar el cargo de tesorero de la UMP, éste presentó su dimisión, que será efectiva el 30 de julio, reconociendo que su labor de ministro y responsable en el partido presidencial se prestaba a "polémicas", según Woerth.
Menos paciencia y halagos tuvo el jefe de Estado con Alain Joyandet y Christian Blanc, ahora secretarios de Estado, respectivamente, para la Cooperación y para el Gran París, cuya dimisión tuvo lugar el pasado 4 de julio, por haber sido responsables de dos notorios escándalos mediáticos. Joyandet salió del gobierno después de que Le Canard Enchainé revelara que amplió ilegalmente su casa, hecho que se sumó al escándalo que supuso el que se gastara 116.500 euros para alquilar un avión privado para ir a la isla de Martinica. Por su parte, Blanc pagó con dinero de los contribuyentes 12.000 euros de puros, una compra a priori barata que le acabó costando el cargo.

Ante los casos Joyandet-Blanc y el más reciente, Woerth-Bettencourt, N icolas Sarkozy se aferra toscamente en seguir con su agenda, que incluirá un nuevo baile de sillas en el Ejecutivo el próximo mes de octubre. Esta actitud es una "sorpresa", según Cayrol. "Nos tenía habituados a una cierta habilidad. Ahora da la sensación de que está desconectado de la opinión", mantuvo el investigador sobre el mandatario galo, a quien las encuestas de OpinionWay sólo le dan un 30 por ciento de opiniones favorables. Es su nivel más bajo desde que llegó al Elíseo.

Ministerio de Finanzas, de acuerdo con los citados medios, puede explicarse porque el presidente de la entidad compradora, La Sociedad de Carreras de Compiégne, Antoine Gilibert, y Woerth son "conocidos" y "habituales". "Cuando las carreras de caballos no se pueden organizar en Chantilly (donde es alcalde Woerth, ndlr.) el servidor Gilibert le saca del apuro ofreciéndole Compiégne como recambio", se leía en Le Canard Encharné del pasado miércoles.
La oposición, animada por las revelaciones de la prensa, ha visto, según los términos de la ex candidata socialista a la Presidencia de la República, Ségoléne Royal, un "sistema Sarkozy corrupto". La UMP ha condenado la voluntad de "crear polémica" de sus rivales, pero desde el gobierno los ha habido que han sido más que severos con la prensa, como el ministro de Industria, Christian Estrosi, que comparó al ejercicio informativo sobre Woerth de Mediapart con la tendenciosa "prensa de los años 30". Tanta vehemencia es un "error", según Roland Cayrol, director del Centro de Estudios y Análisis. "Hay momentos en la vida política en los que la oposición exagera. Pero ahora no es el caso. Emprenderla con la oposición no tiene sentido, como tampoco lo tiene hacerlo con la prensa", estimó Cayrol.
El Elíseo también rechazó las "manipulaciones" de la izquierda y de la prensa, pero Sarkozy está, sobre todo, empeñado en defender a su responsable de la cartera de Trabajo, de quien dijo el pasado lunes que "será el ministro que defienda la reforma de las jubilaciones", además de tratarse de un hombre "profundamente honesto". Podría haber añadido "cumplidor" porque tan pronto le recomendó dejar el cargo de tesorero de la UMP, éste presentó su dimisión, que será efectiva el 30 de julio, reconociendo que su labor de ministro y responsable en el partido presidencial se prestaba a "polémicas", según Woerth.
Menos paciencia y halagos tuvo el jefe de Estado con Alain Joyandet y Christian Blanc, ahora secretarios de Estado, respectivamente, para la Cooperación y para el Gran París, cuya dimisión tuvo lugar el pasado 4 de julio, por haber sido responsables de dos notorios escándalos mediáticos. Joyandet salió del gobierno después de que Le Canard Enchainé revelara que amplió ilegalmente su casa, hecho que se sumó al escándalo que supuso el que se gastara 116.500 euros para alquilar un avión privado para ir a la isla de Martinica. Por su parte, Blanc pagó con dinero de los contribuyentes 12.000 euros de puros, una compra a priori barata que le acabó costando el cargo.
Ante los casos Joyandet-Blanc y el más reciente, Woerth-Bettencourt, N icolas Sarkozy se aferra toscamente en seguir con su agenda, que incluirá un nuevo baile de sillas en el Ejecutivo el próximo mes de octubre. Esta actitud es una "sorpresa", según Cayrol. "Nos tenía habituados a una cierta habilidad. Ahora da la sensación de que está desconectado de la opinión", mantuvo el investigador sobre el mandatario galo, a quien las encuestas de OpinionWay sólo le dan un 30 por ciento de opiniones favorables. Es su nivel más bajo desde que llegó al Elíseo.

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