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Internacional
Nº 885
14/6/2010
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Brasil y Turquía se niegan a sancionar a Teherán

IRÁN ROMPE LA UNIDAD DE OCCIDENTE

El Gobierno estadounidense daba cuenta la semana pasada de los primeros efectos prácticos de las sanciones económicas contra Irán que aprobaba el 9 de junio el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, existe la posibilidad de que esas penalizaciones no puedan ser aplicadas con criterio universal. A Washington le habían salido respondones dos de sus más antiguos aliados, Turquía y Brasil, pertenecientes ambos al propio Consejo de Seguridad, y que votaron en contra del castigo. La diplomacia de ambos Estados, además, había conseguido la firma de un acuerdo con Teherán, el pasado 17 de mayo, en materia de uso civil de su energía nuclear —el primero que se consigue arrancaral Gobierno persa—, por lo que Brasilia y Ankara abogan claramente por la vía diplomática.

Por Antonio Sarrión
Hoy Estados Unidos está tomando los primeros pasos para aplicar y cumplir la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU" contra Irán aprobada la semana pasada, aseguraba el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, el pasado 17 de junio. Washington prohibía a sus ciudadanos realizar transacciones con empresas iraníes y ordenaba la congelación de los fondos que estas compañías puedan tener en EE UU. Además, los estadounidenses coordinaban sus acciones con la Unión Europea, que aprobaba por su parte que las medidas punitivas alcanzarán un nivel más alto que las impuestas por el Consejo de Seguridad, incluyendo varias que afectan al sector energético, prohibiendo las inversiones en ese tipo de proyectos. También impondrá limitaciones al comercio de bienes de posible doble uso civil y militar, y a las operaciones de bancos iraníes en territorio europeo.

Todo ello obedece a la resolución mencionada por Geithner, con la que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas castigaba a Irán por el contencioso que mantiene en defensa de su programa nuclear que, según Teherán, sólo persigue fines de desarrollo, científicos y completamente pacíficos, mientras que Estados Unidos sospecha que podría encubrir un programa armamentístico y militar.

La resolución de la ONU es la cuarta que aplica sanciones a Irán por el desarrollo de este programa nuclear. Lo aprobado impone por primera vez restricciones para la venta a Irán de armas convencionales y endurece el régimen de inspecciones a las embarcaciones y aviones iraníes, así como de las actividades financieras y bancarias del país.

Sin embargo, en esta ocasión parece cuestionable que la iniciativa estadounidense —suya fue la propuesta de sanciones ante el Consejo— vaya a conseguir la unanimidad en la actuación de todos los países contra Teherán. No se trata ya de las tradicionales disensiones por parte de naciones que se oponen a los diseños geoestratégicos de la política exterior de Washington, como podría ser el caso de Cuba, de otras potencias nucleares del Eje del Mal, como Corea del Norte, o de Estados que cuestionan abiertamente la hegemonía norteamericana y que, además, tienen suscritos importantes acuerdos comerciales con Irán, como es el caso de Venezuela. En esta ocasión también se han opuesto con fuerza a las sanciones dos tradicionales aliados de Washington.

Turquía y Brasil —que, además ya apunta maneras de potencia emergente— votaban en contra del castigo (Líbano se abstenía) y apostaban por la profundización en la negociación y las vías diplomáticas. Se trataba de un caso en el que se sentían plenamente con-cernidos, puesto que justo un mes antes de la resolución los presidentes de ambos países, Recep Tayyip Erdogan y Luiz Inácio Lula da Silva, habían suscrito un acuerdo con su homólogo persa, Mahmud Ahmadineyad, por el que se garantizaba el uso pacífico del uranio que posee Teherán.

Tras unas conversaciones delicadas sostenidas durante varias semanas por el jefe de la diplomacia brasileña, Celso Amorim, el propio Lula y Erdogan se desplazaban a Teherán para suscribir personalmente el pacto. Según el texto, Irán entregará 1.200 kilos de uranio débilmente enriquecido al 3,5 por ciento a Turquía, donde quedarían depositados bajo vigilancia iraní y turca. En el plazo de un año, Irán recibiría 120 kilos de uranio enriquecido al 20 por ciento procedente de Rusia y Francia para emplear en su programa nuclear civil.
Estos términos, en explicaciones ofrecidas por el máximo mandatario brasileño, recogían la mayor parte de las exigencias de Washington, en cuanto a las garantías de que el programa atómico iraní tendría un destino civil. El único punto diferencial con otras propuestas anteriores es que Turquía garantiza que si Irán no recibe el uranio enriquecido le devolverá el uranio depositado en su país. Por ello, el ministro de Asuntos Exteriores brasileño subrayaba que "éste es un acuerdo extremadamente importante y debe entenderse en dos formas: primero, tiene un significado en sí mismo porque establece varios principios de cooperación. Crea las condiciones para la construcción de un edificio de confianza que permitirá a Irán y a la comunidad internacional establecer un diálogo. El diálogo tendrá dos cuestiones que para nosotros son básicas: primero, el derecho de Irán, garantizado por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), al desarrollo nuclear para fines pacíficos, incluido el enriquecimiento, pero también ofrece a la comunidad internacional garantías de que estas actividades no se desvían a propósitos nucleares".

"Un enorme éxito". Por su parte, el jefe de la diplomacia turca, Ahmet Davutoglu, explicaba que "Turquía y Brasil, junto a Irán, han logrado un enorme éxito que demuestra que siempre hay espacio para la diplomacia. Para nosotros, ya no existe ningún espacio para la imposición de sanciones. Es el momento de negociar. El acuerdo de intercambio, firmado hoy por Irán, demuestra que Teherán desea abrir una vía constructiva, ya no hay motivos para nuevas sanciones ni presiones".

La resolución del Consejo de Seguridad, de este modo, podría contener una segunda y desagradable lectura para Brasilia y Ankara que, se habrían visto desautorizadas por su aliado del norte, apenas un mes después de haber logrado el mayor éxito diplomático sobre este espinoso asunto en años. El recado de Washington va, de paso, dirigido a Lula, con quien la Casa Blanca lleva unos meses sosteniendo cierta tensión, en buena medida, precisamente por sus contactos con Teherán y sus iniciativas independientes en política exterior. Para mayor presión, el encargado de las sanciones en el departamento del Tesoro de Estados Unidos, Stuart Levey, aseguraba públicamente la pasada semana que espera que "tanto Turquía como Brasil cumplirán la resolución íntegramente pese a su voto".

No parece fácil que esto suceda. Brasil presenta todos los síntomas de haber comenzado a transitar la senda que la convierta definitivamente en una nueva y próxima potencia, que ha sido capaz de sostener un pulso con Washington, no sólo en la cuestión iraní, sino también, y muy recientemente, en su firmeza al negarse a reconocer al nuevo Gobierno de Honduras presidido por Porfirio Lobo.
Por su parte, Turquía, que se llevó la peor parte y puso casi todos los muertos en el asalto israelí a la Flota de la Libertad, que trataba de romper el bloqueo a Gaza, vive una situación en la que la presión popular se cuestiona el doble rasero que decide fuertes sanciones contra Irán –país firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP)–, mientras que se tolera la existencia de abundante armamento nuclear en Israel, que ni siquiera está sometido a inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (0IEA). En el país muchas voces ya han denunciado, además, la paradoja de que cinco de los Estados que han votado favorablemente las sanciones contra Irán (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y con derecho a veto–), posean el 95 por ciento de todo el arsenal atómico del planeta.

Teherán ha roto –por una vez– la unidad de Occidente.

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