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Nº 884 - 7 de junio de 2010

Elevar la puntería

por Santiago Carrillo

Pero, ¿quién está dictando la política económica frente a la crisis en Europa y en el mundo?

Para el Partido Popular, que trata el tema como si la crisis se produjera solamente en España, la respuesta es una: el responsable es Rodríguez Zapatero. Si echamos a éste del Gobierno y ponemos a Rajoy, la crisis solo será un mal recuerdo.

Yo pienso que una y hasta más huelgas generales pueden ser precisas en el periodo en que estamos entrando. Pero ¡ojo! Una huelga general que precipite unas nuevas elecciones generales para que Rajoy llegue al Gobierno con mayoría absoluta o con el apoyo de CiU no sería en absoluto una respuesta de clase, tal como entendemos este término en los medios de la izquierda consecuente. Una huelga, o varias –según se desarrolle la situación–, deberían tener en cuenta la pregunta que se hace al principio. Pues Zapatero está aplicando las medidas que imponen a Europa, los verdaderos dirigentes de la política mundial frente a la crisis. Y Rajoy se identifica plenamente con los autores de un rumbo que de continuar conduce directamente a la liquidación del Estado de bienestar.

¿Y quiénes son esos autores? Pues el mercado, el sistema financiero global que desató la crisis y ahora sigue especulando, ese "Casino global" del que hablaba hace días Josep Borell, el Casino al que preocupa más que resolver la crisis, utilizarla para seguir obteniendo beneficios a costa de los de siempre, los trabajadores –desde el funcionario hasta el albañil, pasando por todas las categorías profesionales– los pequeños empresarios, los agricultores...

Una cadena de movilizaciones cuya intensidad puede ir in crescendo debería levantar la vista hacia los verdaderos responsables, proponiéndose desde ya la transformación del sistema financiero en un servicio público gestionado por los Estados y los organismos supranacionales convenidos por éstos. Y con este objetivo, la defensa a ultranza del Estado de bienestar.

Actualmente, como el objetivo de los que en realidad mandan es seguir acumulando beneficios, las políticas cambian erráticamente. Al principio impusieron una política de endeudamiento, el Estado debía impedir que los bancos se hundiesen. Pero cuando la deuda de los Estados se agrandó, los bancos comenzaron a temer que los bonos de deuda en su poder se depreciaran y acudieron al ajuste duro. Y cuando el ajuste duro está en marcha, caen en la cuenta de que los ajustes prolongan la crisis, retrasan la recuperación de la economía y aumentan el paro. Estamos a merced de los movimientoslocos del mercado cuya mano invisible nos ha conducido a donde estamos pero que es incapaz de concebir soluciones políticas acertadas.

Hace años ya, la izquierda europea se planteaba estos problemas. La necesidad de controlar el sistema financiero era muy clara para los socialistas y comunistas franceses y el Gobierno de unidad presidido por Miterrand tomó la medida de nacionalizar la banca. Recuerdo una conversación con Miterrand en una visita que hizo a España como presidente de la República francesa. El líder de los socialistas franceses me contó que habían tenido que dar marcha atrás porque el sistema financiero mundial les había forzado. La cuestión es que una medida así es posible a condición de que los principales Gobiernos del globo se pusieran de acuerdo para aplicarla.

La crisis mundial hace que la comprensión de esta necesidad sea más accesible a amplias clases sociales, incluidos los empresarios de la Industria y el Comercio, la Agricultura y los Servicios que recibirían la financiación de un sistema estatal que obrara con arreglo al interés general.

Las movilizaciones deberían ser cada vez más a escala europea. Si seguimos planteando una batalla en orden disperso, dentro de los marcos nacionales, correríamos el peligro de ser derrotados unos tras otros. Es la hora del internacionalismo frente a la globalización financiera. Hay que llevar esta cuestión a los sindicatos y a las universidades europeas. Es la ocasión de intentar movilizar unidas a las fuerzas del trabajo y de la cultura. En sus manos puede estar una solución definitiva a la crisis. Para eso, y haciéndolo inteligentemente, si a las movilizaciones, incluidas las huelgas generales, de preferencia europeas.•

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