Jordi Bordas y Eduardo Martín de Pozuelo,
autores de 'Sin cobertura'
"LA ULTIMA ETAPA
DE AZNAR FUE UN CÚMULO
DE ERRORES"
En la novela Sin cobertura (RBA), basada en hechos reales, se refleja como
funciona el Centro Nacional de Inteligencia (CN). También se observan las
bambalinas de la decisión del Gobierno de José María Aznar de invadir Iraq. Sus
autores, Jordi Bordas y Eduardo Martín de Pozuelo, son periodistas de
investigación. Los dos forman parte de la redacción de La Vanguardia, pero se han
quitado el corsé del periodismo para refrescar la memoria de los lectores en su
libro. El personaje principal, Sebastián Villanueva, director de Inteligencia Exterior
del CNI, es un hombre de Estado que choca contra una forma de actuar del
Ejecutivo, obsesionado por ETA y sordo ante la amenaza de Al Qaeda en España.
Por Luis Marchal
Sin cobertura refresca la memoria a los lectores, ¿es una "memoria reciente"?
Eduardo Martín de Pozuelo: Se explica a los lectores, de una manera dramatizada, lo que sucedió realmente. En él, repasamos acontecimientos como la catástrofe del Prestige o el accidente del Yakolev-42.
Jordi Bordas: Cuando empezamos a escribir Sin cobertura, no éramos conscientes de todo lo que había pasado en los 18 meses en los que transcurre la novela, desde el verano de 2002 a diciembre de 2003. Nos encontramos con la toma de la isla Perejil, el hundimiento del Prestige, la cumbre de las Azores, la muerte de dos periodistas en Iraq –Julio Anguita Parrado y José Couso–, la muerte del capitán de navío Manuel Martín-Oar –primer militar español fallecido en el conflicto de Iraq–, el accidente del Yakolev-42, el primer asesinato de un agente del CNI –José Antonio Bernal– y la emboscada de ocho agentes del CNI, en la que murieron siete de ellos. Recuperamos la memoria de qué relación podían tener unos hechos con otros.
—¿Qué relación encuentran ustedes entre estos acontecimientos?
E.M.: Es una temporada de Gobierno español, de Aznar, que vista en su conjunto da vértigo. ¿Cómo solucionó lo de Perejil? Mal, porque trajo consigo un efecto colateral nunca explicado: casi la ruptura absoluta de las relaciones con los servicios de información marroquíes, que eran imprescindibles.
J.B.: De la valoración política de esos 18 meses se concluye que la última etapa del Gobierno de Aznar fue un cúmulo de errores, uno detrás del otro. La forma de solucionar lo de Perejil, lo del Prestige o lo del Yakolev-42. También la razón de ir a las Azores o el dejar sin cobertura a los agentes que estaban Iraq. El último gran error, aunque está fuera de nuestro libro, fue cómo se afrontó el 11-M.
E.M.: El poder político no escuchaba los gritos de los servicios de información ni de la policía ni de la Guardia Civil sobre la situación en Iraq.
—En ese sentido, Fernando Borrego, el ficticio director del CNI, está más interesado en adular a Aznar que en el resultado de las investigaciones de sus hombres.
E.M.: Borrego, que no es Jorge Dezcallar –director del CNI en 2003– es la suma de la manera de actuar de diversos mandatarios de la época como, por ejemplo, Ana Palacio o Federico Trillo. Partimos de una gran mentira,porque no había armas de destrucción masiva y porque la base de Al Qaeda no era Iraq.
—¿Lo que ocurrió en Iraq de 2003 a 2007 fue consecuencia de una guerra sin cobertura? J.B.: Lo que está pasando en Iraq es la herencia de una mala decisión. Si fuera en estos momentos un país normalizado, quizá alguien podría decir que la invasión mereció la pena. ¿Qué se ha conseguido al cabo de siete años? Ahora es un feudo de Al Qaeda, algo que no era cuando se inició la invasión, y empieza a tener armas de destrucción masiva. Se ha conseguido todo lo contrario de los argumentos que se esgrimieron para invadir Iraq.
E.M.: Sí que se han conseguido los objetivos reales que se escondían detrás de la guerra. El control del petróleo y del agua en la región ha cambiado de manos.
—¿Se puede decir que allí hay una democracia en suspenso?
J.B.: Hay un intento de establecer un sistema democrático en Iraq, pero es muy difícil mantener el país dentro de unos límites de convivencia normalizados por la situación civil en la que se encuentra, donde los atentados indiscriminados se producen semanalmente.
E.M.: En Sin cobertura, se ve que había un movimiento opositor a Saddam dispuesto a convocar eleccions y a llegar a una situación de Gobierno democrático en Iraq, con control occidental, sin pasar por una invasión militar.
—Estados Unidos quería invadir Iraq, ¿era inevitable que el 20 de marzo de 2003 comenzase el ataque?
J.B.: Frente al intento por parte de Europa, excepto por parte de España, de evitar la invasión militar, estaba la voluntad norteamericana de, por todos los medios, llevar a cabo la invasión.
E.M.: Europa sabía que era mentira lo de las armas de destrucción masiva. Israel, que es muy importante en la región, pensaba lo mismo.
—Por cierto, ¿tienen la certeza de que existió la conversación entre Aznar y el Rey en la que el jefe de Estado advierte al presidente de que no declarará una guerra contra Iraq?
J.B.: Eso forma parte de la novela. El hecho real de este aspecto fue que España jamás declaró la guerra a Iraq. La declaración de guerra es una potestad del jefe del Estado.
—Según la Constitución, previa autorización de las Cortes Generales.
J.B.: Pero quien declara la guerra es el jefe del Estado y eso no se produjo. Añadimos a la trama algo que era vox populi, que las relaciones personales entre el Rey y Aznar no eran óptimas ni cordiales.
E.M.: Asimismo, cuando se explica en la novela dicho diálogo, se hace por referencia. Villanueva y Javier Miralles, nuestro jefe de Información de la Corona española, son los que lo describen. En un momento dado, Miralles dice "yo te lo cuento, pero esta conversación no la hemos tenido nunca". Pues nosotros no decimos que hayamos tenido conversaciones idénticas a la que tienen Villanueva y Miralles...
—Por otra parte, dibujan el esqueleto de lo que fue la foto de las Azores.
J.B.: Vistos desde la posición de los periodistas, en el escenario estaban George Bush, Tony Blair, Aznar y Durao Barroso. Cuando Aznar vio que a la izquierda de Bush no había nadie, él se colocó ahí pasando por detrás. Después, el presidente norteamericano puso una mano sobre el hombro del político español. Esta secuencia de hechos fue exactamente así.
—¿Ven en este acontecimiento histórico de las Azores a Bush como "el hermano mayor" de Aznar, como expresa Villanueva en el libro?
J.B.: Del trío de las Azores, Aznar era el que tenía menos poder especifico e histórico. Bush era el que mandaba. El que quería estar al lado de Bush era Aznar.
E.M.: Blair era el aliado natural de Estados Unidos. Reino Unido y Estados Unidos son primos hermanos. Siempre que hay un conflicto mundial, se protegen entre ellos. Aznar dijo que quería poner a España otra vez en el mapa. Le pareció que era una manera de llevarnos a la primera línea mundial. Él se sumó a los dos personajes más importantes del mundo, que hicieron caso omiso a las Naciones Unidas y al clamor popular que rechazaba la guerra.
—¿Esta actitud de Aznar de acercarse a Estados Unidos y de alejarse de Europa se traduce en consecuencias negativas para la actualidad de las relaciones internacionales de España?
J.B.: Una de las primeras medidas que tomó José Luis Rodríguez Zapatero fue retirar las tropas de Iraq. Ese gesto, aparte de tener valor interno, tuvo un valor fundamental cara al exterior. Zapatero intentó reconducir la situación política internacional en la que nos metió Aznar.
E.M.: Las decisiones de Aznar tuvieron muchos efectos negativos e inmediatos, referentes a la seguridad del Estado. Hubo pérdida de información; sobre todo respecto a Medio Oriente, Orienté Próximo y norte de África. Una información que es para España básica. No somos un país que se pueda permitir el lujo de no tener cobertura en esas áreas del mundo. Otro efecto que tuvo es la recuperación de un movimiento durísimo de derecha. Aznar vuelve a ser un personaje que está en la punta de la lanza.
—¿Consideran que Aznar está preparando el terreno para volver a la arena política?
J.B.: Se sigue resistiendo a dejar de estar en un papel destacado dentro de la política española. Este país cometería una irresponsabilidad si lo volviera a elegir como presidente. A las siete de la tarde del 1 1 -M se seguía manteniendo la autoría de ETA en la mayor masacre que se ha dado en España. La esencia del voto es la confianza y no se puede confiar en quien te miente.
E.M.: Y se estaba llamando desde la presidencia del Gobierno a los directores de periódicos para que mantuvieran en sus artículos que era ETA, mientras que la policía sabía que era el mundo islamista quien estaba detrás de eso. •
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