Teodulfo Lagunero, benefactor financiero del PCE
en la clandestinidad
"LOS DE IZQUIERDAS
QUEREMOS A LA PATRIA
MÁS QUE LA DERECHA"
Una anécdota en la vida de Teodulfo Lagunero es que compró la casa donde se
instaló Santiago Carrillo en la clandestinidad y la famosa peluca del líder de
Partido Comunista de España (PCE). Lagunero fue el catedrático de Derecho Mercantil, abogado, constructor millonario y comunista que metió en España a Carrillo. Pero, ante todo, fue un hombre "consecuente" con sus ideas. Todos los beneficios que obtuvo como empresario los puso al servicio del PCE para luchar contra el franquismo. Lo cuenta en sus Memorias (Editorial Umbriel Tabla Rasa).
Por Luis Marchal
EI peor insulto que le podían decir cuando era niño era "fascista?
—Llamar fascista a cualquier niño de la zona republicana era el
peor insulto. En el puerto de Valencia, cogíamos trozos de plomo de las casas derruidas
y los fundíamos para hacer aviones y jugar
entre nosotros. Unos eran los fascistas y otros éramos los republicanos. Nadie quería hacer de fascista y los rojos ganábamos la guerra siempre. Por desgracia, luego no fue así.
—¿Se califica usted como patriota?
—No me avergüenzo de esta palabra. Considero que los de izquierdas queremos a la patria más que los de derechas. Lo decía Antonio Machado; que la derecha tiene siempre el nombre de España en la boca, pero que a la hora de la verdad quien la defiende es el pueblo. Han querido apropiarse de la palabra patria. Ellos no son patriotas porque la rompen. España ni se ha roto ni se rompe. El único que la rompió de verdad fue Francisco Franco sublevándose, con los demás fascistas, y provocando la Guerra Civil. El pueblo, en esa contienda, lo que defendió fue a España, incluso de una invasión extranjera. El bando fascista no se puede llamar nacional porque ahí estaban los alemanes,los italianos, los moros y los portugueses.
—También en el bando republicano luchaban las Brigadas Internacionales.
—Los Brigadistas Internacionales, para mí, son héroes de leyenda. Eran ciudadanos de todo el mundo que defendieron la democracia en contra de la invasión fascista. No se puede comparar que viniesen unos intelectuales y unos obreros comprometidos de todo el mundo a proteger al Gobierno legítimo de la República con que Franco vendiese España y con que viniesen divisiones enteras de sus aliados. La Guerra Civil española es la primera batalla entre el fascismo y el antifascismo. En el fascismo estaban los generales sublevados apoyados por la Iglesia, que, por cierto, es en parte la gran responsable de la Guerra Civil.
—¿La existencia de las dos Españas es un invento de la derecha?
—Hay españoles que piensan de una manera y españoles que piensan de otra. España es una nación de naciones. Yo soy republicano federalista. Respeto el que los catalanes o los vascos quieran preservar sus costumbres, su idiosincrasia, su idioma y su manera de ser. Como persona consecuente con mis ideas de izquierdas, soy partidario de la autodeterminación de los pueblos. Si la mayoría de vascos o catalanes quisiera independizarse de verdad, habría que darles la independencia.
—¿Cree que quieren independizarse de verdad?
—Estoy seguro de que no. El PP es el que está creando más independentistas con su política anticatalana y antivasca. La prueba está en las consultas independentistas que se han celebrado en algunos pueblos de Cataluña. En las últimas se ha alcanzado un 21 por ciento de participación. Lo que ellos quieren es tener el derecho de autodeterminación.
—Hablando de consultas, el referéndum para la ratificación de la Constitución Española demostró que "la extrema derecha representaba el 2,4% de los votantes, lo que quiere decir el 1,5% de los electores". ¿Ha aumentado la extrema derecha últimamente?
—Puede que haya aumentado algo. Lo que sucede es que la extrema derecha se ha unido al PP, que es la derecha dura y pura de España. Además, es la heredera del franquismo. El PP se ha ido tan a la derecha que España no necesita un partido de extrema derecha. El comportamiento que tiene con la crisis, el no a todo, es un disparate. Su política es la de cuanto peor, mejor.
—¿Y cómo ve a la izquierda española?
—A mi juicio, la izquierda de verdad es Izquierda Unida (IU) y el PCE. Los miembros del PSOE son socialdemócratas. Los ministros de Economía que ha tenido el PSOE podrían haber sido perfectamente ministros de Economía del PP.
—Con 18 años, acabó en la cárcel por pintar en las paredes con tiza "14 de abril" [el 14 de abril de 1931 se proclamó la II República]. Un Consejo de guerra lo asimiló como una rebelión militar.
—Franco fue el rebelde, el que se sublevó. Y mandó fusilar a personas que fueron leales a la República por rebelión militar. En mi caso, asimilar que un estudiante de primer curso de la Universidad de Derecho pusiera con tiza en la pared "14 de abril" como rebelión militar es esperpéntico.
—¿Se puede decir que usted se hizo empresario para luchar contra el franquismo?
—Eso lo dijo Carrillo en el prólogo de mi primer libro, Una vida entre poetas (La Esfera de los Libros). Mi primer salario de catedrático fue de 800 pesetas. No podía vivir con ello, así que también ejercí de abogado. En un viaje, no tuve más remedio que hospedarme en un parador. Me encontré con un cliente que no sabía hacer la "o" con un canuto. Él estaba en una mesa llena de ami-, gos y familiares. Al verme entrar, dijo "un champán para mi abogado". Esa noche pensé que lo que hacía ése lo hacía yo, que se ganaba más de empresario que de abogado o catedrático. Allí, tomé la decisión de dedicarme a los negocios. Eso sí, en cuanto tuve dinero lo destiné al servicio del PCE. Era mi obligación fundamental de español vencido. Algo que no tiene ningún mérito.
—¿No hubo sacrificio?
—Hubo riesgo. Sabía la gravedad que suponía ganar dinero en Madrid y sacarlo en maletas para dárselo al PCE y luchar contra Franco. Otros habían hecho mucho más que yo. Habían dado su vida o habían estado muchos años en la cárcel. Yo no quería sólo dar dinero a los comunistas, quería ofrecer mi tiempo. Salí a pegar pasquines en las calles de París, di conferencias y escribí artículos en Mundo Obrero. La primera entrevista que tuve con Dolores Ibárruri, La Pasionaria, le dije que disponía de dinero y que era comunista. Le pregunté qué era lo que yo tenía que hacer. Ella contestó que no podía decírmelo, pero que todo hombre tiene que ser consecuente con sus ideas y no perderse el respeto a sí mismo. Yo fui consecuente.
—Usted siempre tacha de "anecdótico" el que fuera el hombre que metió en España a
Carrillo con su famosa peluca.
—Cruzamos la frontera juntos como 18 veces. Carrillo creía que pasaba menos riesgo haciéndolo en un Mercedes acompañado por mí y mi mujer, que con unos camaradas en un coche peor. Me preguntó si podía organizarle la estancia en España. Compré un chalé en El Viso y lo adapté con cristales blindados para que estuviera allí durante un año. Más importante fue llevar a Nicolás Franco para que hablara con Carrillo, ponerle en contacto con Adolfo Suárez en la Transición, tratar con Don Juan de Borbón o negociar con Luis Echevarría y gente de México la financiación de la Junta Democrática.
—En sus memorias niega que lo hiciera por una compensación, ¿pero qué compensación moral obtuvo por la ayuda que prestó al PCE?
—La compensación de realizarme como ser humano, por lo menos en esos quince añosen los que colaboré con los comunistas. Es el pago que he tenido. Lo volvería a hacer otra vez. Dirigentes comunistas del mundo entero pasaron por mi casa de Cannes, Villa Comete. Allí, después de la Revolución de los Claveles de Portugal, Max Gallo y Regis Debray escribieron con Carrillo el libro Mañana, España (Laia). Gallo y Debray me preguntaron qué pediría como compensación por todo lo que hacía si Carrillo adquiría mucha fuerza en España. Yo respondí que nada, que era mi obligación. Pero luego dije que pediría ser fiscal general de la República para sentar en el banquillo a la Iglesia española por su responsabilidad en la Guerra Civil y en los crímenes del franquismo.
—Es la segunda vez en esta entrevista que responsabiliza, en parte, a la Iglesia de la Guerra Civil.
—Desde los Reyes Católicos, la Iglesia ha sido nefasta en la historia de España. La Iglesia de hoy es igual de mala que la de 1936. Si ahora pudiera provocar la sublevación del Ejército y coger el poder, aunque fuese con otra guerra civil, lo haría.
—A pesar de esto, el PCE optó por la reconciliación nacional. ¿1956 marcó un hito porque la lucha antifranquista se transformó en la política de reconciliación nacional entre vencedores y vencidos de la Guerra Civil?
—La política de reconciliación nacional es adoptada por el partido por unanimidad, con el beneplácito de todos los comunistas. Era un paso para intentar salir de la dictadura franquista.
—¿El recuerdo traumático de la Guerra Civil, el miedo a los militares y a la derecha franquista y el deseo de no repetir un conflicto violento fue lo que estuvo más presente en los primeros años de la Transición?
—Evidentemente. La Transición la hizo el pueblo español, que en 1975 no era el mismo pueblo que cogió las armas en 1936 para defender la República. No tenía la posibilidad de coger las armas en 1975, porque quien disponía de ellas era el Ejército.
—Para acabar, ¿cree que se proclamará algún día la III República?
—Estoy convencido, aunque ahora no es un problema que esté latente. Solucionar el del paro es más importante. Tengo 83 años, pero espero ver la III República. Me moriré con el carné del PCE y me quemarán con la bandera republicana. •
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