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Nº
874 - 29 de marzo de 2010 |
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De Esperanza Aguirre y su silencio con Tamayo y el ‘tamayazo’ Esperanza Aguirre ha dicho: “En mi vida he hablado con el señor Tamayo. Es mentira. No lo conozco”. Ahora resulta que esta métemeentodo no ha hablado nunca con Eduardo Tamayo. Ni por curiosidad lo ha hecho, según sus palabras. Ni tampoco para agradecerle su infinita generosidad con ella. El judas del PSOE madrileño y una tal Sáez, su comparsa de traición, le regalaron a Aguirre la Presidencia de la Comunidad de Madrid en 2003. Siete años después ella aún no le ha dado ni las gracias. Eso, señora aristócrata consorte, señora de alta cuna, populista y partidaria del liberalismo modelo selvático, es de pésima educación. En la vida uno debe ser agradecido. ¿Conoce el refranero: “Es de bien nacido ser agradecido”? ¿Qué le parece? Según la versión de Aguirre y del PP, nadie de su partido movió ninguna pieza ni pagó un solo euro para convencer a la pareja de sinvergüenzas Tamayo/ Sáez de que otorgaran la mayoría parlamentaria al Partido Popular, representado en aquella oportunidad por Esperanza Aguirre y Gil de Biedma. Descontentos con el pacto entre los socialistas capitaneados entonces por Rafael Simancas y los diputados de IU; contrarios a un acuerdo con los “comunistas” y esgrimiendo toda una serie de supuestas razones escasamente creíbles, la aludida pareja propició la victoria de Aguirre por una cuestión, dijeron, de principios. Pues bien, si esto hubiera sido verdad, lo lógico habría sido que Aguirre les hubiera galardonado por su firme apuesta de frenar cualquier atisbo marxista o, peor, estalinista. Adalid del capitalismo en estado puro, ferviente apóstol del llamado libre mercado y enemiga total del comunismo y, al mismo tiempo, aunque con mayor tolerancia, del socialismo ¿cómo no se volcó en agasajos y oferta de cargos, eso que ella hace tan a menudo con todo dios que sea antisocialista visceral o anticomunista, incluidos por supuesto los conversos, alguna ex ministra de Felipe González, por ejemplo, alguna ex alcaldesa socialista vasca y hasta quien fuera el primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, que ocupa un cargo en el Consejo Consultivo del Gobierno autónomico y está que se sale cuando le da por denigrar a Zapatero, que es uno de sus entretenimientos favoritos, como es bien sabido? ¿Qué temía la princesa de Madrid para no recibir a Tamayo? No lo ha explicado. No se ha atrevido tal vez a explicarlo. Pero que conste, como apunto en el párrafo anterior, que sólo cabe entender la actitud de Aguirre en relación a Tamayo si se parte de la sospecha de que tanto él como la señora Sáez no obraron como obraron en función de planteamientos estrictamente ideológicos, sino como consecuencia de intereses espurios, al parecer vinculados al urbanismo descontrolado y al negocio, en aquella época en alza, del ladrillo. Tamayo, hace unos días, reapareció en el escenario público y avisó de que podía sacar trapos sucios relacionados con Ricardo Romero de Tejada y con la diputada regional Carmen Domínguez. De esta diputada sabemos más bien poco. Sin embargo, Romero de Tejada, número dos del PP madrileño en aquella época (secretario general del PP y próximo a Rodrigo Rato y de Figaredo) sí estuvo en el punto de mira, como probable inductor o gerente estratégico de lo que luego ha convenido en denominarse el tamayazo. En todo caso, Tamayo lo ha señalado nítidamente y ha anunciado que iba a contar algunas cosas interesantes. El Mundo sugirió que Tamayo quería reclamar unos seis millones de euros. Aguirre prefiere no abrir la boca. Debe de considerar que así protege su imagen de aparecer en medio de una pandilla de presuntos delincuentes. Pero en realidad el silencio de la presidenta de la región madrileña no deja de ser un síntoma de que Tamayo lo que pretende es la pasta, cobrar y adiós muy buenas. En paralelo han regresado al primer plano de la actualidad, versión de la cadena SER, los constructores peperos Francisco Bravo y Francisco Vázquez, residentes en Villaviciosa de Odón, otro bastión de escándalos urbanísticos. Bravo y Vázquez, unidos familiarmente, tuvieron que ver con la fuga de los dos diputados tránsfugas. Pagaron la noche del día de autos en un hotel donde acudieron los prófugos Tamayo y Sáez. No se entiende en absoluto que estos multimillonarios, profesionales de los pelotazos urbanísticos, pagaran el hotel. No fue una factura de pensión años cincuenta; lo fue de hotel de gran lujo. Eso sería en el fondo lo de menos. Lo cierto es que, poco o mucho, el dinero salió de ambos constructores, transformados súbitamente en santasteresasdecalculta. Tardará semanas, meses o más años
todavía. Pero antes o después se sabrá lo que pasó para que quien perdió las
elecciones autonómicas, le faltaba un diputado para la mayoría absoluta,
acabara gobernando y convirtiéndose en la sultana de la Puerta del Sol,
ambiciosa sin medida, soñando con La Moncloa, jefa de claque para abuchear a la
izquierda y con un ego tan imparable como insoportable. Las sombras de graves
asuntos revolotean, además, por el despacho de la lideresa. Espionaje
clandestino, fundaciones equívocas orientadas a financiar campañas electorales
y la Gürtel, por descontado, aparte de regar y cultivar con primor a los medios
afines que la defienden con firmeza. Y el que quiera ir por su cuenta, ojo, que
no olvide lo que le sucedió a José Antonio Zarzalejos. He aquí el retablo de la
autonomía de Madrid con Aguirre al fondo. El silencio de la presidenta en torno
a Tamayo y su tamayazo es un silencio culpable. |
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