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Nº 871 - 8 de marzo de 2010

Griñán, Barreda, Gómez y Alarte marcan su estrategia a distancia de ZP

“Te queremos, José Luis, pero...”

No todo es reverencia y asentimiento en el unido PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. Las oscuras perspectivas electorales que muestran las encuestas, no sólo de cara a las generales de 2012, sino a las más próximas autonómicas y municipales del año que viene, están moviendo a determinados barones a escribir un guión propio. Su objetivo: su propio territorio. Y su determinación: obedecer a Moncloa y a Ferraz siempre que no perjudique a su propia campaña. Por eso Griñán se hará con el mando del PSOE andaluz esta semana en contra de la moratoria impuesta por ZP para el semestre europeo. Por eso Barreda se atreve a pedir cambios en el Gobierno desde Castilla-La Mancha. Y por eso, tanto en Madrid como en Valencia, los aspirantes a candidatos, Gómez y Alarte, pisan el acelerador para disgusto de Ferraz.

Por Inmaculada Sánchez

Este próximo sábado José Luis Rodríguez Zapatero acudirá a la proclamación de José Antonio Griñán como secretario general del PSOE andaluz. El presidente de la Junta ha forzado su designación  como líder de la primera federación del PSOE en un congreso extraordinario que, en principio, no tenía que haberse convocado hasta que concluyese el semestre de la presidencia española de la Unión Europea. Así habían sido las estrictas órdenes de Moncloa.

“Que no parezca que el partido, nosotros, nuestras cuestiones internas, son antes que los grandes problemas del país, la crisis y la presidencia europea”. Este era el mensaje, en palabras de un alto cargo del PSOE-A. Sin embargo, José Antonio Griñán, presidente del gobierno andaluz desde que Zapatero llamara, todavía no hace un año, a Manuel Chaves para formar parte del Gobierno de la nación, vio que necesitaba todo el poder del partido, y con urgencia, si quería afianzar su imagen y manejar la estrategia política de cara a las próximas elecciones autonómicas, las primeras a las que se presentará como candidato. Los tiempos de Moncloa no son los suyos, y no le ha importado forzar la máquina hasta conseguir que el congreso se adelante a este fin de semana.

“Nos hicieron creer que lo de la presidencia europea nos iba a salvar de alguna manera, que el brillo de los actos europeos disiparía el foco de la crisis, pero todo el mundo sabe ya que el semestre no va a solucionar nada”, añade un dirigente de otro territorio en el que gobierna el PSOE y que, además, forma parte del comité federal.

Esa sensación de que la hoja de ruta de Moncloa empieza a separarse de la del resto de dirigentes territoriales socialistas amenaza con extenderse según se van conociendo los sondeos respecto a las más cercanas citas con las urnas. “Las encuestas que nos dan por perdedores, por primera vez, en Andalucía, y las que ponen en el filo a la alcaldía de Sevilla, han sido el detonante del puñetazo en la mesa de Griñán”, explica un miembro de la ejecutiva regional del PSOE de Andalucía.

El caso de la sucesión de Chaves  en Andalucía esta siendo, sin duda, el mejor ejemplo de lo que ya más de uno interpreta dentro del partido como una sutil, pero efectiva, “reconversión”, de la fidelidad zapaterista de los barones hacia una estrategia mucho más volcada en la realidad de sus territorios.

El primer pacto suscrito por Chaves y Griñán, tras “cederle” éste la presidencia de la Junta después de ser nombrado vicepresidente por Zapatero, fechaba en 2012, poco antes de las elecciones autonómicas andaluzas, el congreso en el que le sería entregado, también, el cetro del partido. Hasta entonces, Chaves continuaría de secretario general del PSOE-A, para tranquilidad del aparato. Pero la tranquilidad no está destacando como compañera habitual de los socialistas en el poder en estos primeros meses de 2010.

Griñán vio cómo la crisis, lejos de remitir, avanzaba en Andalucía y España, y cómo las encuestas, por primera vez, hablaban de que Javier Arenas podía ganarle en los próximos comicios. Aunque las elecciones andaluzas no tendrán lugar, si se completa el mandato, hasta el mismo día de las generales, en 2012, el actual presidente de la Junta reclamó la secretaría general del partido para “ya”.

Un segundo pacto Chaves-Griñán-Moncloa acordó realizar el congreso del relevo para inmediatamente después del “intocable” semestre europeo, en el próximo mes de julio, (Ver el nº 866 de El Siglo: “Revolución andaluza”) pero, incluso este plazo se mostró demasiado tardío para Griñán a los pocos días. Y, mediante declaraciones públicas que cuestionaban la idoneidad de la bicefalia que se vivía en el partido, consiguió una nueva reunión y un tercer pacto que aceleraba el congreso para este próximo fin de semana.

El desencadenante, para más de uno de los dirigentes del socialismo andaluz, ha sido la crisis respecto a la candidatura de la alcaldía de Sevilla (Ver recuadro “Sevilla y Madrid, sin candidatos” en páginas siguientes), ante la que Griñán no quería pasar sin capacidad de decisión, consciente de los efectos que las municipales del 2011 tendrán sobre su futura candidatura a la Junta al año siguiente. Así, “con el visto bueno de Zapatero”, aclaran desde el PSOE de Andalucía, se fijó la fecha del congreso para los días 12 y 13 de marzo. No sólo los adictos a Griñán en Andalucía aplauden la osadía del presidente de la Junta

“La historia de nuestro partido es muy clara: donde nos han dejado hacer a las federaciones ha habido más éxito electoral que cuando nos han manipulado desde Ferraz o Moncloa”, explica un alto dirigente territorial que augura un panorama no muy halagüeño para el PSOE en las elecciones del año próximo.

En esta clave se interpreta también la todavía reciente “salida del guión” del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda. El pasado febrero el presidente manchego se permitió recomendar públicamente a Zapatero que, “tras el semestre europeo” –al menos, en cuanto a los tiempos, aparentaba aceptaba los plazos diseñados por Moncloa– acometiese una remodelación del Gabinete para hacerlo “más reducido y orientado a combatir lo que más preocupa a los ciudadanos”. El aluvión de críticas desde el PSOE no se hizo esperar. Sólo faltaba que, en uno de los peores momentos para el presidente –acababa de tener lugar el bochorno de la cita de Davos, en la que Zapatero fue sentado junto a Grecia y Letonia, y se había anunciado la posibilidad de ampliar la edad de jubilación, de los 65 a los 67 años, en un intento de tranquilizar a los mercados, que empezaban a comparar a España con Grecia– uno de los líderes autonómicos socialistas pusiera en solfa la capacidad de su Gobierno. Chaves le recordó que la competencia para designar los ministros es exclusividad del presidente, y el ministro de Fomento, José Blanco, que criticara menos y propusiera “alguna idea”.

Barreda, que afronta unas encuestas de cara a las próximas autonómicas con un peligroso ascenso de su contrincante, la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, se vio obligado a aclarar al día siguiente que sus palabras surgían desde “la lealtad” a Zapatero y “compartiendo su proyecto”, aunque también quiso dejar claro que su discurso no iba a ser sumiso a lo que dijera Moncloa.

Ya lo ha venido demostrando en su firme posición respecto al reparto del agua para Castilla-La Mancha en el debate del nuevo Estatuto autonómico, o en su rechazo a la instalación de un cementerio nuclear en su territorio. También quiso, en esos días de reproches desde su partido, hablar, incluso, del fallido debate sobre la ampliación de la edad de jubilación, tan inoportunamente presentada por Moncloa. Pidió al Gobierno ser “serio” y “valiente” en este tema y añadió que hay que “mejorar la metodología” y la “pedagogía” en la presentación de asuntos tan sensibles a la población, en una entrevista en Antena 3, para concluir señalando que él no es portavoz de nada ni de nadie.

En este peligroso e impopular debate sobre las pensiones también ha querido tener su propia voz el secretario general del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez, otro de los barones que, a pesar de su evidente adscripción zapaterista, está tomando las riendas de su proyecto a distancia de los tiempos y los mensajes de Moncloa y Ferraz.

A los pocos días de filtrarse la propuesta gubernamental de ampliar en dos años la edad de jubilación, Gómez propuso públicamente un osado plan de cotizaciones “progresivas”, de tal manera que “aquél que más recursos tiene, más aporte al sistema de pensiones”. Y no sólo eso. Sin medias tintas, apuntó claramente que su federación no apoyaba la propuesta lanzada desde el Gobierno: “Sólo estamos de acuerdo con una ampliación de la edad de jubilación que sea voluntario e incentivado”, señaló.

Las palabras del dirigente madrileño tienen mucho menos eco, como es obvio, que las de sus compañeros de partido que gobiernan pero el giro adoptado en los dos últimos meses en su estrategia está llamando  la atención en otras baronías socialistas. Conocida fue su reclamación para que el nombre del candidato del partido al ayuntamiento de Madrid fuese dado a conocer antes que el resto de candidatos socialistas. Y conocido, también, el rechazo desde Ferraz a su petición que, además, fue interpretada como una vía rápida para que se confirmase su propia candidatura a la presidencia de la Comunidad madrileña. Aunque Gómez acató la orden ha arrancado el año pisando el acelerador a su imagen de candidato virtual.

“Ni Zapatero me ha dicho que voy a ser el candidato, ni Blanco que no lo vaya a ser”, afirmó tajante ante decenas de asistentes a un reciente desayuno informativo en la capital entre los que se encontraban el presidente del Congreso, José Bono, o la secretaria de Organización, Leire Pajín, además de una nutrida representación del mundo empresarial, social y sindical de Madrid. Y añadió: “Porque quien lo va a decidir va a ser la militancia del PSM”.

La impresión de que la siempre disputada y compleja candidatura de la capital, esta vez, sí va a ser decidida por la federación madrileña, sin intromisiones de Moncloa, y de que las numerosas declaraciones de Gómez respecto a que será él quien se medirá con Esperanza Aguirre en 2011, ponen cada vez más difícil que pueda postularse un candidato alternativo sin que el asunto provoque un indeseado espectáculo de pelea entre socialistas, va extendiéndose como la pólvora no sólo en Madrid sino en otras federaciones del PSOE.

Otro de los barones que mantiene un complicado liderazgo en su federación, el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, tampoco está dando señales de amilanarse ante los conflictos que acumula con una de las cabezas visibles del zapaterismo, la secretaria de Organización, Leire Pajín.

Alarte no ocultó su rechazo a la forma en que Pajín gestionó la crisis de los concejales socialistas de Benidorm, entre los que se encontraba la madre de la número tres del PSOE, y contra cuya intención de hacerse con la alcaldía gracias al voto de un tránsfuga se manifestó claramente. Su actual posición es débil. Desde Ferraz y desde algunos sectores del PSPV se le acusa de “invisibilidad” (también, como le ocurre a Gómez en Madrid, no es diputado autonómico, lo que complica su labor de oposición a  Francisco Camps) pero el secretario general de los socialistas valencianos, con parecida visión a la que ha movido a Griñán a pedir el mando del partido en Andalucía, está dedicando sus esfuerzos al control orgánico del PSPV, convencido de que éste reforzará su posición y le permitirá afrontar las próximas elecciones autonómicas con mayor libertad, se diga lo que se diga desde Madrid.

“La credibilidad del Gobierno para gestionar la crisis arrastra el pecado original de no haberla reconocido a tiempo, y eso es una losa que no podemos quitarnos de encima”, explica un alto dirigente territorial del PSOE. Por eso, y porque las perspectivas de cara a que la crisis remonte en 2010, a tiempo para la campaña de 2011, no son buenas es por lo que estos movimientos “individuales” no están extrañando en los cuarteles generales del PSOE. Nadie duda del liderazgo de Zapatero. Le quieren, pero... quieren más a su tierra.

Montilla fue el primero

Fue el primero que lo expresó abiertamente. “Los socialistas catalanes te queremos bien, pero aún queremos más a Cataluña”. Corría el verano de 2008, aún no había explotado la crisis económica, pero el presidente de la Generalitat ,. José Montilla, dirigía esta frase a Zapatero para plantearle sus exigencias en materia de financiación.

La posición de independencia respecto al PSOE es la historia misma del Partit dels Socialistes de Catalunya,  el único que no es una federación, sino un partido en sí mismo, asociado al que fundara Pablo Iglesias.Sus desencuentros con sus compañeros de Madrid o Sevilla también jalonan la historia del socialismo español pero cuando quizá más crudamente se han manifestado fue cuando, tras las últimas elecciones catalanas  de 2006, Zapatero presionó a Montilla para que no reeditase el tripartito con ERC e ICV y pactase un gobierno de coalición con CiU y Artur Mas de President. Zapatero lo necesitaba, para tener a CiU de socio en el Congreso de los Diputados, pero Montilla y el PSC no cedieron. “Si perdemos ahora la presidencia, perdemos las siguientes elecciones”, argumentaron. Primero fue Cataluña y su partido antes que las necesidades de Moncloa. Las primeras elecciones del calendario, precisamente, serán las catalanas, este próximo otoño, y las perspectivas no son buenas para el actual tripartito. Quizá la anhelada coalición CiU-PSC de Zapatero pueda surgir este año obligada por la aritmética de las urnas.

Sevilla y Madrid, sin candidatos

A poco más de un año de las próximas municipales los socialistas no tienen candidato definido en dos de las principales capitales del país.

En Sevilla la semana pasada se formalizaba una esperada renuncia, la de su actual regidor, Alfredo Sánchez Monteseirín. Tras tres mandatos consecutivos y diversas coaliciones, el alcalde daba a conocer que no se presentaría como candidato en 2011 para “beneficiar al PSOE”.

El regidor evidenciaba el desgaste de 11 años en el poder y del reciente escándalo de Mercasevilla y unas facturas falsas, que se ha llevado por delante a dos colaboradores suyos, condenados judicialmente en los últimos días.

Sevilla siempre ha sido una plaza difícil de conquistar para los socialistas, a pesar de ser la capital de su feudo andaluz por excelencia, pero, en esta ocasión, la elección del candidato resultará clave.

El próximo secretario general del PSOE-A y presidente de la Junta, José Antonio Griñán, tendrá mucho que decir al respecto. Precisamente, uno de los motivos para acelerar su asunción del poder en el partido residía en tener capacidad de decisión respecto a los candidatos a las próximas municipales. Por el momento nada está claro hasta que Griñán desvele sus cartas en el congreso de este fin de semana y se conozca el núcleo duro de sus futuros colaboradores. El delfín de Monteseirín es Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, actual teniente de alcalde, pero también puede optar el secretario provincial, enfrentado al todavía alcalde, José Antonio Viera.

En cuanto a la capital de España, la historia de fracasos que arrastra el PSOE podría definir el perfil de su próximo candidato, aún sin decidir.

Desde que Zapatero lidera el PSOE ha sido él quien ha decidido, y sus apuestas por Trinidad Jiménez, primero, y Miguel Sebastián, después, se saldaron con sonoras derrotas.

“La hora de los mirlos blancos se ha acabado”, señalan no sólo en el PSM, sino también en otros despachos de poder del PSOE. La opción del actual protavoz socialista en el consistorio, el todavía desconocido para muchos, David Lucas, empieza a cobrar fuerza apoyado en esta convicción. “Tenemos que pensar no sólo en 2011, sino en 2015, hay que apostar por alguien que se quede y trabaje a largo plazo”, explican. Por eso, y porque Tomás Gómez ya se ha decidido por él, cada día son más los que le citan como candidato.

Significativo cambio en la Secretaría de Comunicación por Enric Sopena


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