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Nº
871 - 8 de marzo de 2010 |
Cómo es, realmente, Zapatero Descubrirlo fue el propósito que movió a José García Abad, director de El Siglo, a escribir su sexto libro. Tras recabar testimonios de quienes le conocen, bien por amistad o por haberle acompañado en su itinerario político desde sus orígenes al Gobierno de la nación, el autor ha construido un retrato del presidente inédito, un perfil novedoso donde analiza el porqué de determinadas conductas y acciones políticas y donde desentraña, gracias a las declaraciones de ministros, ex ministros o miembros de la Ejecutiva, su relación con el poder. El Maquiavelo de León (La Esfera de los Libros) está edificado sobre anécdotas significativas que ayudan a entenderle. Éstas son algunas de las más reveladoras.
Por V. M. Los cruasanes y el ‘calladito’ Zapatero Trinidad Jiménez organiza un desayuno con cruasanes en su casa [en 2000]. Le dice a [Jordi] Sevilla que va a convocar un desayuno en su casa al que le gustaría que acudiese y pasan revista a la gente que podría acompañarles en la empresa. Y casi al final de la conversación le consulta: —Oye. Jordi, me han hablado muy bien de un diputado de León, un tal Zapatero; es muy calladito, pero tiene algo… ¿Te parece que le llamemos? Zapatero no dice una palabra. Quien más habla es Caldera que plantea que hay que hacer un think tank. Sevilla discrepa […]. Zapatero no dice nada, pero empieza a actuar. La segunda reunión, a la que acude más gente, tiene lugar en el [hotel] Prado […]. A esta asamblea se incorporan Pepe Blanco y un nutrido grupo de diputados y aquello empieza a tener visos de algo organizado. La referencia es Jesús Caldera […] y el aporte técnico lo pone Jordi Sevilla […]. Al parecer, Blanco había sido presentado a Zapatero por Javier de Paz […]. El leonés filtra a sus amigos periodistas […] que ha nacido un nuevo grupo que va a lanzar un manifiesto que, asegura, «redactaré yo». Los periodistas insisten sobre lo que más morbo tiene, quién dirigirá el grupo, y José Luis les responde con su enigmática sonrisa, lo que despeja las dudas […]. En la siguiente reunión se propone la redacción de un manifiesto. Zapatero y Sevilla expresan su voluntad de redactarlo y al final quedan en hacerlo entre los dos […]. Los periodistas de El País jalean el manifiesto y lo ligan al nombre de José Luis, pero ninguno de los integrantes del grupo con los que ha hablado recuerda que se hiciera una elección formal”. Javier de Paz, el correo del zar Zapatero aprovecha la oportunidad de retribuir los servicios prestados por Javier de Paz y de poner en [Telefónica] a un peón de su absoluta confianza […]. De hecho, en la compañía se había manejado para tan deseado puesto, el nombre de Carlos Solchaga, a quien Zapatero no había dado el plácet. El navarro […] no es un «vieja guardia» trasnochado, sino un valioso compañero que había apostado por el leonés y a quien apoyó en el congreso que le llevó a la cima. Malas lenguas aseguran que precisamente era esto lo que inquietaba al presidente. Es más fácil perdonar al adversario […] que favorecer a quien te ayudó, que, al menos, espera una mayor consideración […]. Durante algunas semanas, al inicio del primer gobierno de Zapatero se da por hecho que Solchaga [se incorporará] al consejo de Telefónica. La noticia, sin embargo, no acaba de producirse […]. El presidente de Telefónica [César Alierta] hace entonces un nuevo intento de que Zapatero le otorgue el nihil obstat para los nombramientos, a través de Javier de Paz […] y es cuando éste le dice: —César, haz lo que quieras, que para eso eres el presidente, pero como amigo te digo que no te engañes, que no pienses que con Solchaga has cumplido con el gobierno, que el navarro no es el hombre del presidente […]. Javier de Paz y César Alierta se vieron frecuentemente […]. En ese ir y venir pasa la primera legislatura […]. Descartado Carlos Solchaga, Alierta le ofrece el puesto de consejero […]. —Javier, estoy encantado de contar contigo pero debes ser consciente de que tendrás un compañero especial: Manuel Pizarro. Su interlocutor […] le dice: —César, esto tengo que consultarlo. Y en efecto, lo consulta con el jefe y éste emite su veredicto inapelable: —Adelante con Manuel Pizarro, siempre que quede […] claro que éste no será jamás presidente de Telefónica […]. Alierta respira aliviado: —¿Entonces puedo contar contigo, Javier? […] Se hace un poco de rogar: —Déjame el fin de semana para pensármelo […]. Son las diez de la mañana del lunes 10 de diciembre de 2007 y Alierta mide nervioso su despacho a grandes zancadas […]. A las once de la mañana recibe la llamada esperada: —A tus órdenes, César. Los 400 euros Zapatero se reúne con David Taguas y Miguel Sebastián y tiene lugar la conversación que transcribo resumidamente […]. ZP: Quiero hacer un recorte de impuestos. Dame ideas. MIGUEL SEBASTIÁN / DAVID TAGUAS: Pues muy sencillo, supongo que quieres hacer una rebaja progresiva; no bajar el tipo, porque si bajas el tipo, a Botín le das unos cuantos miles de euros y a sus empleados muy poquito. ZP: Sí, sí, tenemos que hacerlo progresivo. MS / DT: Muy sencillo, sube el mínimo exento. ZP: Eso no lo entiende nadie. Pensad otra cosa. Y entonces Sebastián y Taguas se ponen a ello y se les ocurre dar 500 euros a todos los contribuyentes y para hacerlo progresivo piensan en quitar al segmento alto, pero después estiman que es muy complicado y que su gestión sería más cara que lo que podría ahorrarse […]. Solbes está en contra de los 400 euros, pero se resiste a enfrentarse con tanta frecuencia con el presidente. El testimonio es de un hombre de confianza del vicepresidente: —[…] El presidente quería bajar los impuestos y Pedro le dice: «Tengo 4.000 millones de euros a tu disposición para las deducciones fiscales que quieras hacer». Se inicia entonces una discusión sobre quiénes deberían beneficiarse de ella […]. Zapatero cree que se pueden dedicar a esta rebaja 6.000 millones de euros en lugar de 4.000 y que entonces pueden beneficiarse todos. A la gente de Solbes les parece una barbaridad, pero, si el jefe se empeña… Cortina, el primer caído Desde que en 2004 llegó al palacio de La Moncloa, trató de meter mano en el mundo empresarial […]. El asunto estaba en el ambiente y hubo quienes, desde sus respectivos intereses, quisieron aprovechar la nueva circunstancia política para apuntar en esa dirección. El primero fue Antonio Brufau, un hombre de La Caixa que, en razón de las participaciones accionariales decisivas de la caja catalana, presidía Gas Natural. Brufau forzó la salida de Cortina de la gran petrolera española, apoyado por Ricardo Fornesa e Isidro Fainé, presidente y director general de La Caixa, respectivamente. Miguel Sebastián, que entonces era director de la Oficina Económica del Presidente, me asegura que intentó impedir el despido de Cortina: —Yo solamente he intervenido personalmente para parar el cambio de un presidente, el de Alfonso Cortina. Me llamaron Isidro Fainé y Ricardo Fornesa el martes de las elecciones, el 16 M; entonces yo era el ministro de Economía in péctore, porque el presidente me había nombrado, por decirlo así, y me dijeron que habían decidido cambiar a Cortina esa misma semana. Esa semana se estaban desmoronando las bolsas, estábamos bajo la conmoción del atentado del 11 M, había una enorme incertidumbre y yo les dije: «Soy tremendamente respetuoso con las decisiones de los accionistas, pero creo que no debéis cambiar ahora al presidente porque se va a generar una incertidumbre brutal». Le dije a Zapatero, que había ganado las elecciones pero que aún no era presidente del Gobierno, «José Luis, en la situación en la que estamos, cambiar al presidente de Repsol sería un error». Y José Luis me dijo: «Tienes razón, diles que no». Y me acerqué a la sede de La Caixa […] para darles el mensaje «Ha dicho José Luis que no». Y lo paré. Eso era en marzo, pero en octubre ya no hubo forma de pararlo […]. Sebastián estimó que pararlo de nuevo sería injerencia y les dijo: «Haced lo que queráis, que vosotros sois los accionistas». Buscando el favor del presidente Zapatero y Sebastián se alegraron cuando el constructor [Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso] entró en Repsol […]. Se suponía que la presencia del murciano en la joya petrolera de la corona serviría para facilitar su españolidad. Pero cuando a Del Rivero se le cae encima el castillo de ladrillo por el estallido de la burbuja inmobiliaria, necesita vender su paquete al mejor postor y resulta que […] es la rusa medio estatal Lukoil […]. Zapatero […] deja hacer y deja pasar. Del Rivero estaba de los nervios, pues Miguel Sebastián, que había facilitado que la italiana Enel se quedara con Endesa, se oponía ahora a la salvadora invasión rusa, a la que, al parecer, también se oponía […] Solbes. El constructor necesitaba la intervención urgente del presidente del Gobierno, pero éste no daba facilidades para el encuentro. Pero el astuto murciano, enterado de que su amigo impartía una conferencia en el hotel Ritz de Madrid, decidió aprovechar la oportunidad para interpelarle […]. Zapatero había terminado su exposición y se iniciaba el turno de preguntas y […] le preguntaron por la posición del gobierno respecto a la intentona de Lukoil para hacerse con Repsol. Y el presidente contestó, con el consiguiente alivio de Luis del Rivero, que el gobierno no se metía en esas cosas […]. Al final del acto se produce el acercamiento al presidente […]. Sin embargo Zapatero, que no tiene un pelo de tonto, evita el encuentro con el constructor. Ya le había dicho en público lo que […] quería saber. De bien nacidos Los favores intercambiados entre el presidente del Gobierno y el de Sacyr Vallehermoso se han producido en ambas direcciones. Zapatero no olvida cuando el murciano le ayuda con el Ave a Barcelona. Hay un momento en que las obras del tren de alta velocidad se atascan y Del Rivero consigue desatascarlas. En cierta ocasión, Zapatero interpeló a Del Rivero: —Oye Luis, ¿por qué no rebajas el peaje de la autopista asturleonesa, que ya sabes que es una promesa que he hecho a mis paisanos? Y Luis, que era dueño de la concesionaria Itínere, aceptó: —Por supuesto, presidente. […]. Los leoneses no agradecieron demasiado el detalle al murciano, pues a lo que su paisano presidente del Gobierno se había comprometido no era a rebajar el peaje, sino a suprimirlo. Pero Luis del Rivero hizo lo que pudo. Sebastián, vicepresidente in péctore Cuando el PSOE gana las elecciones, y antes de que el leonés tomara posesión de las llaves de La Moncloa, le ofreció a Sebastián, que se había convertido en uno de sus mejores amigos, la vicepresidencia económica […]. Las elecciones se habían celebrado un domingo y el lunes Miguel habló con un par de personas a quienes les ofreció puestos en el nuevo gobierno, según me cuenta Jordi Sevilla. El martes Pedro Solbes no sabía nada […]. El miércoles Solbes vuelve a llamar a Sevilla para informarle de que Zapatero le ha ofrecido la vicepresidencia […]. Sevilla no podía creer que Zapatero no le hubiera ofrecido un ministerio a Sebastián. Es evidente que el martes […] Sebastián le dijo al presidente que lo había pensado mejor […]. Su renuncia es todavía un misterio […]. La explicación que me da Sebastián es la siguiente: —En efecto, fui vicepresidente de economía in péctore el lunes, pero rechacé la oferta por varios motivos. Primero, porque no me consideraba preparado; segundo, porque mi compromiso con Zapatero terminaba en marzo de 2004 […]. En la noche electoral el triunfador le comunica: —Te voy a anunciar como ministro de Economía. A partir de ahora eres vicepresidente económico porque yo no me puedo ocupar de todo eso y confío en ti […]. Y Sebastián le aclara: —Ya hablaremos; espero convencerte de que mi nombramiento puede perjudicarte, no creo que sea lo mejor para ti. El asalto a BBVA Luis del Rivero […] quizás contara, como un importante factor que le favorecía, el hecho de que Miguel Sebastián, el influyente director de la Oficina Económica del Presidente, había sido despedido del banco [BBVA] por Francisco González, su presidente […]. Zapatero había creado […] un grupo de economistas […], un think tank encargado de elaborar el programa económico del PSOE de cara a las inminentes elecciones. A los oídos de FG [siglas de Francisco González] llega el soplo de que Miguel Sebastián y su segundo, David Taguas, forman parte de este grupo […]. Ante las protestas del vicepresidente económico, Rodrigo Rato, y del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, Francisco González decide cesar a Miguel Sebastián […]. Se supone que cuando Zapatero gana las elecciones, Sebastián puede recomendar el desplazamiento de su antiguo jefe por razones personales y políticas. Sin embargo, Sebastián asegura con toda firmeza que se opone a esta medida, en razón, justamente, de su pasada relación con el banco […]. Del Rivero avala, en conversación con el autor, la versión de Sebastián. Sin embargo, cuando Del Rivero se entrevista con el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, para informarle de la operación en marcha, le asegura que Zapatero, Sebastián y Solbes la apoyan. La idea no parte de Moncloa, sino de Luis del Rivero […]. Lo primero es informarle a José María Aznar, por medio del amigo de ambos Juan Abelló, y obtenido supuestamente su plácet, intenta valerse del apoyo gubernamental. En efecto, Abelló había hablado con José María Aznar y le había dicho: «Mira presidente, el gobierno está decidido a echar a Paco y, antes de que nos pongan a un socialista de presidente, mejor es que lo sea uno de los nuestros». Abelló salió de la entrevista convencido de que el ex presidente apoyaba la operación […]. Entonces el constructor se dirige a Moncloa –reconoce que habló con Teresa Fernández de la Vega dos veces y niega que hablara con Zapatero en aquel momento–, y en Moncloa le remiten a Miguel Sebastián […], y sólo entonces se le encamina hacia Solbes. Si Del Rivero no tuviera intenciones de conseguir apoyo político se habría dirigido directamente al ministro de Economía o al gobernador del Banco de España. La politización del asunto desde su origen ofrece pocas dudas, pero la iniciativa no partió del gobierno, aunque éste viera la operación con buenos ojos, pues […] Zapatero antes de alcanzar el poder había dicho que esperaba la dimisión de los presidentes colocados por José María Aznar […]. Del Rivero no oculta, en la conversación que mantuve con él, que en este asunto pueden cruzarse distintas facetas […]. Y añade una constatación irónica: —¿Estaba el gobierno en la operación? Pues en razón de los resultados más valdría que hubiera estado la oposición. El otro gobierno, cuando quiso poner a Pepito en un sillón, lo puso […]. —Fuimos a Moncloa a ver qué les parecía –me resume Luis del Rivero– en el otoño de 2004, y nos pasaron a Sebastián. Éste me asegura que recibe al constructor, le escucha, pero se lava las manos como Pilatos, pues se sentía incómodo por su pasada relación con el banco y le encomienda a Pedro Solbes, Caifás, el sumo sacerdote: —Vete a Economía, que este tema no es mío. Y al parecer, según otras fuentes, Caifás dice que sí, porque si Caifás no hubiera dicho que sí, Abelló hubiera seguido de consejero del Santander y la operación no hubiera continuado. Si dimitió es porque alguien le animó a hacerlo. Luis del Rivero se dirige a Pedro Solbes, según las indicaciones del director de la Oficina Económica: —Fuimos a ver al vicepresidente cinco personas de Sacyr y los amigos que nos acompañaban en la operación: Santiago Ibarra, hermano mayor de Emilio […]; Matías Cortés, Demetrio Carceller, Juan Abelló y yo. Le fuimos a informar de nuestros planes y el ministro nos buscó rápidamente una cita con el gobernador. Nos recibió Caruana, tomó nota y no nos prometió nada. Nos fuimos y, a partir de entonces, empezaron a decir que era un tema político y se lanzó una formidable campaña mediática. Al gobernador no le pareció significativa una participación del 5 por ciento cuando todo el consejo tenía el 0,8. sus razones tendría. He procurado constatar lo que pasó en la intentona fallida del murciano por hacerse con el control de BBVA desde las perspectivas de sus principales protagonistas. Por lo que he podido averiguar, el asalto al banco transcurrió como sigue: […]. Del Rivero telefonea a Francisco González, pero éste está fuera de España, así que se dirige al consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri […] «José Ignacio, quiero verte para un asunto muy importante» […]. El constructor y el banquero dedican los primeros minutos a comentar el partido Atlético de Madrid-Real Sociedad que había tenido lugar el día anterior. Resuelta esta cuestión, el primero entra directamente en materia: —Quiero que sepas que hay una operación en marcha para entrar en el BBVA. Contamos con el apoyo del gobierno y del Partido Popular; con los accionistas de Sacyr Vallehermoso […]; tenemos el apoyo de accionistas importantes a los que echó FG de la dirección del banco […]. El murciano añade, al parecer, una amenaza: Francisco González no tendrá más remedio que dimitir porque disponen de un abultado dossier de las irregularidades de la venta de su sociedad de valores a Merrill Lynch […]. —Así que –concluye Del Rivero– está todo en marcha y Zapatero apoya la operación porque Miguel Sebastián le ha convencido. No sólo por lo que representa el banco en sí mismo, sino también porque BBVA posee un 5 por ciento de Telefónica y no se te oculta que Alierta también tendrá que dimitir […]. Te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar, je, je, je, lo que te propongo es que nos apoyes y te haremos vicepresidente primero y seguirás siendo consejero delegado. Al presidente y al vicepresidente segundo los pondremos nosotros. Goirigolzarri parece que se deja querer y el murciano, eufórico, no se corta un pelo […]. —Alguien, con autoridad suficiente, va a llamar a tu jefe, será el Elefante Blanco, je, je, je, y a partir de ahí las cosas irán muy rápidas, así que no lo dudes… El «Elefante Blanco» […], cuando anuncia la presencia de una autoridad […], es en este caso una autoridad «monetaria, por supuesto», concretamente Pedro Solbes, la máxima autoridad económica. ¿Hablará el murciano de farol o se lo habían prometido? En los cuarteles de Sebastián y Taguas se piensa que Solbes les traicionó, que primero le dice a Abelló en un almuerzo en casa de éste que adelante, y más tarde, tras hablar con FG, se pone de su parte […]. Goirigolzarri pregunta quién será el presidente, a lo que el murciano se muestra algo dubitativo: —Queremos que sea aceptable por el gobierno y por la oposición. Lo más probable es que sea Juan Abelló […]. Tendrá que cesar como consejero del Santander, como es natural, pero está dispuesto a ello; aunque los socialistas prefieren a Pepe Pérez, que ya sabes que fue director general de tu banco, además de director general del Banco de España y que es de los de Intermoney, donde estuvo Miguel Sebastián. Ya veremos. Y es cuando, al parecer, Goirigolzarri, se insinúa […] y que si no le hacían presidente que no contaran con él. En cuanto Goirigolzarri llega a su despacho telefonea a su jefe […], a quien cuenta lo acontecido. FG parece tomárselo con calma […]. Pocos días después tendría lugar la reunión del consejo de administración […]. Ese mismo día Francisco González había recibido la llamada de Luis del Rivero, quien le anuncia la próxima llamada de Pedro Solbes y le pide su rendición, pero el primero decide resistir a toda costa […]. En la reunión del consejo, el presidente da cuenta del asunto […]. El consejo apoya a su presidente al cien por cien. González no recibe la anunciada llamada del vicepresidente económico y al día siguiente se marcha a Venezuela, como tenía programado […]. A partir de entonces se produce una lucha sin cuartel, que puede seguirse en las hemerotecas. ZP y FG hacen las paces Los enredos de Endesa Desmontando al presidente |
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