Relevo en la Comunicación del Gobierno
TAMBORES DE CRISIS
EN EL GOBIERNO
Harto de los errores de comunicación que se han vivido en el Gobierno durante las últimas semanas, José Luis Rodríguez Zapatero ha dado un puñetazo en la mesa
para relevar a uno de los cargos más importantes que le rodean en Moncloa. El
presidente ha sustituido a la secretaria de Estado de Comunicación que María
Teresa Fernández de la Vega eligió hace menos de dos años, la periodista de la SER
Nieves Goicoechea, por Félix Monteira, el hasta ahora director de Público. De la
Vega pierde así otra partida tras quedarse fuera de la 'troica anticrisis', un paso
más en el proceso de amortización de quien tiene muchas papeletas para salir del
Ejecutivo en la próxima remodelación, de la que esta 'minicrisis' puede ser un
preludio. Por otro lado, con la elección del ya ex director del diario de Jaume
Roures, un histórico de Prisa que salió del grupo enfrentado con el director de El
País, Javier Moreno, y con Juan Luis Cebrián, Zapatero parece mostrar nuevamente
su confianza en el grupo mediático que más le ha apoyado
Por Manuel Capilla
La Secretaría de Estado de Comunicación está empezando a convertirse en un cargo maldito, en el
que Zapatero no consigue encontrar la estabilidad necesaria. Ninguna de las
personas que han pasado por él desde que
llegara a la Moncloa ha llegado a estar tres
años en él. El primero que lo ocupó, Miguel
Barroso, realizó una tarea muy importante
para Zapatero, rediseñando el mapa audiovisual español con las concesiones a Cuatro
y La Sexta y firmando la paz con el resto de
grupos aplicando el principio de 'TDT para
todos'. Los problemas empezaron cuando el
marido de Carme Chacón decidió abandonar el cargo a finales de 2005 para ejercer
de asesor de Zapatero en la sombra con total libertad, desde su puesto como responsable de la Casa de América de Madrid. Con
la intención de proporcionar a la Secretaría
de Estado de un perfil más político llegó Fernando Moraleda, una persona de confianza
de Zapatero que procedía de la Secretaría de Estado de Agricultura y que, en principio, iba a asumir la labor de "portavoz del día a día", según explicaban desde Moncloa por aquel entonces, aunque la tarea de portavoz oficial del Ejecutivo siguiese siendo desempeñada por Fernández de la Vega. Pero la 'vice' no estaba dispuesta a ceder ni un ápice de sus atribuciones y los roces entre ambos no tardaron en aparecer. Moraleda terminó arrinconado por el despliegue de De la Vega y ésta eligió para sustituirle a una persona con un perfil mucho más técnico, la responsable de la información de Moncloa de la SER, Nieves Goicoechea.
Sin embargo, Zapatero ha decidido poner punto final a la cierta sensación de descoordinación que ha transmitido el Gobierno últimamente a causa de sus errores de comunicación, que han sido varios y gruesos. El primero tuvo que ver con el envío a Bruselas de un documento elaborado por Economía que explicaba la estrategia del Gobierno para atajar el déficit. En él se analizaban los efectos positivos para las finanzas que tendría la ampliación del periodo de cálculo de la jubilación. El documento se hizo público por la mañana y, ante la polémica que se originó, a primera hora de la tarde el Gobierno emitía un comunicado en el que explicaba que esos cálculos se habían incluido en el documento solamente a modo de ejemplo. Pero ha habido más fallos. El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, hacía públicos unos datos sobre la economía sumergida, basados en estimaciones de varios organismos internacionales, y el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, le desacreditaba automáticamente, esgrimiendo la obviedad de que la economía sumergida, al ser sumergida, no puede ser contabilizada estadísticamente. El último episodio ha girado en torno al sueldo de los funcionarios, un asunto en el que el Gobierno también ha sido capaz de decir una cosa y la contraria en el espacio de unas pocas horas. En este caso, el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, señalaba que quizá habría que revisar el acuerdo suscrito con los sindicatos y poco después su jefa, Elena Salgado, afirmaba que el Gobierno no contemplaba esa posibilidad.
El responsable de ejecutar el golpe de timón va a ser un hombre que ha desarrollado casi toda su carrera profesional en el grupo Prisa. Monteira entró formar parte del equipo fundacional de El País como auxiliar en el departamento de Documentación del diario para dar el salto más tarde a la redacción del periódico, pasando por la sección de Economía y de ahí a la corresponsalía en Bruselas entre 1985 y 1990. A su regreso fue designado jefe de la sección de Nacional, luego subdirector y posteriormente pasó a dirigir Cinco Días en sustitución de Fernando González Urbaneja. Fue algunos años más tarde cuando se cruzó en su trayectoria
Javier Moreno por primera vez, en esa ocasión para sucederle al frente del diario económico. Monteira se reincorporó a El País como subdirector, y allí duró lo que tardó en llegar Javier Moreno a la dirección de la cabecera histórica de Prisa, en 2006. Moreno le envió a Galicia a preparar el lanzamiento de una edición gallega del diario, pero el ahora secretario de Estado de Comunicación
no se encontraba cómodo allí. Intentó negociar un regreso a Madrid con Moreno, pero el acuerdo fue imposible y Jaume Roures aprovechó el desencuentro para ficharle como máximo responsable de Público. Poco más de un año después, Monteira abandona el proyecto del dueño de Mediapro para acudir a la llamada de Zapatero, al que conoce desde el año 2000, cuando éste accedió a la secretaría general del PSOE. Durante su segunda etapa como subdirector de El País, Monteira realizó varias entrevistas a Zapatero, y en ellas fue donde se fraguó la relación de confianza que ha llevado al presidente del Gobierno a decantarse por el hasta ahora responsable de Público.
Desde Moncloa se ha argumentado que la elección de Monteira se debe a su experiencia como periodista económico, en un momento en que la crisis es la prioridad del Ejecutivo. Por su parte, el PP considera que Zapatero gira hacia un grupo de comunicación que se ha visto beneficiado por muchas de sus decisiones, como la concesión de la licencia para La Sexta. Al margen del nombre que se le quiera poner, la elección de Monteira es efectivamente un guiño hacia Roures pero trastoca un poco el proyecto que el empresario catalán tenía diseñado para su diario. De hecho, Monteira era su primera opción para dirigir Público cuando se empezaba a gestar en 2007, pero se dejó convencer por los argumentos que defendían un perfil diferente para un diario con vocación innovadora. Un perfil que se ajustaba más al de Nacho Escolar, joven, con cierta experiencia en los medios y, sobre todo, familiarizado con las posibilidades de las nuevas tecnologías gracias a su trabajo como 'bloguero'. No fue hasta el año pasado cuando Roures decidió dar un giro al diario y pudo contratar al director que tenía en mente. La gestión de Monteira ha sido muy exitosa, ya que ha conseguido doblar la difusión del periódico, pero poco le ha durado al dueño de Mediapro su flamante fichaje. El número dos del diario desde su creación, Jesús Maraña, asumirá a partir de ahora las riendas del proyecto, consumando una más de las muchas remodelaciones que ha sufrido la cúpula de Público desde su fundación. La salida más sonada fue la de Juan Pedro Valentín, que apenas duró unos meses como director general del periódico, del que salió para incorporarse a TVE.
Más complicado ha sido lo sucedido con Ernesto Ekáizer, 'robado' a El País para ocupar el cargo de editor ejecutivo, creado a medida para él. Su modo de trabajar terminó por enfrentarle con buena parte de la redacción, provocando que finalmente haya quedado relegado como columnista.
El gesto hacia Roures que constituye el nombramiento de Monteira llega precisamente en el momento en que se ha intentado reconstruir las relaciones entre el gobierno y Prisa en algunas conversaciones con interlocutores de primerísima fila. Como desvelaba EL SIGLO en su número 851 ('El Gobierno negocia con Prisa'), los contactos los han encabezado dos representantes de la vieja guardia socialista el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba y el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, a los que se sumó también el nuevo hombre fuerte del Gobierno, José Blanco. Por parte de Prisa ha sido el propio Juan Luis Cebrián el que ha intentado tender puentes, acompañado por
el consejero delegado de la Cadena Ser, Augusto Delkader.
Los ánimos quedaron apaciguados después de las heridas abiertas a raíz de la decisión del gobierno de dar luz verde a la TDT de pago de forma repentina en pleno agosto. Una decisión que favorecía claramente a Roures y que tuvo por respuesta algunos editoriales durísimos de El País criticando la gestión económica del gabinete de Zapatero. La entrada de Telefónica en Sogecable con los ánimos del Gobierno, una operación que ha aliviado en buena medida las dificultades financieras de Prisa, ha terminado por estabilizar las relaciones. El nombramiento de Monteira no habrá sido aplaudido en las altas esferas de Prisa, pero la descoordinación del Gobierno en materia comunicativa ha pesado más que la necesidad de llevarse bien con el grupo que ha apoyado tradicionalmente al PSOE. •
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