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Nº 871 - 8 de marzo de 2010

¿Una receta para la crisis?

por Santiago Carrillo

E xiste una receta segura, indiscutible para afrontar la crisis que vive hoy el mundo?

A juzgar por las declaraciones del gobernador del Banco de España y de algunos eminentes economistas, se diría que sí. Y a primera vista parece muy fácil. Bastaría con dar más poderes a las grandes empresas y a los bancos para despedir a obreros y empleados, rebajando salarios y sueldos, los subsidios y pensiones, la Seguridad Social, y dedicar todos los dineros que se invierten en estos menesteres a aumentar el beneficio de empresas y bancos. Ese es el plan del Sr. Rajoy y de ese genio de las finanzas que es el Sr. Montoro, aunque éstos eviten defenderlo claramente porque estando en permanente campaña electoral la claridad podría restarles votos.

Mirando la historia de otras crisis parece que unos y otros coincidimos en que la actual sólo se parece a la de los años treinta del siglo pasado, cuyo epicentro se situó en los Estados Unidos –como sucede ahora–, y no es ocioso recordar que allí no se resolvió con la receta que se nos propone para afrontar la de hoy.

Y no es malo recordar que en los EE UU la crisis no se trató con éxito hasta la elección de Franklin Delano Roosevelt en 1932. Su antecesor, el republicano Hower, más cerca de las recetas que nos proponen hoy como seguras, fue por eso derrotado en dichas elecciones presidenciales.

Roosevelt utilizó otra receta, que se conoció con el nombre de New Deal, que reformó profundamente el sistema económico y social norteamericano produciendo una profunda redistribución de la riqueza . El New Deal utilizó el poder del Estado para crear empleo con grandesproyectos públicos; elevó los salarios de los trabajadores y las prestaciones sociales a éstos. ¿Cómo lo logró en plena crisis?. Elevando el impuesto sobre la renta de los ricos hasta el 63 por ciento en su primer mandato y hasta el 79 por ciento en el segundo; subiendo el impuesto de sucesiones del 20 al 45 por ciento, primero, para llegar finalmente hasta el 75 por ciento.

Para dar una idea del espíritu que animó la política de Roosevelt, reproduzco las siguientes palabras del discurso que pronunció al final de su segunda campaña electoral victoriosa –año 1936– en el Madison Square Garden de Nueva York–: "Hemos tenido que enfrentarnos a los tradicionales enemigos de la paz social: los monopolios empresariales y financieros, los especuladores, los banqueros sin escrúpulos, aquellos que promovieron los antagonismos de clase o el secesionismos y quienes se enriquecieron a costa de la guerra.
Todos habían llegado a pensar queel gobierno de Estados Unidos no era más que un mero instrumento al servicio de sus propios intereses. Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado.

Nunca antes habían estados esas fuerzas tan unidas contra un candidato como lo están en la actualidad. Su odio hacía mí es unánime y lo asumo satisfecho".

Hoy, en plena globalización, lo que suele llamarse la "comunidad internacional" debería inspirarse en el New Deal y utilizar el poder de los Estados para lograr una redistribución más justa de la riqueza, que ha vuelto a concentrarse en un reducido número de manos. Lamentablemente, la debilidad de la izquierda hace que en el segundo año de la crisis no aparezca, al menos de momento, la posibilidad de lograrlo. Pero lo que resulta incuestionable es, como decía Rooselvet, que "un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado", porque hoy el dinero organizado ya se confunde en los flujos del capital que cruzan el planeta a la velocidad de la luz: el dinero negro del tráfico delictivo y el otro. En el capitalismo actual ambos terminan siendo uno solo, con sus santuarios seguros: los paraísos fiscales.•

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