Nº 871
8/3/2010

 

Monteira preconiza un cambio profundo

El nombramiento de Félix Monteira, director del diario zapaterista Público,  para el cargo de secretario de Estado de Comunicación parece indicar que José Luis Rodríguez Zapatero ha asumido la dura realidad: la acelerada caída de su popularidad y de las expectativas electorales de su partido reflejadas en todas las encuestas, las realizadas a nivel nacional y las referidas a las autonómicas y municipales.

Monteira, a pesar de su demostrada competencia, no puede hacer muchos milagros. El deterioro de la imagen del presidente y de su gabinete no responden a un mero problema de comunicación que un mago de la imagen pueda enderezar con su varita mágica. La caída de Rodríguez Zapatero en las encuestas corresponde a la valoración ciudadana de su gestión.

Como dijo José Blanco en una reunión con los dirigentes socialistas: una crisis económica no se lleva por delante a un gobierno; lo que puede hundirle es, obviamente, que la ciudadanía desconfíe de su capacidad para gestionarla; recuérdese que en pleno trienio negro, con una crisis económica de caballo –1992-1994– Felipe González ganó las elecciones una vez más.

Como decía antes, no puede esperarse que Félix Monteira haga grandes prodigios, pero sí que se implicará a fondo, como hace en todos los menesteres en los que se compromete, para frenar el deterioro. Él sabe bien, como todos los profesionales del periodismo, lo que tiene de triste consuelo la falsa autocrítica de los gobernantes en apuros; en realidad de todos los gobernantes, que recurren al latiguillo: "Lo hacemos bien pero no sabemos explicarlo".

Las cosas hay que hacerlas bien y explicarlas adecuadamente, lo que no depende tanto de la aplicación de novedosas técnicas publicitarias o de marketing como de una política inteligente basada en la verdad, la claridad y la transparencia. Y, desde luego, se necesita que el marketing cuente con un buen producto para poner a la venta.

Nieves Goicoechea deja el cargo con el respeto de todos y, desde luego, con el mío que me complazco en expresar en estos momentos. Nieves ha desempeñado su difícil tarea con pulcritud, laboriosidad y suma lealtad pero ella misma confesaba que su implicación política era muy limitada y que así lo había hecho notar desde que fue nombrada. Quería ceñirse a los aspectos técnicos, a la organización de ruedas de prensa y ceremonias similares.

En realidad, ése era el perfil que se esperaba de ella después de que Teresa Fernández de la Vega forzase la caída de su antecesor, Fernando Moraleda, que había tratado de ejercer de "portavoz complementario", lo que fue rechazado, al parecer, por la vicepresidenta, celosa de su papel de portavoz exclusiva. Su aparición semanal tras la reunión del Consejo de Ministros le da, en efecto, una presencia mediática envidiable y envidiada.

El nombramiento de Félix Monteira, berciano de pro, acreeedor de un currículo profesional apabullante y una resistencia y capacidad de trabajo envidiables, es un acierto del presidente del Gobierno pero no hay que interpretarlo como un caso aislado.

Me da la impresión de que semejante fichaje pudiera ser el anuncio de un cambio más profundo en el gabinete ministerial. La mayor parte de los ministros está en trance de ingresar en la unidad de quemados de La Moncloa, según expresión que tomo prestada de nuestro admirado colaborador Miguel Ángel Aguilar.

Zapatero necesita con urgencia confeccionar un gabinete de peso, a lo que hasta ahora no ha prestado demasiada atención al considerarse el Referente Único, el Portador Privilegiado de la Verdad, relegando a los ministros al rango de secretarios o de chicos de coro, cuando no al mero ejercicio de la clac. El presidente está dotado de buena nariz, vista larga y orejas avezadas que quizás le aconsejen una nueva estrategia, mediática y de todo lo demás, que le permita remontar una situación que se deteriora por momentos.

No sólo es muy baja la valoración que las encuestas reflejan sobre el Gobierno y fiabilidad de su presidente, sino también son penosas las expectativas de cara a las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán dentro de quince meses.

Hay coincidencia entre los barones socialistas de que se va a producir un importante retroceso en todas las comunidades autónomas y en algunos ayuntamientos importantes.

Llamo la atención a este respecto sobre nuestro tema de portada que hemos titulado: "Te queremos José Luis, pero…" parafraseando la célebre frase de José Montilla; el presidente de la Generalitat concluyó la oración con un pero: "Pero más queremos a Cataluña".

Otros barones han visto la necesidad de distanciarse un tanto del efecto Zapatero que, si fue una pócima maravillosa, puede aportar ahora contraindicaciones. Es lo que empieza a calificarse de síndrome Barreda.

José García Abad


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