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Nº
871 - 8 de marzo de 2010 |
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Parece que regresa el general Cascos, como se le conocía coloquialmente en el interior del PP en sus momentos de máxima gloria, al primer plano de la política. Y se afirma en círculos próximos al personaje que tiene intención de presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno autonómico de Asturias. Fue secretario general del PP durante la era de José María Aznar en la oposición y luego vicepresidente primero del Gobierno popular, cargo del que fue apeado para ser ministro de Fomento. Su poder llegó a ser omnímodo, aunque decreciente, y hasta se retiró formalmente de la política activa. Sus relaciones con Aznar se quebraron cuando tuvo que bajar en el escalafón o irse a su casa. Prefirió ser ministro que irse a su casa. Desde que se cortó la coleta, lo que hizo tras la derrota del PP el 14 de marzo de 2004, Cascos se ha ido difuminando. Pero el diario Público dedicó a este renacido político una doble página el pasado 28 de febrero. “Hasta 2007 no se animó a participar de nuevo en un mitin. Coincidiendo con las elecciones municipales y autonómicas acudió a arropar la candidatura de Esperanza Aguirre. Por aquel entonces se comentó que la líder del PP de Madrid le había ofrecido un puesto como consejero de Infraestructuras en su Gobierno. Desde entonces, sus intervenciones han sido contadas. Hasta ahora, que vuelve a dejarse ver y querer. Y curiosamente mucho por su tierra”, según narra la periodista María Jesús Güemes en el periódico del catalán Roures, considerado ese diario como el más próximo a José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que es del todo cierto son las reacciones favorables a Francisco Álvarez-Cascos en el seno del PP asturiano. “Varios dirigentes del PP asturiano han hecho público un comunicado en el que solicitan a la dirección regional que “se le pida (…) a Cascos que adopte la decisión de regresar a la política activa en Asturias con el fin de encabezar la candidatura autonómica del PP al Principado de Asturias en mayo de 2011” y que para ello, active “los cauces” necesarios. La promotora de la iniciativa fue la alcaldesa de Peñamallera Alta, Rosa Domínguez de Posada. Lo hizo, según cuenta, “porque la gente de la calle” se lo pedía. “Aquí es un clamor”. La regidora cree que no hay nadie mejor que (…) Cascos para el cargo porque “con él Asturias siempre estuvo representada en el Consejo de Ministros y volverá a ser protagonista”. “Creo que es una ola imparable”, sostiene la alcaldesa fan del en otra hora uno de los hombres más fuertes de la derecha española. Nadie recuerda, en cambio, o no quiere recordar ahora, paradójicamente, que fue por cierto Cascos el que se cepilló por cuestiones estrictamente personales a Sergio Marqués, el primer presidente del PP que tuvo Asturias desde que en España se instaló el Estado de las Autonomías. Cascos, que es un tirano en potencia y un dictador en esencia, no pudo soportar que su segunda mujer, Gema Ruiz, más tarde una de las bailarinas de Mira quién baila, durante su época reciente en TVE, fuera ninguneada por Marqués y la esposa de éste, íntima amiga de la primera mujer de Cascos, en un acto oficial. Eso significó la sentencia de muerte política de Marqués, que acabó saliendo del PP y montando un partidito destinado al naufragio. Marqués, en todo caso, llegó a la presidencia asturiana gracias al pacto llamado la pinza entre Julio Anguita, líder del PCE, y José María Aznar, líder del PP y presidente del Gobierno. El jefe de IU en Asturias era entonces Gaspar Llamazares, quien podría explicar muchas cosas de cómo alcanzo el estrellato presidencial el tal Marqués y cómo cayó en desgracia por orden del Generalísimo Cascos. Los movimientos de retorno de Cascos
inquietan e irritan en Génova 13 y singularmente cabrean a María Dolores de
Cospedal. “Las relaciones entre ambos están deterioradas desde que, en
noviembre de 2008, el ex ministro arremetió duramente contra la cúpula del PP
(…) Cascos señaló que el problema de su partido era de “proyecto, equipo y
trabajo”, advierte la periodista de Público. Cospedal antes se había metido con
Cascos y había cargado contra los críticos de su partido acusándolos de ser
unos “cobardes que reman en contra”. Estas palabras, que implícitamente iban
contra Cascos, lograron enfurecer al ex vicepresidente del Gobierno de José
María Aznar. Es una guerra entre el antiguo secretario general y la actual
secretaria general. Los dimes y diretes en plena batalla interna del PP, con
Rajoy en la cuerda floja, incluían por parte de Cascos despectivas referencias
tanto a Cospedal como a Soraya Sáenz de Santamaría, mal vistas por la vieja
guardia aznarista. En el caso de Cascos sus descalificaciones hacia Cospedal y
Sáenz de Santamaría, además, han de entenderse en clave machista. Cascos lo es
y eso lo sabe media España y la otra media, también. No parece tampoco que
Cascos sea un entusiasta de Mariano Rajoy, al que debe de describir
probablemente con vejaciones dialécticas muy semejantes a las que le prodigaba
Federico Jiménez Losantos desde los micrófonos de la COPE. Si Cascos consigue
su objetivo de ser el presidente de Asturias, su elección podría suponer para
el PP “pan para hoy y hambre para mañana”. Al bronco Cascos no hay quien le
aguante. |
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