Leopoldo Abadía, autor de 'La hora de los sensatos'
"NO HACE FALTA GENTE
QUE GOBIERNE SINO QUE
DIRIJA"
El mediático ingeniero industrial, economista y escritor Leopoldo Abadía cocina
desde la ironía los ingredientes urgentes para salir de la crisis económica en La
hora de los sensatos (Espasa-Calpe). En él, desarrolla su teoría del safety car. En
Fórmula 1 es un coche de seguridad que sale a pista cuando surge un problema. No
pretende ganar la carrera, sólo rodar para solucionar las cosas y marcharse. Abadía
propone un "coche de los sensatos" en el que se sienten dirigentes y no
gobernantes. Su anterior obra, La crisis Ninja (Espasa-Calpe), fue el libro de no
ficción más vendido en 2009. Siempre reclama seriedad a los políticos.
PorL.M.
Para cuándo un safety car?
—Es urgente. Tal y como están las cosas, para ya. El desconcierto es tremendo. Estos tíos [por los dirigentes políticos] han perdido el oremus. Hace falta poner orden.
—Cuando dice que han perdido el juicio, ¿se refiere a hechos como que el Gobierno diese marcha atrás en su propuesta de elevar a 25 años la base para calcular las pensiones?
—Mandamos a la Comisión Europea la Actualización del Programa de Estabilidad 20092013 y un par de horas más tarde decimos que no estaba bien explicado. [Se suprimió dicha propuesta el pasado 3 de febrero, después de darse a conocer por los medios de comunicación, porque era "un ejemplo"]. A esto y a otras muchas cosas llamo perder el oremus. Todas estas noticias que van saliendo día a día te hacen dar cuenta de que en estos momentos están muy perdidos. Se han perdido los de un lado y los de otro. No podemos decir que la oposición se esté luciendo. Lo está haciendo muy mal, muy mal, muy mal. Es preocupante, porque si el Gobierno lo hace mal, ya se sabe que hay una alternativa. Pero si la oposición lo hace tan mal como el Ejecutivo, entonces no hay alternativas.
—En el libro escribe que "la culpa de todoslos fracasos y de todos los éxitos es del Gobierno de turno", que "no se puede decir que la situación es heredada".
—Cuando hay un safety car no se admite decir que "hemos medido la pata porque aquí hace 64 años...". Eso no vale. "Hemos metido la pata", y punto. En cualquier empresa, cuando se mete la pata, que se mete porque es natural, la gente acarrea con sus consecuencias.
—¿Los políticos son conscientes de que "la política no es el arte de eternizarse en el poder"?
—La política no es el arte de conquistar el poder, no es el arte de ganar elecciones, no es el arte de mantenerse en el poder. Cuando Nicolas Sarkozy dijo de nuestro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que tiene la gran virtud de que sabe ganar elecciones... Pues, ¡que se presente a las del Fútbol Club Barcelona! Eso no es una virtud. La política es lo de pensar en el bien común y hacer todo lo posible por él.
—¿Qué quiere decir con hacer todo lo posible por el bien común?
—Construir una España formada por gente muy responsable, que ésta madure mucho y que no piense que esto lo saca adelante el Gobierno a base de subvenciones. Si el objetivo es ganar elecciones, miro continuamente a la urna y digo lo que convenga a losseñores que me puedan echar 12 votos. Y digo lo que convenga a otros señores que me puedan echar otros 12 votos. Al final, digo lo que convenga a no sé cuántos grupitos y sale un lío. Eso no es dirigir. No hace falta gente que gobierne sino que dirija. Dirigir quiere decir saber dónde estamos, saber dónde queremos ir, determinar qué hay que hacer para pasar de un lugar a otro, saber quién lo va a hacer, saber cuánto dinero va a costar y hacerlo. En estos momentos, no sabemos ni dónde estamos ni dónde queremos ir ni llevamos una dirección.
—¿Escasea con frecuencia el sentido común?
—A nivel de los políticos, no existe. A nivel de la calle, no escasea. Imparto muchas conferencias y la gente que acude a ellas me pregunta qué me parece esto de la edad de la jubilación a los 67 años, por el paro o por cuándo saldremos de ésta. Se ve que la gente de la calle es normal, mientras que los que nos gobiernan están mirando la urna de las elecciones todo el día. Así se consigue que no haya ni orden ni concierto.
—Lo de la jubilación a los 67 años no parece que sea una medida con la que se mire a las urnas.
—Cierto; aunque inmediatamente, en cuanto temen que pasa algo, retiran las medidas o las matizan. Paralelamente a la falta de sentido común, la administración que se lleva es de pena. Se acaba el dinero y hay que hacer cosas. Lo de retrasar la edad de jubilación a los 67 años es para que los afectados coticen por dos años más y para que no cobren pensiones. El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, asegura que la Seguridad Social tiene una salud de hierro; el hierro está un poco oxidado.
—¿Qué medidas adoptaría para llevar a cabo un Presupuesto Base Cero de las cuentas del Estado?
—Habría que empezar desde cero, preguntándose si son necesarios todos los Ministerios. Eliminaríamos los que no lo fueran. Después, los responsables de los que sí que hacen falta se preguntarían en qué gastan el dinero y si cada gasto que hacen es necesario. Es una tarea que también deberían llevar a cabo en el resto de administraciones. Como no se puede echar a cien mil personas a la calle, se harían dos presupuestos: el de verdad y el hinchado. Este último habría que irlo amortizando poco a poco, para que sólo tengamos el de verdad lo antes posible.
—Precisamente, desde las filas socialistas, el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ha recomendado recientemente a Zapatero reducir Ministerios.
—Barreda pide que se discurra con la cabeza en vez de con los pies. En un país pobre, como es España, y repito lo de pobre, no podemos gastar y gastar. Hay que estudiar profundamente, y muy rápidamente, el Presupuesto Base Cero. A lo mejor se concluye que todos los Ministerios son fundamentales, algo que no me creo.
—¿Cuáles sobrarían?
—Prefiero no decirlo. Es sencillo verlo con los Presupuestos Generales del Estado en la mano. Por ejemplo, el Ministerio de Igualdad cuenta en 2010 con 77,6 millones de euros para hacer frente a sus gastos generales. Eso no es nada. El Gobierno, con esa cifra, dice oficialmente al público que dicho Ministerio no sirve para nada. Y hay más que se encuentran en situación similar.
—Por otra parte, ¿se han acostumbrado las personas a que les den todo hecho?
—Es algo a lo que nos acostumbramos todos fácilmente. Si me acostumbro a que me lo des todo hecho, protestaré el día que no lo hagas. Es muy bueno que alguien nos diga que para vivir hay que ganárselo. Tenemos que sacarnos las castañas del fuego nosotros. A un país hay que educarlo en el esfuerzo. Por eso, escribo en el libro que quiero que se instituya el vicepresidente de la Buena Educación.
—¿Se solucionaría el problema educando a los jóvenes, primero en sus obligaciones yluego en sus derechos?
—Por supuesto. A los jóvenes y a los mayores. Hay que educar a todos. Tengo la sensación de que esta temporada mala, y larga, que estamos pasando, y que durará todavía bastante, va a tener como consecuencia positiva el que la gente va a pensar que se tiene que ganar la vida como sea. Si no, esto va a ser un país de merenguitos.
—Como comenta en La hora de los sensatos, ¿aquí, "todos exigimos y nadie trabajamos"?
—Ya sé que en estos momentos en España trabaja mucha gente. Todos exigimos, yo también. Lo malo es que la hemos fastidiado cuando yo digo "yo quiero" y el gobernante de turno dice que "habrá que dárselo si quiere". Todos queremos. Al final, el pobre gobernante, que sigue viendo la urna, da tumbos. Es muy importante lo de "señores, aquí hay que trabajar, déjense de tontadas".
—Con todo, ¿cómo se anima a las empresas "para que hagan negocio, para que ganen dinero y para que ese dinero se reparta bien"?
—La principal labor social de la empresa es ganar dinero. Hay que entender bien las cuentas de resultados y no confundir el dinero que entra con el dinero que se gana. Si lo ganan, deben repartirlo bien. Una manera de hacerlo es que el dueño no coja todo el beneficio y se lo lleve a casa, que lo deje en su mayoría en la compañía para que ésta siga funcionando. Una empresa que pierde dinero siempre hay que cerrarla. Esto quiere decir que el dueño, el que ha puesto la inversión, se arruina y que los trabajadores se van a la calle.
—¿El empresario está mal visto?
—Si hay cualquier problema en las negociaciones del diálogo social, que eso ni es diálogo ni es social, el ministro de Trabajo sale y ataca a los empresarios. Inmediatamente, el presidente sale y ataca a los empresarios. Lo que interesa es que haya muchos empresarios para que se creen muchos puestos de trabajo. De esto, no se han enterado todavía.
—¿La crisis terminará sólo cuando descienda el paro?
—A mí que no me cuenten cuentos de que hay brotes verdes. Vete a decirle a uno de los más de cuatro millones de parados que hay brotes verdes y que esto va muy bien. Responderá que en qué se nota. Ahora hay que trabajar y sacar adelante esto como sea. •
|