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Nº 870 - 1 de marzo de 2010


Una polémica biografía matiza su rigor periodístico
y su compromiso con los pobres

Kapuscinski cae del pedestal

 

Ryszard Kapuscinski, considerado como uno de los mejores reporteros del siglo XX, autor de 19 obras como Imperio, Ébano, El Sha y Viajes con Herodoto y merecedor de reconocimientos mundiales como el Premio Príncipe de Asturias, ha dejado de ser un mito en Polonia. Una biografía escrita por el periodista de Gazeta Wyborcza Artur Domoslawski, Kapuscinski Non-Fiction, desmitifica al personaje y da a conocer aspectos oscuros de su trayectoria como, por ejemplo, su vinculación con los servicios secretos (SB) del régimen comunista polaco. La biografía llegará a las librerías polacas esta semana en medio de una fuerte polémica mediática y política. Varias editoriales europeas, entre las que se encuentran tres españolas, se han interesando por este libro.

Por Paco Soto (Varsovia)

Artur Domoslawski es un periodista serio y de pocas palabras. Especialista en América Latina y hombre de izquierdas, Domoslawski, que ha viajado por muchos países del llamado Tercer Mundo, fue amigo de Ryszard Kapuscinski durante muchos años y sigue admirando al reportero trotamundos, al escritor sensible y dotado de recursos literarios y al agudo analista de conflictos africanos y latinoamericanos. “He admirado y sigo admirando a Kapuscinski; fue mi maestro y mi mentor, y fuimos amigos. Mi objetivo al escribir esta biografía no ha sido atacar al hombre que fue testigo de acontecimientos históricos de gran trascendencia, como la Segunda Guerra Mundial, la construcción del socialismo en Polonia, el hundimiento del colonialismo en África o las revoluciones latinoamericanas, sino simplemente hacer un trabajo serio, en lugar de caer en la mitificación”, cuenta Domoslawski a El Siglo “Muchos querían un libro sobre el monumento, y no sobre el hombre, y yo no estaba dispuesto a caer en esta trampa”, puntualiza el autor de Kapuscinski Non-Fiction. Domoslawski tuvo problemas para publicar su libro, que ha tardado dos años en escribir. El libro fue rechazado por una primera editorial polaca que lo consideró demasiado crítico con el reportero. Una segunda editorial, Swiat Ksiazki (El mundo del libro), decidió publicar la obra. Alicja Kapuscinska, viuda de Ryszard Kapuscinski, puso una denuncia ante el tribunal civil de Varsovia para que impidiera la difusión de esta biografía sobre su marido, que falleció en 2007 a los 74 años de edad. La esposa del autor de títulos como La guerra del fútbol y Los cínicos no sirven para este oficio le abrió  el archivo familiar al periodista de Gazeta Wyborcza para que pudiera escribir la biografía, y ahora se siente “engañada”, según declaró a los medios polacos. El tribunal decidió, el pasado 23 de febrero, que la biografía no será censurada. La justicia sentenció que la denuncia contra Domoslawski no tiene fundamento  y que prohibir el libro sería atentar contra la libertad de expresión garantizada por la Constitución polaca. Alicja Kapuscinska, que considera que el libro vulnera su intimidad y la de su familia y miente o tergiversa sobre determinadas cuestiones de la vida de su esposo, ya puso una denuncia en enero que fue desestimada por la justicia. Domoslawski había calificado la decisión de la viuda de Kapuscinski de “censura preventiva”. Domoslawski reconoce que su libro es polémico, porque desvela aspectos turbios de la vida y trayectoria profesional del célebre reportero, como su faceta de informador de los servicios secretos de la dictadura comunista polaca, pero asegura que no ha querido dañar su imagen. En una entrevista periodística, Domoslawski citó al historiador norteamericano Clayborne Carson, quien descubrió que Martin Luther King cometió un plagio en su tesis de doctorado. Al parecer, Carson le dijo a Domoslawski: “Si miramos a Martin Luther King como un ser perfecto, vamos a salir siempre decepcionados. Pero si lo vemos como un ser humano, con todas sus fallas y contradicciones, podrá alcanzar su grandeza”. Esa frase le sirvió a Domoslawski para encontrar el hilo conductor de su libro, porque, según dice a este semanario, “he querido tratar de ver a Kapuscinski como lo que fue, un ser humano excepcional pero también con defectos y contradicciones, con luces y sombras”.

Gran literatura. Artur Domoslawski piensa que Ryszard Kapuscinski desplazó “el periodismo hacia la gran literatura, quizá porque se dejó llevar por una gran imaginación y porque fue un testigo excepcional del siglo XX y de grandes acontecimientos históricos, como el hundimiento del colonialismo en el continente africano, los procesos revolucionarios latinoamericanos o el nacimiento de Solidaridad en Polonia”. A juicio de Domoslawski, “el problema de esta deriva hacia la gran literatura en los libros de Kapuscinski es que, a veces, en sus escritos, el reportero tenía cierta tendencia a la exageración y hasta la fabulación y no siempre se dejó guiar por el rigor periodístico”. “Esto no le quita grandeza a la obra de Kapuscinski, pero demuestra que fue un hombre de su época con sus limitaciones, sus virtudes pero también sus defectos”, recalca el periodista. Lo que intenta desgranar en esta polémica biografía Domoslawski es la relación problemática que tuvo Kapuscinski con la realidad, a la que quiso imprimir una buena dosis de ficción. “Creo que no tenemos que acusarlo de haber sido un mentiroso, pero sí que hay que tener en cuenta que algunos de sus libros son obras literarias, pero no trabajos periodísticos en el sentido estricto pues, aunque reúnan mucha información, porque Kapuscinski tenía buenos contactos en todas partes, tienen una estructura demasiado literaria”, indica Domoslawaski. Sobre su colaboración con los servicios de inteligencia comunistas, el autor de la biografía señala que Kapuscinski, que trabajó buena parte de su vida en la Agencia Polaca de Noticias (PAP), fue “un colaborador esporádico que se dedicó a escribir informes políticos sobre los países que visitaba, pero jamás hizo carrera denunciando a sus compañeros, como hiceron otros intelectuales y profesionales en esa época”. El periodista de Gazeta Wyborcza advierte de que “no hay que juzgar a Kapuscinski con criterios del año 2010. Él vivió una época difícil, fue comunista por convicción durante un largo período, llegó a creer de verdad que el comunismo iba a ser el futuro de la humanidad. Después, poco a poco, se fue desengañando y se distanció de este sistema al que llegó a criticar en alguno de sus libros”. Domoslawski recuerda que Kapuscinski “hizo casi toda su carrera en la PAP, la agencia de prensa oficial, y de alguna forma él, como tantos otros periodistas y profesionales en aquellos años, fue presionado por el régimen para que se convirtiera en informador”. Antes de su muerte, en 2007, Kapuscinski fue acusado por el semanario Newsweek-Polska de haber colaborado con los servicios de inteligencia comunistas en los años 60 y 70 del siglo pasado, lo que hundió al reportero “en una profunda depresión”, según un periodista del rotativo varsoviano Dziennik. Este semanario basó sus acusaciones en informaciones que obtuvo de los archivos del IPN. Kapuscinski, como sostiene Domoslawski, no hizo daño a nadie al redactar sus informes políticos, pero el periodista Krzysztof Gottesman lamenta “su silencio después de la caída del comunismo en Polonia”. Un antiguo periodista de la PAP se pronuncia en la misma línea y dice a El Siglo que no entiende que “un hombre que decía ser tan sensible con los pobres y oprimidos del mundo jamás hubiera abierto la boca para denunciar la opresión y la represión que sufrían los trabajadores polacos durante el comunismo”. En su libro Los cínicos no sirven para este oficio, Kapuscinski manifiesta que “en nuestro oficio hay algunos elementos específicos muy importantes. El primer elemento es una cierta disposición a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros”. Algunos polacos le reprochan que no aplicara al pie de la letra esta frase cuando vivía y trabajaba en la Polonia del socialismo real. “Es muy fácil hablar de la miseria y la barbarie cuando está lejos, pero cómo podríamos calificar la actitud de un señor que daba lecciones de ética periodística a todo el mundo y luego se dedicaba a colaborar con los servicios secretos comunistas y jamás denunció la terrible situación política que vivía Polonia”, se pregunta el periodista del diario conservador Rzeczpospolita Bronislaw Wildstein.

Para una parte de los defensores de Kapuscinski, la biografía escrita por el periodista de Gazeta Wyborcza es el resultado de una “vil campaña de desprestigio” orquestada por sectores de la derecha más radical en contra de aquellas personalidades que creyeron en el comunismo y defendieron este sistema, aunque después lo criticaran. Para los detractores del reportero, el libro demuestra la “doble moral” y la “hipocresía” de una parte de la izquierda polaca respecto del antiguo régimen. En cualquier caso, lo que saca a relucir la polémica sobre la biografía de Kapuscinski es que la sombra de la historia de la Polonia comunista, con sus numerosas tragedias y miserias personales y colectivas, es alargada y condiciona todavía el presente de este país.

 
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