F abián
Números anteriores Esta semana
DESDE LA ULTRAPERIFERIA
Nº 870

1/3/2010

Canarias y Madeira

Por José Segura Clavell*

Los sucesivos Tratados de la Unión Europea que en los últimos veinte años han ido configurando el entramado comunitario le han prestado atención especial a las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea, clasificación que incluye a las españolas Islas Canarias con las portuguesas Azores y Madeira junto con otras francesas. Hace algo más de un mes tuve la oportunidad de visitar Funchal y de comprobar de nuevo la similitud orográfica, geomorfológica, botánica, y hasta costumbrista con la que se asemejan las islas de Tenerife y La Palma de nuestras Islas Canarias con la de Madeira, dado que no en vano forman parte de la Región Macaronésica de esta área del Atlántico.

Todos hemos podido presenciar con estupefacción y dolor las escenas en televisión de avalanchas de agua en la capital Funchal, que arrastraban centenares de vehículos, inmensas masas de tierra y árboles arrancados; barrancos desbordados, carreteras cortadas; fincas destrozadas; centros comerciales anegados; pero por encima de todos estos destrozos, la tragedia humana, con cerca de cincuenta personas fallecidas y decenas de seres humanos heridos y otros desaparecidos. Una auténtica desgracia colectiva.

La tragedia ha llenado de luto a esta isla portuguesa, europea. Una isla que como nuestras Islas Canarias tiene en el sector turístico una importante fuente de ingresos, así como en el agrícola, en el que la producción y comercialización de plátanos o plantas ornamentales encuentra otra importante fuente de ingresos, generadora de riqueza y de puestos de trabajo. Una isla que se enorgullece de sus riquezas paisajísticas que la tromba de agua ha dañado seriamente. Una isla que ante esta desgracia debe y necesita sentir la solidaridad de los demás, al menos de los que geográficamente estamos más cercay geopolíticamente compartimos calificación y proyectos solidarios en el seno de la Unión Europea.

Curiosamente esa tromba de agua ya había pasado por Canarias, donde a su vez había dejado profundas huellas derivadas de la elevada densidad pluviométrica con la que descargó en varias de nuestras islas. Con rigor no deberíamos dejar de analizar y de culpabilizarnos como colectivo social por la a veces caótica ocupación del suelo, violentando las más elementales normas de procedimiento que coadyuvan de manera definitoria a la generación de destrozos como los que hemos vivido en nuestras islas en los últimos años. Ya un conocido profesor de Termodinámica enunciaba los dos conocidos principios en los que se sustenta esta ciencia básica diciendo que el primer principio afirmaba que a la naturaleza no se le puede ganar y que el segundo principio indica que tampoco se le puede empatar.

Cierto es que en los últimos años el clima se está caracterizando por oscilaciones muy bruscas y que tras días de temperaturas anormales, repentinamente se producen invasiones de aire polar que siempre ha condicionado nuestra climatología. Sabido es que este chorro de aire polar succiona aire caliente de la superficie del mar, que al subir en altura se enfría y condensa generando precipitaciones y también es sabido que en ocasiones la arribada de una invasión brusca de aire frío que baja directamente del norte de Groenlandia produce choques de masas de nubes causantes de precipitaciones intensas.

En los diez últimos años, fenómenos atmosféricos como los que hemos vivido en este invierno se han reiterado con una frecuencia a la que no estábamos acostumbrados. ¿Qué está pasando?

.*Diputado socialista en el Congreso

Números anteriores Esta semana