La nueva salida de tono del ex presidente del Gobierno
le granjea numerosas críticas
EL AZNAR MÁS MACARRA
La foto del ex presidente del Gobierno José María Aznar, realizando un gesto
obsceno con el dedo corazón —la 'peineta'— dirigido a un grupo de estudiantes de la
Universidad de Oviedo, el pasado 18 de febrero, era recogida por la práctica
totalidad de las publicaciones españolas y de buena parte de las de más allá de
nuestras fronteras. El presidente de honor del PP volvía a conseguir una 'portada' a
través de la zafiedad, demostrando su nula capacidad para digerir las críticas, y
exhibiendo, una vez más, al personaje, en lugar de al individuo. No es la primera
salida de tono ni el primer recurso a la chulería del ahora jefe de la FAES.
Por Pedro Antonio Navarro
Autoritario, deslenguado, maleducado y resentido, pasea por España y por el mundo con sus recetas caducas y su estilo de vaquero de una película cuyo decorado ya retiraron los tramoyistas. (...) Presume de pelito semilargo, nuevos abdominales, pulseras de cuero, y mucho rencor acumulado (...) inaugurando un estilo desconocido en el contexto europeo donde todos los presidentes conservan un respeto democrático e institucional a los anteriores". Así se expresaba en su blog personal la secretaria de Política Internacional y Cooperación del Partido Socialista, Elena Valenciano, comentando el gesto grosero –una 'peineta'– que el ex presidente José María Aznar dirigía a un grupo de estudiantes en la Universidad de Oviedo, el pasado 18 de febrero.
El 'pecado' de este grupo de jóvenes fue que dedicaron un abucheo al ex mandatario y exhibieron unas pancartas en las que se le recordaba su papel decidido en la invasión ilegal de Iraq y su servilismo hacia el ex presidente estadounidense George W. Bush. Todo esto sucedía a la entrada de una conferencia sobre economía que minutos más tarde habría de impartir el ex mandatario 'más musculado' de la historia de España.
No se limitaba Aznar a realizar ese gesto chulesco y despectivo de soez significado universal. Comentaba, además, que "está visto que algunos no saben vivir sin mí". Elena Valenciano no era la única que le criticaba por esta nueva 'actuación', que viene a 'complementar' otras a las que, desgraciadamente, ya nos viene acostumbrando el ex inquilino de La Moncloa. La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, aseguraba no compartir esta clase de comportamientos, porque "contravienen las normas básicas de respeto hacia las legítimas diferencias que existen en una democracia plural como la nuestra".
Más duros eran en Izquierda Unida, el ex diputado Antonio Romero denunciaba la "arrogancia, soberbia y prepotencia" que encerraba un gesto "que demuestra su complejo y su debilidad", llegando a calificar el desplante de "berlusconada". En similares términos lo juzgaba el ex diputado de la Chunta Aragonesista, José Antonio Laborde-ta, que directamente lo consideraba "una chulería". El también cantautor opina sobre Aznar que "tiene una especie de desprecio por todos los seres humanos y una prepotencia increíble".
En el Sindicato de Estudiantes, colectivo 'afectado' por el insulto gráfico del marido de Ana Botella, consideran que el gesto "es tá en la línea con lo que es él; demuestra la catadura moral de este hombre, capaz de entrar en una guerra por intereses petrolífe ros y económicos".
Por supuesto, aunque desde una posiciór visiblemente incómoda, algunos dirigente actuales del Partido Popular han tratado justificar la actitud de su anterior presidente. Desde enrevesadas explicaciones historicistas, por parte del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, hasta la manida excusa de que "todos somos humanos", esgrimida por Mariano Rajoy.
Pese a los ríos de tinta que ha hecho correr la foto del ex jefe de Gobierno blandiendo airado su dedo corazón frente a un grupo de universitarios, no es la primera vez que José María Aznar saca a pasear su lado más 'macarra' desde que abandonase el poder en 2004. Aún resuena en la memoriacolectiva la intervención del patrono de la FAES, en mayo de 2007, cuando recibía la medalla de honor de la Academia del Vino. En aquella ocasión –según cuentan las crónicas del momento, algo 'subidito' de tono tras la ingesta de algunos buenos caldos de la tierra–, desde la tribuna, el ex presidente Aznar realizaba una encendida 'defensa' de las libertades personales que, a su criterio, estaban poniendo en cuestión algunas de las decisiones del Ejecutivo socialista: "A mí no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y además a usted le prohíbo beber vino. Las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber déjame que las beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás. Déjame que decida por mí; en eso consiste la libertad". Se trataba de criticar la última (por entonces) campaña puesta en marcha por la dirección General de Tráfico (DGT), aquélla que llevaba por lema "No podemos conducir por ti". "¿Y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí?", apostillaba un 'lúcido' Aznar.
Para el acervo de la historia de los gestos presidenciales, también están en el recuerdo aquellas imágenes del ex líder popular fumando relajadamente un puro, y colocando los pies encima de la mesa junto al ex inquilino de la Casa Blanca George W.
Bush. Desde luego que no se arrepiente: "Hay gente que critica la foto de las Azores no tanto porque yo estuviera allí, sino porque no estaban los que critican, que les encantaría... Pero eso lo dejo para un capítulo de mis memorias, donde lo diré con nombres y apellidos".
Mientras se decide a publicar esas memorias, un antiguo y directo colaborador suyo, Miguel Ángel Rodríguez –MAR, para la inmensa mayoría–, parece haberse adelantado a los deseos del consejero de Rupert
Murdoch, y acaba de publicar el libro Y Aznar llegó a presidente. Retrato en tres dimensiones, publicado por La Esfera de los Libros. Se trata de unas memorias en primera persona, desde la perspectiva del propio Rodríguez, en las que se narra la trayectoria y el ascenso al poder del más famoso conferenciante en la Universidad de Georgetown. La admiración por el personaje es la guía conductora del relato, aunque también hay espacio para algún reproche, como cuando el que fuera director de Comunicación del PP recuerda una última reunión mantenida con Aznar, a poco de concluir su mandato, "en su tontería final de Gobierno, cuando creía que los sumisos eran su baluarte. (...) No reconocí a Aznar esa noche, en esa conversación distante, en ese encuentro con un mandón... No era mi jefe".
Recuerda el narrador que a Aznar se le apodaba "señorito" y, en ocasiones, "amo". También incluye una parte en la que se descubren jugosas anécdotas que revelan su carácter un tanto chulesco: "Por entonces (1999), fumaba un par de paquetes de Winston cada día y le gustaba echar una buena calada cuando se disponía a 'quitar el carboncillo' al motor. Esto es: acelerar hasta ver a cuánto se ponía la aguja del cuentarrevoluciones con un ruido ensordecedor. Cosa de macarras". Aquel automóvil "que sonaba como un tractor, sin aire acondicionado y con olor a cigarrillos y a puros", y en el que, según el relato de MAR, sólo se escuchaba una única cinta de cassette con todos los éxitos de Julio Iglesias.
Esa 'peineta' no parece descuadrar en la imagen de un hombre con ese pelo 'semi-largo' al que alude Elena Valenciano, que luce pulseras de cuero en sus muñecas y que, como él mismo confiesa, dedica dos horas diarias al ejercicio físico (ahí están las fotos de sus abdominales en la playa) –"Aznar está en una forma física espectacular. Tiene 12 años menos que su edad biológica", aseguraba recientemente su 'entrenador personal', Bernardino Lombao–.
Tampoco extraña en una persona que sólo pocos días después de 'exponer' su dedo corazón a la intemperie, explicaba a un grupo de adolescentes, de visita por la sede de la FAES, que el gesto soez fue producto de 'un calambre', debido a causa del mucho deporte que realiza. •
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