ú ú
Internacional
Nº 870
1/3/2010
Números anteriores Buscador


José 'Pepe' Mujica hace historia en Uruguay

DE LA ALPARGATA A LA
BANDA PRESIDENCIAL

Son pocos los seres humanos que pueden decir "yo fui parte de la resistencia contra un gobierno autoritario. Luego estuve preso más de una década. Fui liberado. Ahora soy el presidente". Nelson Mandela, claro. Pero, ¿quién más? José Mujica Cordano, el 'Pepe', será parte de ese círculo cuando, cerca de cumplir los 75 años, jure esta semana como nuevo presidente de Uruguay.

Por Felipe Ramírez (Buenos Aires)

Mucha turbulencia ha envuelto al nuevo mandatario desde su elección para la primera magistratura en noviembre pasado. Los sectores más de izquierda han sido los más críticos. Que se renovó. Que los traicionó. Que es un juguete del poder económico. Para muchos, la presión sería demasiada. No para Mujica. Él ha vivido mucho y muy intensamente.

El primer hijo de Demetrio Mujica y Lucy Cordano nació el 20 de mayo de 1935, en su propia casa en las afueras de Montevideo. Su padre, que había heredado algunos campos en la zona, murió arruinado cuando Pepe cursaba el tercer año de la primaria. La familia de su madre, de origen italiano, había hecho un poco de dinero con algunas viñas y tras la muerte de Demetrio, la señora Lucy entrenó a sus hijos en el cultivo de flores, oficio que Mujica aún practica en su propia chacra. La venta de flores se convirtió en el modo de vida de la familia, aunque su madre no dejó a sus hijos abandonar el colegio. La leyenda cuenta que en esos tiempos de políticos de a pie –algo que a Mujica le quedó grabado a fuego– le vendía flores en la mano al ex presidente Luis Batlle Berres cuando pasaba por el barrio. Si bien él y sus hermanos nunca pasaron hambre, en esa época las flores alcanzaban lo justo para comer.

El entonces joven Pepe no sólo no abandonó el colegio, sino que poco a poco se fue mostrando como un muchacho inquieto, devorador de libros, diarios y revistas. Deportista, entre los 13 y los 17 años hizo ciclismo corriendo por varios clubes y en todas las categorías, y junto a sus amigos del barrio recorrió pedaleando casi todo el pequeño país. Una vez terminado el colegio, en una época en que se declaraba medio anarquista, Mujica ingresó a los preparatorios de Derecho. Aunque no siguió la carrera, en aquellas aulas le picaría fuerte el bichito de la política.

Se mantuvo vinculado a la actividad política que se daba en torno a la facultad. En 1956, conoció al diputado nacionalista Enrique Erro, de cuyas filas juveniles llegó a ser secretario general. En 1958, el errerismo aliado a Benito Nardone ganó las elecciones por primera vez en 90 años, y Erro fue designado ministro de Trabajo. Según cuenta el actual presidente, en esa época se sintió cautivado por la defensa de los trabajadores y tendencias progresistas de Erro, de quien siguió siendo colaborador, aunque nunca funcionario del Ministerio. Descontento con el Gobierno –algo que habría de causar un poderoso efecto en Pepe– en 1962 Erro abandona el Partido Nacional para crear la Unión Popular (UP) junto al Partido Socialista y un pequeño grupo llamado Nuevas Bases. En las elecciones, la UP fracasó con apenas el 2,3 por ciento de los votos.

En ese momento Mujica pensó que era imposible romper el cerco electoral de los dos grandes partidos tradicionales. Y pasó a la acción directa.

Por esos años conoció a Jorge Sendic y con el embrión de lo que luego sería el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, al año siguiente cayó preso por primera vez tras un frustrado asalto a la empresa de textiles Sudamtex. La policía y el poder judicial, ignorantes de las intenciones políticas de los detenidos, los trató como un grupo de ladrones comunes, que le significó a Mujica una corta condena de ocho meses. Tras salir de la cárcel se dedicó a la organización de Tupamaros, coordinando y ejecutando operaciones de guerrilla urbana de distinto calibre. Viajó a la Unión Soviética y se desencantó con la forma en que el Partido Comunista manejaba las cosas. Pero también estuvo en Cuba, de donde salió maravillado por el proceso castrista. El Che Guevara había muerto recientemente y el olor a pólvora recorría la región. Ya de regreso al país, identificado y buscado por la policía, en 1969 pasa a la clandestinidad usando los nombres de Ulpiano o Facundo.

Pero el cerco se cerraba y al año siguiente fue detenido en un bar de Montevideo mientras planificaba el robo a una financiera junto a varios de sus compañeros. Hubo un enfrentamiento y recibió seis tiros. Pero sobrevivió, y tras su recuperación, fue llevado a prisión. Tampoco estuvo mucho tiempo esa vez: el 9 de septiembre de 1971 se fugó junto a otros cien presos.

Durante los dos años siguientes participó en la planificación de varios intentos de fuga de la cárcel de sus compañeros aún presos. Poco antes del golpe cívico-militar de 1973 fue nuevamente apresado. Una vez que los militares se hicieron con el poder, pasó a formar parte de la categoría de "rehenes del Estado", que la dictadura utilizó para frenar las acciones de Tupamaros. De acá no pudo escapar. A diferencia de la dictadura argentina, que se caracterizó por la desaparición de opositores, y la chilena, que ganó su estrella de la muerte a través de ejecuciones masivas en los primeros meses del régimen, los uruguayos optaron por las detenciones masivas por largos periodos de tiempo. Las cárceles pasaron a ser campos de concentración.

En total fueron doce años de cautiverio continuo hasta 1985, cuando una amnistía proscribió los delitos políticos y fue liberado. Aunque fue torturado brutalmente, Mujica no es muy dado a hablar de lo mal que la pasó. Ha dicho que no le gusta la forma en cómo algunos dirigentes políticos se "ufanan" de las vejaciones a las que fueron sometidos, dándose una suerte de estatura moral superior a aquellos que no las padecieron.

En democracia. Con el advenimiento de la democracia Mujica tenía dos objetivos: volver a la militancia activa y... cultivar una chacra. Para cumplir este segundo sueño compró junto a su esposa, la actual senadora Lucía Topolansky, una granja de cinco hectáreas muy cerca de la zona donde nació. A ella la había conocido en una reunión clandestina después de su segunda fuga carcelaria. "El grupo de Lucía vino a una de esas reuniones. Nos conocíamos de antes y como los dos andábamos solos terminamos juntándonos", recuerda. Ambos cayeron presos en la misma época. Sólo comunicados a través de esporádicas cartas, volvieron a reencontrarse cuando recobraron la libertad. Y se volvieron a juntar.

El otro sueño era un poco más complicado: siempre distante del boato, popularizó las llamadas "mateadas". Mujica y algunos miembros del movimiento iban a los barrios, se instalaban en una plaza o esquina cualquiera –que en Montevideo sonverdaderas instituciones cívicas, múltiples ágoras al servicio de la discusión y el intercambio de ideas– y allí se quedaban, tardes enteras, hablando y escuchando –aprendiendo– sobre los actuales problemas e ideas del pueblo.

Entre la aprobación y el rechazo en torno al MLN quedó un capital político que su gente supo aprovechar. En 1989, cuando murió el fundador y patriarca del grupo, Jorge Sendic, Mujica formalizó la creación del Movimiento de Participación Popular. Cinco años después, el actual presidente se convertía en el primer ex tupamaro en ser electo diputado. Un lustro después, era senador. Cuando el Frente Amplio ganó las elecciones presidenciales de 2004, rompiendo el histórico bipartidismo de Blancos y Colorados, Tabaré Vázquez lo nombró ministro de Agricultura.

Cada visita al campo era un tumulto a su alrededor. Niños. Mujeres. Hombres grandes. Mucha gente de su edad. Todos compañeros, si no de armas, seguro de ideas. Cada vez que salía a la calle, Mujica no podía dar un paso sin detenerse unos minutos a recibir el cariño de la gente. Fotos, besos y abrazos a discreción. A sus allegados decía que pensaba retirarse de la militancia política para abrir una escuela de oficios rurales en su chacra, pero la idea de Mujica candidato para suceder a Vázquez cobraba cada vez más fuerza.

Desde la oposición, e incluso desde sus propias filas, era mirado con recelo. ¿Qué puede pasar si este loco de boina y alpargatas sigue cosechando popularidad? Su frase "como te digo una cosa te digo la otra", fue utilizada una y mil veces por sus adversarios. Que es dubitativo, poco claro. Que tiene intenciones ocultas o, simplemente, que no está seguro de lo que quiere.

Pero él, como un Cristo bajito y regordete, ha adoptado la estrategia de poner la otra mejilla y seguir en lo suyo: "puedo equivocarme. Y me voy a equivocar, pero pongo el alma en la cancha, no tengo precio, no soy negociable. Soy convencible porque a esta altura no soy ningún fanático", dijo durante la última campaña electoral. Frases como ésta le ganaron el favor de los indecisos y de quienes temían su supuesta radicalidad, pero también lo hicieron acreedor de las desconfianzas de sus aliados. Éstos temen que se haya trasformado en un tibio que haga demasiadas concesiones tanto al mercado como al establishment local.

Mujica ha dicho que tiene "todo a contrapelo", como si llevar la contraria estuviera en su ADN. "Las larguísimas soledades me enseñaron que en la vida hay que multiplicar, que el próximo gobierno tiene que tener los brazos abiertos, con todos y para todos", dijo durante la campaña. Y en su blog escribió que "nunca se es demasiado viejo para aprender. Estoy tomando dos cursos acelerados: para aprender a callarme la boca un poco más y para aprender a no ser tan nabo". Ahora, ese ADN político le podría jugar una mala pasada: son muchas y muy altas las expectativas que se han posado sobre su figura desgarbada, campechana y popular. Ahora usa traje, pero sin corbata.

Hasta esta semana, el presidente uruguayo iniciaba su día a las 6 de la mañana. A pesar de que su esposa suele deshacerse de los libros que llevan mucho tiempo en los estantes, El Quijote se mantiene siempre estoico en la mesa de noche del presidente. Si no puede dormir, un té y una hora leyendo son infalibles para que vuelva a conciliar el sueño. Al despertar, lo primero es "cebar unos mates" para él y Lucía. Luego, si hay tiempo, sale a caminar o andar un poco en bicicleta. Sabe que debe cuidar su salud y trata de mantenerse en forma. Dejó de fumar y bajó un poco la pasta y la carne para agregar un poco de pescado y aumentar la verdura.

Aunque esas nunca faltaron, él cultiva su propia acelga. •

Números anteriores Buscador