Nº 870
1/3/2010

 

Movidas de poder en el PSOE

Quietos, parados, hasta que acabe mi presidencia europea". Esta fue la consigna impartida por Zapatero a la tropa socialista en mor de obtener de su Semestre algo del glamour perdido. Los compañeros han hecho lo que han podido e incluso se han apuntado a la tregua empresarios amigos como Antonio Brufau y Luis del Rivero, que han aplazado sus disputas en el campo de batalla de Repsol hasta el verano.

Pero el hombre propone y Dios dispone y parece que Dios no ha querido que la presidencia europea proporcione las imágenes esperadas ni aplicando el photoshop. Tampoco se ha podido evitar que el patio interno dejara de centrar y de forma apremiante la vida política y la atención periodística. La crisis manda y ha obligado a ZP a evidenciar ciertas preferencias, lo que ha generado los inevitables respingos entre los preteridos.

Precisamente uno de los más firmes propósitos del presidente consistía en evitar movidas en el seno del partido que le sustenta. Con ese propósito había frenado los nombramientos de candidatos para las municipales y autonómicas, lo que genera problemas en algunas plazas. Es el caso de la candidatura para la presidencia de la Comunidad de Madrid a la que aspira Tomás Gómez, el secretario general  de los socialistas madrileños, quien estima que, ante la envergadura de su adversaria, debiera ser confirmado cuanto antes. Sin embargo, José Blanco, estrella en ascenso, "no le ve".

Según los enterados, el número  dos del partido está pensando en que ocupe tan señalada responsabildad Trinidad Jiménez, un señalado honor que a la celestina de Nueva Vía no le hace maldita la gracia. Ya pasó el vía crucis del ayuntamiento madrileño donde tuvo que hacer una tediosa oposición. Por fin fue liberada de aquel tormento y alcanzó la poltrona de un ministerio, el destino soñado.

Todo sea por la patria, pero hay indicios de que Trinidad Jiménez se resiste con habilidad no exenta de firmeza a cambiar el pájaro en mano de su cartera ministerial por los ciento volando de la presidencia madrileña. Así parece desprenderse de los grandes elogios que ha dedicado al compañero Tomás Gómez, "el candidato natural". El propio Gómez, que no desconoce la proa que le pone Blanco, ha forzado la cosa asegurando públicamente que no hay duda de que él será el candidato y próximo presidente de la Comunidad.

Obviamente lo que ha aguado la triunfal excursión acariciada por el presidente de turno ha sido la agenda de la crisis y eso, la angustia padecida por tanta gente, no se suple con glamour.

Zapatero tuvo que comparecer ante el Parlamento para hablar de la gran cuestión y salió airoso recurriendo a una comisión ad hoc. La  selección del triunvirato que debe coordinarla en el palacete que Blanco tiene en la calle Zurbano indica el subibaja. Desciende Fernández de la Vega; el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que algo podría decir sobre iniciativas de empleo, y el vicepresidente Chaves, que tiene competencias sobre las Comunidades Autónomas. Se constituyen en Santísima Trinidad los elegidos a la vera del Señor: Elena Salgado, manostijeras; José Blanco, seleccionado quizás como número dos del partido más que como ministro de Fomento; y Miguel Sebastián, elegido como amigo del presidente más que como ministro de Industria. Una troica que teóricamente coordina la vicepresidenta Salgado pero que obviamente comanda el vicesecretario José Blanco, el imparable gallego.

Ya veremos lo que da de sí esta comisión, aunque es altamente improbable que el PP, representado por Cristóbal Montoro y su lugarteniente Álvaro Nadal, se comprometan demasiado. Estimo que no va a resolver nada que no hubiera podido apañar el presidente del grupo parlamentario socialista, Toño Alonso, que también aparece triste y descolocado; pero es de espectáculos de lo que vive ZP.

Ya nadie duda que, al finalizar la presidencia española, el presidente reajustará su gabinete en el que el gallego podría sustituir a Teresa Fernández de la Vega al frente de la vicepresidencia. Ojalá, en esta ocasión, el Maquiavelo leonés se tome la molestia de diseñar un buen gabinete eligiendo a los mejores y no a los objetos de su capricho.

Terminado el Semestre, José Luis Rodríguez Zapatero se afanará la estrategia de cara a las municipales y autonómicas de 2011 y lo hará bien, pues es su especialidad. Sin embargo está cundiendo el síndrome Barreda y es probable que algunos candidatos prefieran que el presidente no intervenga demasiado en sus respectivos feudos.

José García Abad


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