5 1 1 4 6 9
Números anteriores
Buscador
Nº 869 - 22 de febrero de 2010

Le acusan de connivencia con ZP

El Rey irrita a la derecha

En las filas conservadoras, políticas y, sobre todo, mediáticas, cunde el complejo de Patito Feo. La sintonía del Rey con los presidentes socialistas y la consabida desafección mutua entre Don Juan Carlos y Aznar se viene interpretando en la derecha, a lo largo de estos últimos años, como una traición contra natura de Su Majestad. Después de los no muy lejanos ataques al monarca pidiendo su abdicación, ahora, tras conocerse el comunicado inédito de Zarzuela informando de sus contactos para promover un pacto de Estado frente a la crisis, se cuestiona su legítimo papel mediador acusándole de hacerle el juego al Partido Socialista. Un papel que lleva ejerciendo durante más de tres décadas y que a todos los gobiernos les ha resultado de gran utilidad.

Por Inmaculada Sánchez

E

Virginia Miranda

L a única potestad que queda al Rey, sin refrendo ni limitación alguna, además de los nombramientos de la Casa de su Majestad, es la de escuchar atentamente, cosa que el Monarca ejerce con maestría. No es poco poder éste de escuchar. En el fondo es un arma formidable con efectos balsámicos para las heridas sociales. El «poder de audiencia» no aparece en la Constitución –tampoco está prohibido–, pero puede servir de pararrayos en las tormentas y de espita para los vapores peligrosamente comprimidos”. El extracto pertenece al libro La soledad del Rey (La Esfera de los Libros), del director de El Siglo, José García Abad. Publicado en 2004, acaba de ponerse de actualidad, si bien el fin benefactor del que hablaba se ha vuelto en esta ocasión contra don Juan Carlos.

La sucesión de acontecimientos comenzaba el jueves 11 de febrero. Don Juan Carlos asistía a la entrega de Premios Nacionales de Investigación 2009. Durante su discurso, instaba a los partidos a alcanzar “grandes acuerdos” para “superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación, las graves consecuencias de la crisis”. Ya lo dijo durante su discurso de Navidad, pero ahora sus palabras tenían más eco. Por la tarde, el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, José Antonio Alonso, iniciaba una ronda de contactos con el resto de grupos del arco parlamentario para intentar un pacto de Estado contra la crisis. Al día siguiente, Zarzuela rompía su proverbial silencio sobre los encuentros privados de Su Majestad y anunciaba en su página web la primera audiencia conjunta de los secretarios generales de UGT, Cándido Méndez, y CC OO, Ignacio Fernández Toxo, con el jefe del Estado. “El encuentro se enmarca en la serie de contactos habituales que don Juan Carlos mantiene, con especial incidencia en los últimos meses –subrayaba–, con representantes del mundo económico, empresarial y laboral, dadas las graves consecuencias de la crisis económica en nuestro país”.

La noticia centró la rueda posterior al Consejo de Ministros. María Teresa Fernández de la Vega no daba abasto ante la avalancha de preguntas sobre la posibilidad de que el Gobierno hubiera pedido la mediación del monarca para lograr su pretendido pacto con los partidos de la oposición. El Ejecutivo “valora la decisión del jefe del Estado de arrimar el hombro”, contestaba la vicepresidenta, pero negó vehemente relación alguna entre la estrategia de Moncloa y el paso dado por el Rey, asegurando que la anunciada reunión es una de tantas que don Juan Carlos mantiene con agentes sociales, empresariales y políticos.

De nada sirvió sin embargo que Fernández de la Vega tratara de frenar una teoría que, en apenas unas horas, comenzó a crecer como una bola de nieve. “El Rey, motor del pacto contra la crisis”, titulaba Abc en su edición digital de la tarde del viernes. “El Rey lleva meses intensificando las reuniones para salir de la crisis”, rezaba otra noticia en elmundo.es

Las ediciones en papel arrojaban los primeros artículos de opinión la mañana del sábado. El diario de Pedro J. Ramírez aseguraba que ni el PSOE ni el PP habían respondido a la llamada de Su Majestad, incluso que al Gobierno no le gustó el paso dado por don Juan Carlos. En La Razón en cambio no se descartaba que “Su Majestad ha urgido al acuerdo a petición de Zapatero”, consciente de que las condiciones son “inasumibles para los populares, para luego decir que la derecha rechaza los acuerdos, incluso los que pide el Rey”. El monárquico Abc apuntaba el domingo que “la oposición entiende que las gestiones de Don Juan Carlos suponen un aval al Gobierno”.

A la par que las interpretaciones iban apareciendo, nuevos elementos acabaron por desatar las suspicacias de los sectores conservadores. Antes de reunirse con Méndez y Fernández Toxo, además del consabido encuentro semanal con el presidente Zapatero, el jefe del Estado recibió a la vicepresidenta económica, Elena Salgado, y el ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa. El Mundo publicaba el lunes que don Juan Carlos almorzó el sábado en Barcelona con el armador José Cusí y los empresarios catalanes Javier Godó, presidente del Grupo Godó de Comunicación; Josep Oliu, presidente del Sabadell; y Artur Carulla, presidente de Agrolimen “empeñándose a fondo en su empeño por aunar esfuerzos, sumar consensos y encontrar soluciones para superar la crisis”. Y al día siguiente se supo de su encuentro con el nuevo presidente de la entidad financiera madrileña, Rodrigo Rato. Para entonces, en elconfidencial.com se alertaba del supuesto enfado de Rajoy por no haber sido llamado a Zarzuela, una noticia que, a día de hoy, no ha sido desmentida por Génova.

Don Juan Carlos se granjeó la simpatía de Felipe González y, antes incluso de que llegara a La Moncloa, empezó a entenderse con Rodríguez Zapatero. Con José María Aznar en cambio nunca hubo sintonía y sus desencuentros son ya parte de la historia de España. Y a los sectores conservadores, sobre todo la prensa que con más libertad puede manifestar su criterio, nunca les ha gustado las ‘amistades’ contra natura del monarca. Desde La Cope, tras saberse que doña Letizia estaba embarazada de su primera hija, acusaron a don Juan Carlos y a don Felipe de seguir las directrices del Gobierno cuando afirmaban que la reforma de la Constitución para eliminar la preeminencia del varón sobre la mujer en la sucesión dinástica no era urgente, porque eso forzaría la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones anticipadas. Y en Época le acusaron de estar “escorado a la izquierda” y de actuar con pasividad ante la “desintegración de España”. Por aquel entonces y hasta fechas recientes, Federico Jiménez Losantos pedía su abdicación porque “no para de ayudar a los que se cargan España”. “La figura del Rey está profundamente erosionada [...], sobre todo porque sólo se lleva bien con los socialistas y muy mal con la derecha. La derecha cree que les ha traicionado”, aseguraba por primera vez en una entrevista en El Mundo.

Ahora los críticos, alentados por la hipótesis de que el jefe del Estado haya intercedido en favor de Zapatero, han desempolvado la artillería. Losantos, desde su esRadio, ha dicho: “Sobre la negociación de la ETA dijo «si sale, sale» y sobre Zapatero lo respaldó al afirmar que era un «hombre recto» [...]. No ha dejado de hacer lo que le ha pedido el Gobierno siempre que sea de izquierdas. Lo que tendría que hacer es abdicar y dejar a Felipe”. En semejantes términos se ha pronunciado Eduardo García Serrano, conductor de Radio Inter, en El Gato al agua, programa de Intereconomía TV: “Que el Rey apele ahora a un pacto de Estado... ¿por qué ahora? ¿Por qué no cuando los separatistas empezaron a enseñar los colmillos y los recibía dándoles abrazos [...] en Zarzuela?”, y ha recordado cuando dijo “las cosas hay que intentarlas, si salen bien y si no salen, también, con la última negociación con ETA”.

Pero lo cierto es que el papel mediador del Rey no es nuevo, y lo ha venido ejerciendo desde su llegada al trono. De forma más intensa durante la Transición, pero aún hoy continúa a disposición del Gobierno, socialista y de cualquier signo político. La pasada semana viajó a Washington, acompañado del Ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para entrevistarse con Barack Obama. Aunque no le dio una fecha, el jefe del Estado español le arrancó el compromiso de una futura visita a España.

A finales de 1985 don Juan Carlos enviaba a Felipe González dos notas institucionales –o explicaciones por escrito de su opinión– instando al Gobierno a establecer relaciones con Israel cuanto antes, tal como cuenta uno de los biógrafos del monarca, Charles T. Powell, en su libro Juan Carlos, un Rey para la democracia (Ariel-Planeta). A renglón seguido, intercedió por el Ejecutivo ante los países árabes para explicarles por qué tenía que hacerlo. La intención primera de reconocer al Estado hebreo partió en realidad del Gobierno, de modo que “todo hace pensar [...] que las referidas notas institucionales fueron pactadas previamente” con González, explica García Abad en La soledad del Rey.

También Aznar se ha beneficiado de los buenos oficios de Su Majestad. Cuando llegó a La Moncloa, en Estados Unidos gobernaba un demócrata. No siempre tuvo por tanto hilo directo con la Casa Blanca, pero tampoco tuvo que sufrir el ninguneo que sí infringió George W. Bush a Zapatero durante cinco años. Eso fue gracias al monarca, que en 1997 reunió al entonces presidente español y a Bill Clinton en el yate Fortuna para que disfrutaran de las aguas de Mallorca mientras establecían sus futuras y fluidas relaciones bilaterales.

A propósito de Bush y Zapatero, don Juan Carlos también trató de suavizar las tensas relaciones de los dos presidentes. A finales de 2004, los Reyes realizaron un viaje privado a Estados Unidos, donde el matrimonio estadounidense les esperaba para almorzar en su rancho de Crawford (Tejas). En esa ocasión sin embargo, cuando apenas habían pasado unos meses desde que el español ordenara la retirada de las tropas de Iraq, el monarca no logró su propósito.

Antes de que apelara hace tan sólo unos días a un pacto contra la crisis, a Su Majestad también se le atribuye haber mediado entre Zapatero y Rajoy para que busquen puntos de encuentro, y se menciona el acuerdo en materia antiterrorista. Y desde que la economía empezara a caer en picado, desde Zarzuela han intensificado la actividad internacional del Rey y el Príncipe, en colaboración con el ICEX –organismo del Ministerio de Industria– y la CEOE, para promover la actividad de las empresas españolas en el exterior.

Ahora, de ser cierta la mediación del monarca en favor del Gobierno, no estaría haciendo nada que no haya hecho ya desde que llegara al trono. L

Cambios en la estrategia de comunicación

La Gaceta publicaba la pasada semana una breve nota para dar cuenta del fichaje de Javier Arenas como adjunto en el gabinete de Comunicación de la Casa del Rey. “Afín al PSOE”, titulaba la reseña de la sección “Dan que hablar”.

La intencionada referencia hacía alusión a su cargo de director de RNE, que asumió gobernando el Partido Socialista en enero de 2006. También en el currículum de su nuevo jefe Ramón Iribarren, que tomó posesión como director de Comunicación de Zarzuela a mediados de enero en sustitución de Juan González-Cebrián, aparecen distintos destinos profesionales ligados a la Administración socialista. Periodista y licenciado en Ciencias Políticas, el pasado septiembre ha sido director de Coordinación y Relaciones Institucionales de la empresa propiedad de la SEPI Navantia. Su anterior destino, donde desembarcó en mayo de 2004, fue la dirección general adjunta al presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO), donde se encargó de las relaciones institucionales, internacionales y con los medios de comunicación.

Otros tres destinos le sitúan en la etapa de Aznar en el Gobierno. En enero de 2004 fue nombrado vocal asesor para las relaciones con los medios de comunicación en el gabinete del entonces director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar. En diciembre de 2001 ejerció de consejero de Información y Prensa de la embajada española en Marruecos, y en febrero de 1999 ocupó el cargo de consejero técnico con el PP del Portavoz del Gobierno en la Secretaría de Estado de Comunicación.

En tiempos de Felipe González fue nombrado consejero de Información y Prensa de la embajada española en Argentina (1993), director general de Relaciones Informativas del Ministerio del Portavoz del Gobierno (1990), subdirector general del INEM (1988), el cargo más político de todos ellos, y consejero técnico del Ministerio para las Relaciones con las Cortes (1987).

La llegada a Palacio de Iribarren, de quien dicen ha iniciado contactos personales con los periodistas que siguen diariamente la información de Zarzuela, coincide con llamativos cambios en la relación de la Familia Real con los medios: la aparición de los Príncipes en la no-exclusiva de Vanity Fair y, sobre todo, el inédito comunicado de la Casa del Rey anunciando los contactos del monarca para propiciar un pacto contra la crisis. Una nueva política de comunicación que, dicen, promete traer consigo un mayor protagonismo de los Reyes y, sobre todo, los Príncipes, más allá de la prensa del corazón.

La no-exclusiva de ‘Vanity Fair’

El celo con que vigila Zarzuela las declaraciones de la Familia Real ha convertido a la monarquía española en la más escurridiza ante los medios. Tras el ataque de celos que le entró a la profesión cuando los Príncipes de Asturias, con motivo del 25 aniversario de la fundación que lleva el nombre del Heredero, posaron para El País Semanal en dependencias de Palacio ‘facilitando’ además la labor informativa, la oficina de prensa ha tratado de evitar un nuevo escándalo. Hace sólo unas semanas se vio obligada a sofocar un nuevo conato de rebelión en la prensa. Contaba un digital que la revista Yo Dona, de Unidad Editorial –publica el diario El Mundo–, preparaba una entrevista con doña Letizia. Apenas empezaron los colegas a poner el grito en el cielo, desde Casa Real se desmentía la noticia. Lo que no decían es que había sido otra publicación la que había logrado llevarse el gato al agua. En realidad no era necesario. La última portada de Vanity Fair podría ser uno de tantos reportajes. Por tanto, de su lectura y sus fotos no debería desprenderse colaboración alguna de la mujer de don Felipe. Pero nada más empezar a leer la primera página, la revista deja en evidencia lo que formalmente parece negar: “Oficialmente los príncipes no conceden entrevistas. Si hemos hablado con ellos para este reportaje no podemos contarlo”.

Antes de que la edición española de la prestigiosa publicación de Condé Nast apareciera en los quioscos, periódicos y digitales ya habían anunciado la exclusiva de los Príncipes, asegurando incluso que desde Zarzuela, ante las críticas que podría suscitar, se puso en contacto con la redacción para que no incluyera entrecomillados de la pareja y evitara ilustrar el reportaje con fotos posadas. En el texto no aparece, efectivamente, ninguna referencia expresa a declaraciones directas de don Felipe y doña Letizia, aunque sí se les atribuye alguna revelación. ‘Mamá, tú ¿en qué trabajas?’, dice que la infanta Leonor pregunta siempre a la futura Reina. “‘Por España, hija, para tratar de mejorar mi país’, responde paciente la princesa de Asturias”.

Curiosa es la referencia a la “vida normal” del hijo y la nuera de los Reyes. “‘Te presento a mi chico’, le gusta decir a ella cuando se encuentran con sus amigos”. Y a la relación de pareja: “No sabes cómo son, tal para cual –explica una amiga de Letizia–; están todo el tiempo de la mano, mirándose… Nosotros les decimos: ‘¿No os cansáis, hijos?’. Y no, no se apaga, lo suyo no se apaga”.

Más reveladora es la referencia a un asunto de actualidad que ha puesto ahora a don Juan Carlos en el punto de mira de sectores conservadores. “Letizia ya ha podido ver cómo su marido resolvía problemas de Estado a golpe de teléfono”, aseguran los autores del reportaje. Sobre el papel mediador del monarca, identifican fuentes de la Casa Real para asegurar: “Si lo contamos [el objeto de sus gestiones] anulamos su eficacia. Ya nos gustaría poder explicar exactamente para qué sirve la monarquía, qué hacen el Príncipe o el Rey. Esa sería nuestra mejor campaña de imagen, pero entonces desactivaríamos su poder benefactor”.

Cuando hicieron estas declaraciones, aún no se sabía de los encuentros de Su Majestad para alcanzar un pacto de Estado contra la crisis. De ser así, en Zarzuela no habrían afirmado con tanta rotundidad que saber de los oficios del Rey tendría un efecto positivo sobre la monarquía.

A Rajoy se le enciende la luz roja de alarma por Enric Sopena


Números anteriores
Buscador