A Rajoy se le enciende la luz
roja de alarma
por Enric Sopena*
Este personaje, aún presidente
[Zapatero] se ha convertido y
con toda intención en un peligro público", escribió de forma truculenta, como acostumbra, el director de uno de los periódicos de la derecha extrema, horas después de la sesión plenaria del Congreso,dedicada a la crisis económica internacional. Ese día, sin embargo, tocaba elogiar al Rey por su viaje a Washington y su presencia en la Casa Blanca. Los medios afines al PP a veces tratan al monarca con displicencia y hasta con rencor y otras veces con reverencias.
En el caso al que aludo los aplausos al Rey estaban destinados sobre todo a transformarse en otra crítica más al presidente del Gobierno. "Sin apelar a la conjunción planetaria, sin presumir ni sacar pecho, sin hacer ruido, el Rey Juan Carlos ha sido el primer jefe de Estado europeo recibido por el presidente estadounidense. La actividad diplomática que despliega el Rey es más discreta, pero más efectiva que la ejercida por el Gobierno de Zapatero". Todo este mejunje podía leerse en un breve comentario editorial tan grosero como burdo.
¿O es que alguien cree que el Rey conduce la política internacional por su cuenta y riesgo? ¿Qué hacía, pues, Moratinos acompañando al Rey en la Casa Blanca? Por otra parte, si la España de Zapatero estuviera al borde del abismo, según afirman los agoreros, y si Zapatero fuera un "peligro público" –como proclaman los ultramontanos–, ¿Obama hubiera recibido al jefe del Estado español? A Don Juan Carlos lo utilizan no en función de los intereses generales del Estado, sino en función de los intereses del PP.
El Rey ha vuelto a provocar una airada reacción de la derecha. En Génova 13 cayó como una bomba que Su Majestad predicara la conveniencia de vertebrar unpacto de Estado contra la crisis. El objetivo de la Corona, previamente acordado por Zapatero –como ha de suceder en una monarquía constitucional–, irritó a Rajoy y a su corte genovesa. La propuesta de Pacto venía a quebrar la constante actitud hostil de los populares, dispuestos a pasarle la factura de la crisis a Zapatero. En ABC, Carrascal firmaba en la página tercera el 18 de febrero: "Para resumir: el problema de España se llama José Luis Rodríguez Zapatero".
Los conservadores huyen del pacto de Estado como el diablo del agua bendita. Y acusan al Rey de mimar a la izquierda, a la que –dicen– le hace un gran favor en medio de la tempestad económica. Ha habido cronistas cavernarios que han puesto a Don Juan Carlos a caer de un burro. Nadie ha desmentido una llamada de protesta de Rajoy al monarca. Temían que Zapatero pudiera encontrar una vía relativamente confortable que le dejara respirar, tomar fuerzas y recuperar el tiempo perdido.
Todo parece indicar que sí. Que, en efecto, el habilísimo ex bambi de peluche y ahora bambi de acero ha conseguido que el resto de fuerzas políticas –que pueden ser decisivas para formar Gobierno–hayan aceptado dos meses de conversaciones buscando reconstruir, más o menos unidos, determinados ámbitos destrozados por el vendaval de la crisis. El Rey lo ha propiciado.
Zapatero lo ha presentado a la ciudadanía desde el Congreso. Y los demás partidos --isalvo el PP!– lo han asumido. A Rajoy se le ha encendido la luz roja de alarma. El PP regresa al aislamiento como en la primera legislatura de Zapatero. Faltan dos años para los comicios generales y, desde luego, aún hay partido. Cantar victoria a estas horas es una estolidez mayúscula. •
*Director de El Plural
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