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Nº 869
22/2/2010

Hamas, resistir con o sin violencia

Después de su triunfo electoral en 2006, de que Al Fatal fuera expulsado de Gaza al año siguiente, de la rotunda intervención militar israelí de diciembre 2008-enero 2009, con el bloqueo, el asedio y añadiendo los ajustes de cuentas entre facciones islámicas, cabe preguntarse si Hamas ha moderado sus posiciones frente al proceso de paz y frente a Israel y se ha decidido por prácticas democráticas, dedicándose por fin a gobernar y no a seguir actuando como si estuviera en la oposición, en uno de los lugares más miserables, castigados y conflictivos de todo Oriente Medio. Al entreverse tal posibilidad no se olvidan los rasgos yihadistas, las actitudes implacables contra los enemigos políticos, o la proclividad hacia los métodos terroristas del relevo de Al Fatah en Gaza y del máximo rival de la Autoridad Nacional Palestina. Pero es verdad que Hamas ya no dispara cohetes contra Israel, al menos por ahora, aunque ha dado a conocer que sus Brigadas Qassam, el bra- zo armado de Hamas, dispone de cohetes con alcance hasta Tel Aviv. Ha habido liberación de presos en cárceles israelíes e intercambios discretos entre las partes.

Para saber si verdaderamente renuncia a la resistencia armada, reconoce de alguna manera a Israel y acepta los acuerdos que este país ha suscrito con la Autoridad Nacional Palestina, si modera su ideología y de hecho olvida esa proclamada voluntad de destruir a Israel. Que desde junio de 2007 Palestina se dividiera políticamente entre Cisjordania y Gaza, entre Al Fatah y Hamas, complica esos análisis que además encubren una poderosa tensión de fuerzas palestinas e islámicas ni mucho menos extinguidas. En estos momentos no las haycapaces de quebrar la hegemonía de Hamas en Gaza, como tampoco parece hoy probable que en el movimiento se impongan los elementos yihadistas y salafistas que bullen en sus filas. Con Hamas no se trata de los talibanes, ni de Al Qaeda, tal vez de los Hermanos Musulmanes en expresión actualizada para esta época; en Ha-mas al menos por ahora marcan la dirección los pragmáticos que pretenden administrar con eficacia la Franja de Gaza y posibilitar una vida algo mejor para sus habitantes, después de tanta guerra y tanto bloqueo. Pero no han desaparecido de ninguna manera los fanáticos que persisten, en un escenario ancestralmente apropiado para el milenio y el Apocalipsis, en destruir a Israel, introducir la sharia y en traer a Dios a la Tierra.

Ni las presiones internacionales y la agresividad de Israel, ni la guerra ni el bloqueo, han conseguido que Hamas renuncie o desaparezca; incluso después de la abrumadora intervención militar ha encontrado razones para identificar su supervivencia como resultado de la victoria frente a un enemigo tan vigoroso y cruel. Sin embargo Hamas constantemente debe dirigirse a dos audiencias, la internacional y la doméstica, que de manera respectiva celebran esa moderación o la consideran sospechosa de significar la rendición vergonzosa y el pacto infame con el enemigo sionista. No es fácil satisfacer a todos en un mundo tan odioso como el de Gaza, en el que durante años no se ha vislumbrado posibilidad de futuro político, ni de progreso para sus habitantes o de cooperación internacional sostenible. Con la intermitencia en la construcción de asentamientos en los territorios ocupados y en el acoso a la población palestina, lamentablemente los hechos más de una vezhan parecido dar la razón al radicalismo de Hamas y al rechazo a cualquier compromiso, a favor de Israel y del proceso de paz, lo que a fin de cuentas beneficia a un movimiento que se valora menos por lo que ofrece que por lo mucho que rechaza. A los ojos de la población, Hamas se legitima mayormente por su voluntad de resistir ante el enemigo.

Una vez que Hamas matice sus actitudes, o se dedique más bien al gobierno y la administración, a recibir ayuda internacional y suavizar el bloqueo de Egipto e Israel, es probable que salafistas y yihadistas ganen predicamento e intensifiquen sus actuaciones, para recoger esa legitimidad que reside en la lucha contra Israel y en la islamización de Gaza. Un viaje al interior de Hamas, véanse los recientes libros de Zaki Chehab, Je-roen Gunning y Paul McGeough, supone por tanto discernir los elementos en rivalidad y ebullición, sin descartar que al menos en parte hay que contar con ellos, y que a Hamas se le ha venido a conceder una especie de capacidad de veto sobre el proceso de paz, una elevada capacidad de influencia sobre el movimiento palestino en su conjunto. También, la capacidad de esperar y hacer tiempo, o de sentarse hasta que mejoren las condiciones atmosféricas fuera de Gaza; es decir, a que la comunidad internacional se avergüence y se apiade por las consecuencias de la intervención militar, del bloqueo y del asedio, a que surjan problemas políticos graves en Egipto, a que se llegue a un momento insoportable en las negociaciones de Banjamin Netanyahu y Mahmud Abbas, o a que caiga el Gobierno de Al Fatah en Cisjordania. Parece que para Hamas vencer sigue estando en resistir, y que con su paciencia y correosidad espera acabar destruyendo a los enemigos. •

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