El Gobierno intenta encontrar apoyos
para aislar al PP
EN BUSCA DEL
'PACTO DE FIERABRÁS'
Con su comparecencia en el Congreso la semana pasada, Zapatero ha puesto a
Rajoy en la disyuntiva de arrimar el hombro y, por tanto, perder argumentos para su
tarea de oposición o, por el contrario, quedar señalado como el culpable de los
grandes acuerdos que necesita el país. Por el momento, Rajoy ha anunciado que
atenderá la llamada de la comisión ministerial que negociará los pactos, integrada
por Elena Salgado, Miguel Sebastián y José Blanco, pero eso sí, exigiendo una
enmienda a la totalidad de la política económica del Gobierno, por lo que el
acuerdo se antoja imposible. Por otro lado, la composición de la comisión confirma
el peso creciente que va ganando el ministro de Fomento en el ejecutivo, de
manera inversamente proporcional a las trayectorias de su homólogo en Trabajo,
Celestino Corbacho, y de la vice María Teresa Fernández de la Vega, que se han
quedado fuera de ella.
Por Manuel Capilla
Zapatero llegó al Congreso con la mano tendida, y todos los grupos mostraron, en mayor o menor medida, cierta predisposición para llegar a acuerdos en materia económica menos el PP. Ese fue el resumen de la comparecencia del presidente del Gobierno la semana pasada en la Cámara Baja y quizá el objetivo de Zapatero, que llegó al estrado asfixiado por todas las noticias negativas de las primeras semanas de mayo y salió con la esperanza, aunque sea pequeña, de encontrar apoyos en el resto de grupos parlamentarios y habiendo podido mostrar la cara intransigente del PP, la del partido que hace imposibles las soluciones políticas de la crisis.
Rajoy se lo puso fácil al presidente del Gobierno. Zapatero apareció didáctico, conciliador y, como siempre, optimista ante la inminencia de la recuperación, insistiendo en que España no es Grecia y en que "no debemos dejarnos llevar por los debates impuestos desde fuera". Frente a esta actitud, el líder de la oposición marcó distancia con el Gobierno desgranando su alternativa a lapolítica económica del Ejecutivo en seis puntos que, en algunos casos, chocan frontalmente con el Gobierno, como el que exigía la congelación de la subida de impuestos.
Rajoy dice no poder fiarse de Zapatero y quizá no le faltan razones. El líder del PP explicó en sus intervenciones que en octubre de 2008 ya acordó una mesa de reformas estructurales de la que nunca más se supo, por lo que, a su juicio, en la propuesta de Zapatero "no hay nada", "sólo más de lo mismo, anuncios". Sin embargo, esta actitud contrastó con la del portavoz de CiU, Josep Antoni Durán i Lleida, quien, en las últimas fechas, ha protagonizado un cierto acercamiento al PP.
Durán i Lleida deslizó varias críticas a la gestión del Gobierno, pero terminó instando al presidente a hacer "lo que tengamos que hacer, con sacrificios, y cuanto antes mejor. Y hagámoslo juntos. A usted le corresponde, señor presidente, liderar el pacto de Estado y evitar que la crisis económica sea sólo motivo de confrontación política". El portavoz de CiU ganó puntos en su imagen de político responsable y dejó al PP un poco más aislado de lo que estaba antes de empezar el debate.
Así las cosas, Zapatero ha ganado tiempo por el momento. El plazo de dos meses que él mismo fijó en el debate para que los acuerdos estén forjados, le concede un margen que le acerca cada vez más al tan proclamado fin de la crisis. Según explicó el propio Zapatero ante sus señorías, "aún se seguirá destruyendo empleo en los próximos meses. El Gobierno prevé que volveremos a crecer en este primer semestre y a crear empleo neto a finales de año". Aunque desde luego queda mucho camino por andar para llegar a los traídos y llevados pactos y habrá que ver si el Gobierno es capaz de llevar el diálogo a buen puerto. El portavoz socialista, José Antonio Alonso, está empezando a allanar el camino al acuerdo político durante estos días, presentando a los portavoces parlamentarios un documento guía bastante abierto. Pero no va a ser fácil llegar a un entendimiento que ahora parece la solución a todos los problemas económicos de España porque, dejando fuera al PP, las posiciones entre el PSOE y el resto de los grupos siguen estando alejadas. Sin ir más lejos, CiU, al igual que el PP no ve con buenos ojos las subidas de impuestos que ha llevado a cabo el Gobierno. Y el PNV sigue instalado en la contradicción en la que vive desde que Patxi López es lehendakari. Su portavoz, Josu Erkoreka, no dudó en agitar el fantasma de lo sucedido en Grecia para terminar afirmando que "por este grupo" no quedará a la hora de llegar a acuerdos.
Entre el resto de grupos, Coalición Canaria fue el que más voluntad mostró para llegar a un acuerdo, algo que agradeció expresamente Zapatero. Por su parte, Gaspar Llamazares resumió las intervenciones de los grupos de izquierda, afeando la conducta al Gobierno por lo que entienden como un giro a la derecha. IU reclama una revisión completa del sistema impositivo para hacerlo más progresivo, y no parece que el Ejecutivo esté por la labor.
Los encargados de cuadrar el círculo van a ser la vicepresidenta económica, Elena Salgado, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y el de Fomento, José Blanco. No puede haber discusión en torno a la inclusión de los dos primeros, pero, nada más anunciar Zapatero la puesta en marcha de la comisión ministerial, en los pasillos del Congreso empezó a circular una pregunta: ¿Por qué Blanco sí y Corbacho no? Desde el PSOE se ha explicado la ausencia del ministro de Trabajo ante los numerosos compromisos que va a tener próximamente en el marco del Pacto de Toledo y en la mesa de diálogo social. Lo cual es cierto. Pero aún así, resulta difícil entender que el ministro de Trabajo no participe en unas conversaciones en las que más que previsiblemente, se abordarán cuestiones relativas al mercado laboral. Si Zapatero quería desmentir las informaciones que hablan de su pérdida de confianza en Celestino Corbacho, le ha hecho un flaco favor al catalán.
Por el contrario, con la inclusión en la comisión Blanco confirma que sube enteros en la confianza que Zapatero tiene depositada en él y consolida su parcela de poder en el Gobierno, que crece día a día en detrimento de María Teresa Fernández de la Vega.
Blanco lleva algún tiempo como vicepresidente 'in péctore', ejerciendo de portavoz 'bis' y haciendo sombra a la 'vice', quien ve como su estrella se va apagando mientras el ministro de Fomento y Alfredo Pérez Rubalcaba toman posiciones para colocarse como número dos del Gobierno (ver El Siglo n° 864, 'Quieren ser 'vices").
En el seno del PSOE, se da por hecho que cuando termine el semestre europeo, Zapatero acometerá una reforma de su gabinete para afrontar con un impulso renovado la recta final de la crisis. Por ello, ni Blanco ni Rubalcaba quieren perder posiciones. El titular del Interior lleva tiempo situado como uno de los valores más sólidos del Ejecutivo, como indican las encuestas del CIS, en las que ha estado situándose como el ministro más valorado. Pero Blanco está escalando desde el ministerio de Fomento, un puesto bastante agradecido para lucirse por las importantes dotaciones económicas que maneja. Y además, en el reciente conflicto con los controladores ha demostrado una fir
meza y una claridad de ideas que se ha echado en falta en el área económica del Gobierno, como le criticaron prácticamente todos los grupos a Zapatero en la comparecencia de la semana pasada.
Teniendo en cuenta que Blanco todavía no ha soltado el bastón de mando en el PSOE, a costa de algún roce con su sucesora en el cargo, Leire Pajín, el vicesecretario general de los socialistas aparece como el hombre fuerte del gabinete de Zapatero.
Sea como fuere, a Salgado, Sebastián y Blanco les espera una difícil tarea para que la comisión no se quede en un simple "anuncio" como ha afirmado Rajoy. Aunque el Gobierno ya ha sacado algo en claro de la propuesta de Zapatero, y es que el PP, al desmarcarse de la voluntad de entendimiento general, está un poco más sólo de lo que estaba hace dos semanas. •
Pere Macías, portavoz
de Presupuestos de CiU
en el Congreso
"El PSOE está
demostrando
poco liderazgo"
—¿La situación económica hace necesario un pacto de Estado contra la crisis?
—No sólo lo hace necesario, sino que lo hace imprescindible. La situación económica española requiere reformas de tal calado que no se pueden abordar de otra forma.
—¿Qué esta dispuesto a poner su partido encima de la mesa para llegar a ese pacto? —En este tipo de cuestiones, tienes que estar dispuesto a no poner condiciones que la otra parte no pueda asumir. Nosotros trataremos de buscar puntos de encuentro, pero, por ejemplo, una de las cuestiones básicas para nosotros es que no se aumenten más los impuestos. Estamos dispuestos a ser flexibles porque es más una cuestión de actitud.
—¿Qué partido está poniendo más trabas para el entendimiento?
—El PSOE está demostrando poco liderazgo. En este momento sería necesario un liderazgo similar al que Adolfo Suárez demostró en la transición, pero Zapatero no lo está ejerciendo. Zapatero, a rastras, cuando todo el mundo ya lo demandaba, ha terminado por proponer un 'pseudopacto'. Y el PP, movido por una desconfianza lógica, se muestra reticente a llegar a ese acuerdo.
—¿Qué puntos deberían incluirse de formaimprescindible en el pacto?
—Empleo, impulso de la competitividad, ahorro y austeridad en las administraciones públicas... Por ejemplo, en la cuestión del empleo hay que aplicar las figuras contractuales que sean necesarias para terminar con la dualidad entre temporales e indefinidos en el mercado laboral y, sobre todo, impulsar la contratación de los jóvenes.
Gaspar Llamazares,
portavoz de IU
en el Congreso
"Zapatero pide
que no pongamos
condiciones
cuando el sí lo
hace"
-¿La situación económica hace necesario
un pacto de Estado contra la crisis?
—Estamos ante la crisis económica más grave sufrida en décadas, tardíamente reconocida por este Gobierno, pero también ante una crisis política. Son necesarias medidas que estén a la altura de las circunstancias, pero no a cualquier precio. Rodríguez Zapatero trata de trasladar a un posible pacto su política parlamentaria denominada de 'geometría variable', la misma que ha tenido resultados económicos tan negativos, es decir, jugar con varias barajas, y eso ya no es posible. Le decimos al presidente que tenemos razones más que fundadas para la desconfianza, tanto por el pasado reciente como con respecto a sus propuestas. Desde IU le decimos a Rodríguez Zapatero que 'aquí no se fía'.
—¿Qué esta dispuesto a poner su partido encima de la mesa para llegar a ese pacto?
—Desde Izquierda Unida reiteramos que tenemos voluntad acreditada de acuerdo, lo hemos demostrado otras veces, pero es ahora al Gobierno al que le toca demostrar que quiere un verdadero acuerdo con la izquierda y no sólo con la derecha nacionalista moderada. Hasta hoy Rodríguez Zapatero ha combinado el continuismo económico y el respeto a determinadas 'líneas rojas' sociales. Pero ahora nos propone traspasarlas en compañía de esa derecha moderada que seguramente estará más de acuerdo con estas propuestas, que son de cirugía con respecto a la crisis, pero que harán que la paguen quienes no la han creado, es decir, los trabajadores, los parados, los futuros pensionistas, los jóvenes, las pymes o los autónomos.
—¿Qué partido está poniendo más trabas para el entendimiento?
—No creo que sea cuestión de establecer un ranking de trabas, pero algunas cosas están claras. El Gobierno propone medidas de derechas para salir de la crisis, pero el PP las ve insuficientes porque espera que se ahorque con la soga del ajuste que suponen esas mismas medidas. El PNV se deja querer y CiU se ofrece mientras mira de reojo las próximas elecciones autonómicas catalanas.
—¿Qué puntos deberían incluirse de forma imprescindible en el pacto?
—Sigue habiendo margen para una salida social a la crisis, estamos convencidos de ello. Rodríguez Zapatero propone un acuerdo, nos dice a los demás que no establezcamos condiciones al acuerdo, pero él sí lo hace. Desde IU le pedimos que retire la propuesta de la edad de jubilación a los 67 años, porque entonces sí podemos negociar y no ante una medida que significa un recorte social. El acuerdo debe hacer hincapié en lo más importante: en el desempleo y en la gente. Debe haber políticas activas que creen empleo con garantías, pero eso no se hace con más precariedad, despidos aún más fáciles y baratos o destruyendo empleo público. Se debe mantener el impulso y la inversión pública para salir de la crisis y para cambiar el modelo productivo. Hay que lograr una justicia fiscal a través de una reforma que haga los impuestos más progresivos. Nuestro sistema fiscal se apoya sobre los trabajadores y los asalariados, y se van de rositas los que tienen grandes rentas o grandes patrimonios. Y eso no se arregla subiendo el IVA. También es necesario reformar el sistema financiero, porque hoy prácticamente el 50 por ciento de la petición de crédito es denegado por los bancos.
Pedro Azpiazu, portavoz de Economía del PNV en el Congreso
"Ni al PP ni al
PSOE les interesa
pactar la política
económica"
—¿La situación económica hace necesario un pacto de Estado contra la crisis?
—Los pactos por el mero hecho de ser pactos no tienen ningún valor añadido si no valoramos su contenido. En todo caso, la situación es tan complicada que, en todo caso, es al Gobierno al que le corresponde la iniciativa. Hasta hoy, ha actuado en soledad, a bote pronto, de manera dispersa, sin planes concretos y sin contar ni llamar a nadie o por los menos a los Grupos Parlamentarios o a los líderes de los partidos políticos que estamos en la oposición. Si realmente quiere que caminemos todos juntos, tendrá que tomar la iniciativa y llamarnos. Si lo hace, mi Grupo siempre se sentará a hablar y probablemente será el último en levantarse de la mesa pero como le digo, la iniciativa le corresponde al Gobierno.
—¿Qué esta dispuesto a poner su partido encima de la mesa para llegar a ese pacto? —Todos nuestros esfuerzos. No tememos ningún tema, ni tenemos tabúes.
—¿Qué partido está poniendo más trabas para el entendimiento?
—Nosotros desde luego no. Tampoco diría uno, sino más bien me da la sensación de que—y más aún después de lo visto en el Pleno económico monográfico del Congreso— a ninguno de los dos grandes partidos, PSOE y PP, parece que les interesa de verdad y en serio pactar la política económica.
—¿Qué puntos deberían incluirse de forma imprescindible en el pacto?
—Hay que reformar de una manera valiente el gasto público, transferir las competencias pendientes y así podrían eliminarse los Ministerios con carteras que son de las Comunidades Autónomas y evitar ese gasto inútil y duplicado. Por supuesto hay que reformar el mercado de trabajo y eliminar la dualidad contractual, y lo mismo con el Sistema de Pensiones. No podemos olvidar el modelo energético ni el pacto educativo. Debemos reflexionar también sobre el sistema de bienestar que queremos tener y, en función de él, establecer una forma de financiación y una presión fiscal. Llevamos mucho tiempo avisando de que estas reformas estaban pendientes, si la crisis vale para que por fin acometamos entre todos estos temas, me doy por satisfecho. Pero dudo de que en la práctica todo ello se vaya a hacer de una manera idílica, pactada, consensuada ...etc. No se puede hacer una tortilla sin romper huevos y aquí hay muchos huevos que romper, porque la tortilla es muy grande. Dudo de que todo el mundo tenga las mismas ganas que mi Grupo en abordar el tema.
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