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Nº 869

22/2/2010

La cuadratura del círculo

Por Juan Antonio Barrio

Hemos vivido momentos difíciles y, seguramente, no serán los últimos. En los momentos en que escribo la coyuntura ha mejorado relativamente: se ha producido un acuerdo entre los agentes sociales sobre la negociación colectiva, inducido en gran parte por el Gobierno. Y también parece probable un acuerdo (en uno o dos meses) sobre la reforma del mercado laboral.

Sin embargo, las turbulencias están lejos de desaparecer, aunque no se ha vuelto a repetir el jueves negro (4 de febrero) con una bajada del casi el 6 por ciento en la Bolsa. Las presiones de los mercados se centran no sólo en la retirada de fondos, sino en el encarecimiento de la deuda española, el aumento del riesgo país medido por el diferencial negativo con el bono alemán de referencia. Pues bien, la pregunta es: ¿responde todo esto a una valoración objetiva de la economía española? Si quien responde positivamente a esta pregunta es, pongamos, el portavoz de Economía del PP no tiene, desde luego, la misma incidencia que si lo hace el todavía comisario de Economía de la Comisión Europea, español y miembro del PSOE poniendo en una misma cesta a España y Grecia a los efectos de "pérdida de competitividad".

En mi opinión, la valoración objetiva de los mercados no existe. Hay, en el mejor de los casos una consideración subjetiva acerca del crecimiento del déficit por encima del volumen global de la deuda (20 puntos por debajo de la media europea) o, incluso, del porcentaje del PIB que destinarán al pago de la misma (que es inferior al de Francia y Alemania). Pero, además, se mezcla con apuestas especulativas bajistas puras y duras contra el euro y, también, como han señalado el vicesecretario del PSOE, José Blanco y el Premio Nobel Stiglitz, un intento mucho más politizado de hacer fracasar cualquier intento de reforma financiera, cualquier intento de regulación o supervisión que provenga de la Unión Europea. Riesgos irrestrictos, especulación, business as usual. ¿Les suena?

Ahora bien, sean injustos, especulativos o no, politizados o no, sería demagógico pretender que no hay que hacer caso. Los esfuerzos de austeridad y rigor del Gobierno –que deben trasladarse a las CC AA– para reducir el déficit en tiempo y forma son perfectamente adecuados. Convencer a los inversores de ello es necesario. Pero existe la posibilidad de que además de injustos y especulativos los mercados se muestren también insaciables (sobre todo si prima el carácter politizado de los movimientos). Y, si fuera así, ¿dónde poner pie en pared? ¿Será posible seguir cuadrando el círculo de dar confianza a los mercados y también a los ciudadanos y a los sindicatos?

Un ejemplo, a mi juicio negativo, esta en la propuesta de reforma de las pensiones. Hasta ahora, el consenso mayoritario, y, desde luego, entre los socialistas sostenía al menos tres cosas. Uno, el sistema goza de buena salud a corto y medio plazo. Dos, había que introducir reformas basadas en dificultar las prejubilaciones, subir la edad mínima de prejubilación e incentivar voluntariamente el aumento de la edad real de jubilación hasta acercarla a la edad legal, 65 años. Tres, habría que ver la posibilidad de introducir reformas en el largo plazo, para más allá del 2023 o, contando con el Fondo de Reserva, más allá del 2029. Pues bien, sin argumentar nada sustancialmente nuevo la propuesta indica aumentar progresivamente la edad legal de jubilación, dos meses por año, a partir de ...2013. O sea, mañana mismo como quien dice. Es, probablemente, un guiño otra vez a los omnipotentes mercados para aplacarles. Como guiño era la ampliación de la base de cotización y el número mínimo de años de cotización a 25 años, luego retirado del informe que se envió a Bruselas.

¿Estamos a tiempo de rectificar? En mi opinión, en gran medida sí. El Gobierno ha dicho que sólo es una propuesta a dialogar "en el seno de la Comisión Parlamentaria del Pacto de Toledo y con los agentes sociales". Ojala ese diálogo y el consenso con los sindicatos, quizá en un clima de menor presión sobre la deuda pueda ser logrado. Pero en todo caso, si hay que elegir, yo propondría resistir. Resistir con las nuestros, con la confianza de los ciudadanos y la complicidad de los sindicatos. "Resistir en vencer", se dijo una vez (y perdimos). Pues bien, si resistimos podemos ganar o perder. Pero si no resistimos estamos perdidos. •

*Diputado por el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso

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