![]() |
||
Nº
869 - 22 de febrero de 2010 |
||
| Números anteriores | Esta semana |
José Mario Armero era el titular de uno de los más importantes bufetes de Madrid. Además era presidente de Europa Press. La cualidad principal de (…) Armero por encima de todas las otras, y eran muchas, era de ser un hombre bueno. Entregado siempre con toda sinceridad a sus amigos, era incapaz de negar nada a nadie. Desde el primer día que lo conocí, fue más que un compañero de abogacía. Para mí terminó siendo uno de mis mejores amigos. Llegué a quererlo como a mi propio hermano, porque eso es lo que él fue para mí”. Este texto pertenece al libro Memorias. Teodolfo Lagunero. La extraordinaria vida de un hombre extraordinario. Prólogo de Almudena Grandes, editado recientemente. Lagunero (Valladolid, 1927) fue catedrático de Derecho Mercantil, republicano, comunista, constructor y abogado en ejercicio. También fue, siendo millonario, mecenas del PCE y, muy personalmente, de Santiago Carrillo. Forma parte, sin duda alguna, de la historia de España, desde el tardofranquismo hasta la transición democrática. A sus 83 años continúa siendo amigo íntimo de Carrillo, bastante mayor que él. En sus memorias, figura un episodio de enorme trascendencia. Se trata de la reunión que tuvo lugar en París y en la que participaron Armero, Franco Pascual de Pobil y el entonces secretario general del PCE, Carrillo. Trascrito literalmente de su libro y de su diario: “En el mes de agosto de 1974, José Mario Armero estaba volcado en colaborar para tratar de que se encontrase una fórmula que permitiese dar paso en España a un régimen democrático. Hablaba con unos y con otros para tratar de evitar cualquier tipo de enfrentamiento violento entre el régimen y la oposición. Me llamó (…) y me propuso que tratase de llevar a Santiago Carrillo a París. Allí iría él con un personaje importantísimo del régimen para que los dos tuviesen una entrevista. Consideraba que el encuentro podía ser de gran ayuda para lograr lo que todos deseábamos (…)” Ese “personaje importantísimo” era Nicolás Franco Pascual de Pobil, sobrino de Francisco Franco. El relato de los hechos es el siguiente, según Lagunero: “Esperaba con impaciencia el momento en que se encontrasen nada menos que el secretario general del PCE y el sobrino del dictador Franco. Frente a frente, la bestia negra del franquismo y la bestia negra de los antifranquistas. Pues bien, se saludaron como dos personas normales, y empezó a hablar Santiago: “Cómo se encuentra su tío” a lo que contestó: “Está un poco mejor, pero a su edad su situación es muy delicada”. Inmediatamente volvió a hablar Santiago: “Como usted ve, los comunistas no tenemos ni rabos, ni cuernos como el demonio, somos personas normales”. Contestó el sobrino de Franco: “Don Santiago, yo nunca he creído esas cosas de los comunistas (…) Me constan que son personas educadas, correctas y bienintencionadas”. Y en este punto se desvela una clave enormemente ilustrativa y por cierto no demasiado conocida. El sobrino del dictador trabajaba para el Príncipe. Es decir, para el entonces futuro rey de España, Juan Carlos de Borbón y Borbón. Nicolas Franco le dijo a Carrillo que “estaba recopilando para el príncipe información muy detallada sobre la postura y los propósitos de todos los dirigentes de la oposición (…) Ya le habían entregado al príncipe algunos informes, y entre otros, el del Partido Socialista. Le pidió a Santiago que comprendiera la delicada postura del príncipe (…) Siguió hablando Nicolás. Afirmó con convicción que el príncipe y él eran demócratas y que querían una verdadera democracia para España (…) Ante ciertas reticencias de Carrillo, Nicolás le puntualizó: “Don Santiago, le traigo una petición del príncipe. En el momento que ocurra el hecho sucesorio (…), le ruega que el Partido Comunista no saque a las masas a la calle y que no intente forzar los acontecimientos. Puede tener la seguridad de que tan pronto como sea posible se darán todos los pasos necesarios para instaurar en España una democracia plena”. Lagunero añade en su libro de memorias: “Años después, Santiago Carrillo sostiene que Nicolás Franco no se presentó como enviado del príncipe. Sin embargo, yo recuerdo con nitidez que dijo que venía en nombre suyo. Posteriormente, Victoria Prego ha insistido en que a ella los cuatro que estuvimos en la reunión así se lo contamos”. Lo cierto es, además, que José Armero influyó más tarde, muerto Franco, ante el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, en la conveniencia, o más bien necesidad, de que el PCE fuera legalizado. Esa legalización se convirtió en la prueba del nueve casi definitiva de que el proceso democrático en España circulaba en la buena dirección, a pesar de los numerosos obstáculos que se amontonaron en el camino y que tuvieron su expresión más inquietante el 23-F. También habría que evocar el juancarlismo profesado por Carrillo desde hace muchos años, tras observar que, en líneas generales, esta monarquía, más allá de su procedencia, es compatible con los valores democráticos. Todo esto, en resumen, explica los recelos permanentes de la derecha política, que gira básicamente en torno al PP, respecto al Rey. Estos días han vuelto los populares a acusar al monarca de haberle hecho a Rodríguez Zapatero un gran favor propugnando un Pacto de Estado contra la crisis. La derecha continúa siendo refractaria al Rey. No han faltado voces conservadoras que desde la calle Génova, 13 de Madrid le han reprochado a Don Juan Carlos sus supuestas tendencias izquierdistas. Parece mentira pero es verdad. Rajoy ha vuelto, por consiguiente, a enseñar la patita. A veces da la impresión de que el PP se encuentra más cerca de la predemocracia que de la democracia. |
| Números anteriores | Esta semana |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08 E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |
