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Nº 868 - 15 de febrero de 2010

La crisis se lleva por delante la popularidad de los presidentes

De cabeza

José Luis Rodríguez Zapatero no está solo soportando la cruz de la crisis como presidente de Gobierno. Todos sus colegas europeos, y también el norteamericano, están pagando con unos descensos históricos en su popularidad la gestión del peor escenario económico desde la Gran Depresión. Ajustes, medidas impopulares, aumento del paro... Cada uno soporta una dosis de desgaste diferente según la situación de su país y su manejo de la misma. Y, por sorprendente que parezca, Zapatero no es, ni mucho menos, el que peor lo lleva. El ranking de caída de popularidad elaborado por El Siglo señala a Obama como el líder más castigado y al presidente español sólo como el sexto, después de Sarkozy, Merkel o Brown, a quienes sus compatriotas piden más empleo, más ideas y más liderazgo. ¿Les suena?

Por Inmaculada Sánchez

Este lunes el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha convocado una cumbre para debatir la reforma de las pensiones, con el retraso de la edad de jubilación y la prolongación del periodo de cómputo como contenidos básicos. Los principales sindicatos del país ya le han lanzado una advertencia y una seria amenaza de movilizaciones.

El dirigente galo ha realizado la convocatoria, aun conociendo el coste que lleva pagado en su aceptación popular desde que estalló la crisis, consciente de que el primer mandatario de Francia no puede ocultarse en la inactividad ante una situación de “emergencia” como la que se ha presentado en el mundo globalizado tras la crisis de las subprime.

El presidente francés es al que le está saliendo más caro el desgaste de la crisis entre los principales dirigentes de la Unión Europea, según los sondeos de mayor prestigio. Desde que llegara al Elíseo, en mayo de 2007, con el mensaje de “trabajar más para ganar más” como estandarte de su campaña, y prometiendo una suerte de “revolución francesa” que aumentaría el poder adquisitivo del ciudadano medio y el pleno empleo, el escenario no ha hecho más que ponérsele en contra.

Si en los primeros cien días de mandato su aceptación popular era del 65 por ciento de la población, al despedir 2009 tan sólo un 31 por ciento de sus conciudadanos le apoyaban, el mínimo histórico en su popularidad y el mayor porcentaje de caída desde que fue elegido (Ver recuadros “Ranking de la caída” y “El desgaste de gobernar”) únicamente superado por Barack Obama si el cómputo se realiza desde el estallido de la crisis, a mediados de 2008.

El primer presidente negro de los Estados Unidos es, sin duda, quien ha protagonizado el descenso más vertiginoso en su aprobación ciudadana. LLegado al poder en plena recesión económica y aupado con un entusiasmo popular sin precedentes –alcanzó a sumar un apoyo del 79 por ciento de la población estadounidense– un año después su valoración apenas alcanza el 46 por ciento, lo que le ha forzado a relegar  su agenda internacional y centrarse en la política doméstica.

Aunque en dosis más moderadas, los principales dirigentes de la Unión Europea tampoco pueden presumir de mantener su prestigio y liderazgo. Angela Merkel, canciller de la primera potencia económica de Europa, Alemania, consiguió revalidar su cargo en plena crisis el pasado septiembre, con un 33,8 por ciento de votos para su partido y la posibilidad de despegarse de los socialdemócratas para formar gobierno con los liberales, acérrimos partidarios de afrontar la crítica situación económica con una decidida bajada de impuestos.

Apenas cien días han pasado desde que tomara las riendas del país la nueva coalición y el descontento con su gestión ya ha empezado a aflorar y a hacer mella en la imagen de su capitana, la dirigente mejor valorada de toda Europa. Merkel, que llegó a acumular el índice más alto de popularidad entre los dirigentes mundiales, nada menos que de un 85 por ciento en noviembre de 2005,  ha descendido al 59 por ciento de aprobación a comienzos del presente mes de febrero.

Otros dirigentes suman un menor descenso pero debido, básicamente, a que nunca llegaron a concitar un entusiasmo mayoritario entre sus compatriotas. Tal es el caso del primer ministro británico, Gordon Brown, al que todas las encuestas sitúan fuera del 10 de Downing Street después de las próximas elecciones del 6 de mayo.

El sucesor del carismático Tony Blair llegó al poder sin haber pasado por las urnas como candidato a primer ministro y gracias a la dimisión de su antecesor y a una votación interna dentro de su propio partido. Con un escaso 40 por ciento de aprobación popular al asumir el poder, que logró remontar brevemente en los primeros compases de la crisis con sus recetas económicas ante el

G-20, su imagen ha vuelto a desplomarse y los últimos sondeos apenas conceden un 27 por ciento en intención de voto al Partido Laborista frente al 39 que conseguirían los tories liderados por el joven David Cameron en la cercana cita con las urnas el próximo mayo. Su descenso, pues,  contabiliza un discreto 16 por ciento pero su valoración popular, en terminos absolutos, es la más baja de entre todos los principales dirigentes de la UE y no llega ni al 30 por ciento.

Caso aparte es el controvertido Silvio Berlusconi, en el poder desde mayo de 2008, cuando la crisis ya empezaba a mostrar su peor perfil y después de ganar las elecciones por mayoría absoluta. Más de la mitad de los italianos mostraban su aprobación al nuevo primer ministro y veinte meses después únicamente un 14 por ciento de ellos le ha dado la espalda. Tras sucesivos escándalos, cuando se conocieron sus fiestas particulares con presencia de prostitutas, su imagen parece haberse estabilizado e, incluso, mejorado, sobre todo tras la agresión de que fue objeto el pasado diciembre cuando un exaltado le lanzó un objeto y le rompió la nariz.

Su menor exposición pública y el sentimiento generalizado de rechazo a que la violencia se instale en el ya de por sí crispado escenario político italiano han conseguido que la popularidad del mandatario suba varios puntos en las últimas semanas hasta alcanzar un 48 por ciento de aprobación.

Si miramos a España, el presidente Zapatero no hace más que seguir la senda de sus homólogos europeos. Los datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), muestran un lento descenso en la valoración de los españoles desde la inusualmente alta puntuación del 6,61 con la que inauguró su mandato en abril de 2004.

Su primera legislatura se mantuvo entre el 5,92, al que bajó tras el entusiasmo inicial de su elección tres meses después, y el 4,76, registrado en octubre de 2006, como extremos de un “diente de sierra” sostenido que no tuvo grandes vuelcos, incluso, después de asomar la crisis económica, poco antes de las últimas elecciones legislativas de marzo de 2008, cuando el PSOE volvió a ganar.

El via crucis de Zapatero empezó en el verano de 2008, al poco de estrenar su segundo mandato y cuando la recesión era ya una realidad innegable. Desde el barómetro del mes de julio la valoración del presidente no ha hecho otra cosa que descender mes a mes. 4,73, 4,55, 4,27, 4,11... hasta el mínimo del 3,98 registrado el pasado enero.

El ritmo de la caída es progresivo y no repunta en ningún momento pero, en comparación con sus colegas de los principales países de la UE, resulta de los menos estrepitosos. Entre el fatídico verano de 2008, cuando la quiebra de Lehman Brothers puso fecha al estallido de la crisis, y el inicio de 2010 la puntuación de Rodríguez Zapatero ha bajado del 4,75 al 3,98; esto es, menos de un punto y un 7,7 en porcentaje.

Parte de la explicación a esta, aparentemente moderada, caída de popularidad estaría en el desgaste que, previamente al recrudecimiento de la crisis, ya venía sufriendo el mandatario español. Es por eso que, si se compara su actual valoración con el entusiasmo ciudadano que le acompañó en su llegada a la Moncloa en 2004 sólo Nicolás Sarkozy y Barack Obama superan su declive.

El presidente galo ha caído nada menos que un 34 por ciento en su popularidad y el estadounidense, un 33. El español, por su parte, ha dilapidado un nada despreciable 26,3 por ciento de apoyo ciudadano en el transcurso de sus ya cerca de seis años en el poder.

Estas cifras, extraídas de los sondeos más fiables de cada país, nos señalan que los líderes que más pasión desataron al acceder al timón de sus respectivos gobiernos han sido, también, los que más vertiginosamente han caído según iban avanzando las cifras de paro en sus  países. A día de hoy, sin embargo, y al margen de lo rápido o lento de cada descenso, la situación de cada uno varía ostensiblemente. Y, sin duda, hay una figura que se destaca por encima de las demás, la de la canciller alemana,Angela Merkel. Ya en su momento, a los cien días de haber llegado a la cancillería al frente de un gobierno de Gran Coalición con los socialdemócratas de Frank Walter Steinmeier, el pueblo alemán saludó su estilo y pronto empezó a ser aplaudida al margen de los avatares de su complejo gobierno. Una encuesta de Der Spiegel la concedía nada menos que un 85 por ciento de aprobación en aquellas fechas.

Rápidamente se olvidó  su patinazo en uno de sus mítines de campaña, cuando confundió el salario bruto con el neto: Merkel pronto se erigió como la verdadera líder de Alemania en el mundo. Un sondeo de Gallup Internacional llegó a concederla el “título” de líder con mejor valoración a nivel mundial a finales de 2007, con un 76 por ciento de popularidad.

Pero incluso la dama alemana no ha sido inmune al descontento. De tales niveles de aprobación ha pasado a un 59 por ciento, porcentaje que la mantiene, no obstante, como la única dirigente de entre los más importantes de Europa a la que aprueban más de la mitad de sus compatriotas.

Algunos analistas apuntan, sin embargo, a un cercano cambio de tendencia en el país con el mayor PIB de la Unión. Los niveles de paro se están manteniendo entre los más contenidos de la UE (Ver recuadro “Los datos del desplome” en página anterior), con un 7,5 sobre la población activa gracias, en parte al denominado “modelo alemán” que España va a explorar en su recién iniciado diálogo social y que se caracteriza por sustituir posibles despidos por contratos a tiempo parcial que se completan con un subsidio del Estado. “Ya parece haberse agotado el recorrido de los que pueden acogerse a este sistema y es posible que, hasta que la economía repunte, el desempleo alemán pueda crecer más que hasta ahora”, explica un experto.

La evolución del esperanzador 2010 aún es una incógnita. La mayoría de los países desarrollados ya han empezado a crecer (salvo España, que cerró el último trimestre de 2009 con un 0,1 de crecimiento negativo del PIB), pero todos los dirigentes aprietan sus agendas y sus gestos para recobrar la confianza perdida.

El “desaire” de Barack Obama hacia Europa, anulando su prevista presencia en la cumbre Estados Unidos-Unión Europea prevista para el próximo junio en Madrid, tiene su origen en el difícil momento que atraviesa el presidente norteamericano. Su prioridad, ahora, está en su propio país y en recuperar ese entusiasmo ciudadano que le aupó a la Casa Blanca hace apenas 12 meses. La crisis ha sido devastadora para los políticos que prometieron cambios e, incluso, sueños. Cuando empecemos a levantarnos de la recesión habrá que hacer recuento de los que sobrevivieron.


'RANKING' DE LA CAíDA

Porcentaje de descenso de la valoración popular desde el estallido de la crisis hasta hoy   Porcentaje de descenso de la valoración popular desde que fueron elegidos hasta hoy

Dirigente
FPopularidad 
  Dirigente 
FPopularidad 
1. Barack Obama:
33 %
  1. Nicolás Sarkozy:
34 %
2. Nicolás Sarkozy:
28 %
  2. Barack Obama: 
33 %
3. Angela Merkel:
17 %
  3. José L. Rguez. Zapatero:
26,3%
4. Gordon Brown: 
16 %
  4. Angela Merkel:
26 %
5. Silvio Berlusconi:
14 %
  5. Silvio Berlusconi:
15 %
6. José L. Rguez. Zapatero:  
7,7 %
  6. Gordon Brown:
13 %
Elaboración propia en base a la popularidad de cada dirigente en las fechas citadas.  

 

EL DESGASTE DE GOBERNAR

Valoración del presidente del 0 al 10 según el CIS
Dirigente 
Año elección (1)
Inicio crisis (2)
Dic09-En10  
José L. Rguez. Zapatero
6,61 
4,75
3,98

 

Popularidad de los dirigentes europeos en porcentaje  
Dirigente 
Año elección (1) 
Inicio crisis (2)
Dic09-En10 
Angela Merkel 
85% 
76% 
59%
Nicolas Sarkozy
65%
59%
31%
Gordon Brown
40%
43%
27% (3)
Silvio Berlusconi
53%
62%
48%
Barack Obama
79%
– 
46%

1.- Zapatero: marzo 2004, Merkel: noviembre 2005, Sarkozy: mayo 2007,  Brown: junio 2007, Berlusconi: mayo 2008, Obama: enero 2009.

2.- Sondeos realizados entre agosto y octubre de 2008. La caída de Lehman Brothers, símbolo de la crisis, fue en septiembre de 2008.

3.- Intención de voto al Partido Laborista liderado por Gordon Brown (no hay sondeos de popularidad del primer ministro en esas fechas)

Fuentes: Elaboración propia con datos de CIS, Gallup Internacional, Ipsos y encuestas de Liberation, Le Figaro, Der Spiegel, La Repubblica, Washington Post y NBC.

  



LOS DATOS DEL DESPLOME

País Paro (1) Déficit fiscal (2)  2009/2010
Crecimiento PIB(3) 2009/2010
España 19,5 11,5/10,1 -3,6/-0,6
Alemania 7,5 3,2/6,0 -4,8/1,0
Reino Unido 7,8 12,6/12,0 -4,8/1,3
Italia  8,5 5,4/5,3 -4,8/1,0
Francia 10 7,9/8,2 -2,3/1,4
EE UU 10 10,6/9,2  -2,5/2,7

1.- OCDE. En porcentaje de la población activa.

2.- 2009: datos oficiales de cada país. En Estados Unidos, previsión de cierre de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO).

2.- 2010: Previsiones FMI. En porcentaje del PIB.

3.- Previsiones FMI cierre 2009 y 2010. En porcentaje de variación interanual.

 

El ‘bono euro’ o el miedo al contagio griego

Poco puede hacer en estos momentos el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, para mejorar su imagen. Triunfador en las recientes elecciones de octubre de 2009, este socialista hijo y nieto de anteriores primeros ministros de su país, ha asumido el timón del Gobierno en el peor momento para Grecia. Y aunque sus conciudadanos le dieron la confianza para sacarles del pozo en el que la crisis y la ineficaz gestión del anterior gobierno les habían metido sus primeras medidas ya le están costando huelgas y movilizaciones.

No es de extrañar ya que, forzado a poner en marcha un duro plan de ajuste para que el resto de países de la Unión rescaten su economía, al borde de la bancarrota, sus primeras medidas hablan de rebaja de sueldo para los funcionarios, ampliación de la edad de jubilación o privatización de empresas públicas.

Marcado con el estigma de ser el mandatario del primer país de la zona euro que va a necesitar un “rescate financiero”, pocos son los colegas que quieren hacerse fotos con él, a no ser para mostrar su distancia y su condición de “rescatadores”, como han hecho recientemente Merkel o Sarkozy.

Precisamente, la imagen de Rodríguez Zapatero sentado junto a Papandreu y el primer ministro de Letonia en el Foro de Davos desencadenó la “semana horribilis” en la que la solvencia de las cuentas públicas españolas se puso en duda por parte de los mercados y algunos de los más prestigiosos medios de comunicación económica del mundo.

Amainada la tormenta, después de que la visita de la vicepresidenta Salgado a la city londinense o la firma del pacto salarial a tres años entre sindicatos y patronal volvieran a proyectar una imagen de país serio y responsable fuera de nuestras fronteras (Más información en págs. 60 y 61), otro temor se ha instalado entre los analistas españoles.

Se trata de la posibilidad de que los países más fuertes, y que aspiran a salir de la crisis con mayor rapidez que el resto a lo largo de este año, crearan un “bono conjunto de la zona euro” como vía para ayudar a aquellos países del área monetaria en dificultades pero también para distanciarse de ellos.

“Ello supondría la ruptura de la zona euro”, apunta en el “El Nuevo Lunes” el analista y profesor del IB Business School Fernando Fernández durante el último desayuno-coloquio del semanario económico. Lo que está en juego ahora es la capacidad de la Unión de mantener el euro sin romper lo que tanto costó conseguir: la Europa de una sola velocidad. Alemania y Francia descartaron hace unos meses la creación de ese “bono euro”, pero la necesidad de que Grecia no contamine al resto de la Unión puede hacer variar las posiciones.

Ejercicio cínico e infinitamente injusto por Enric Sopena


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