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Nº 868 - 15 de febrero de 2010

Soledad Puértolas, escritora

"LA LENGUA NO ES DE LOS ERUDITOS NI DE LOS INTELECTUALES"

La escritora Soledad Puértolas ganó en 1979 el premio Sésamo de novela con El bandido doblemente armado y en 1989 el Planeta con Queda la noche. Ahora, ha sido reconocida con el sillón 'g' de la Real Academia Española (RAE). Previsiblemente, se sentará en él a partir del mes de octubre, siendo una de las cinco académicas de la RAE de un total de 44 miembros. Eso sí, no quiere ser noticia por su condición de mujer sino por la de creadora. Defensora de una educación que muestre el placer por la literatura, Puértolas asegura que realizará su labor en la Academia "con una aproximación natural a la lengua y con una
buena dosis de inocencia".

Por Luis Marchal

Qué siente al saber que ocupará el sillón 'g' de la (RAE)?
—Es como una mezcla de respeto y de emoción. Predominan también las sensaciones de interés y de curiosidad. ¿Qué va a pasar aquí? ¿Qué puedo aportar? ¿Qué voy a aprender? Se siente uno como entrando en un reducto que no conoce, pero que sospecha que es importante. Además, en la Academia hay un ambiente muy acogedor. En seguida te hacen de los suyos.
—¿Por qué le produce "perplejidad" que sea un acontecimiento que una mujer entre en la RAE? Con usted, sólo hay cinco.

—Lo que me produce perplejidad, en general, en la vida, es que cuando una mujer llega a algo se resalte tanto su condición de mujer. Es una perplejidad cósmica. ¿Por qué hay que resaltarlo tanto? Sé que histórica y culturalmente tiene una razón: las mujeres no han sido reconocidas en un plano de igualdad. Si perdemos esa perplejidad, perdemos el sentido de la igualdad. Lo lógico sería que no fuera noticia.

—¿Está en contra de la discriminación positiva?
—Depende. No soy nada normativa. Hay que estudiar cada caso. Aplicar la discriminación positiva en los temas culturales, que tienen que ver con la creación, sería un riesgo. En temas de trabajo, según y cuándo, a lo mejor sería conveniente. No nos valen las generalizaciones.

—En ese sentido, el director de la RAE, Víctor García de la Concha, ha asegurado que usted ha sido elegida "por sus méritos y no por cuota".
—Si los que votan no consideran que tienes méritos, da igual que seas mujer u hombre. Me parece evidente. La literatura no admite cuotas.

—¿De qué forma su aportación a la RAE será "un acercamiento natural a la lengua"?
—La Academia quiere que estemos en ella los creadores. Es un asunto interesante; porque los creadores, tanto novelistas como poetas, no somos expertos ni en gramática ni en filología. El que estemos los creadores significa un respeto hacia la creatividad. Mi aportación será por lo que soy y por lo que escribo. Iré con una aproximación natural a la lengua y con una buena dosis de inocencia.

—¿Los creadores pueden dar cierta frescura a la Academia?
—Claro. No estamos tan regidos por todas las normas.

—¿Cómo puede estar la RAE en la vida cotidiana de las personas?
—En la vida cotidiana de las personas está la lengua. Sería bueno que fuéramos más conscientes de la necesidad de su enseñanza. Aprender una lengua y una literatura es un enriquecimiento. Leyendo y conociendo nuestra lengua tenemos más capacidad de comunicarnos. Ahí está el reto.

—¿Opina que la educación básica que se recibe ahora ha hecho que se escriba mal?
—La educación básica no ha conseguido aficionar a una mayoría de personas a lo que es la literatura y a lo que es el dominio y el gusto por la lengua. El problema está en la educación. Debería mostrar más el placer y no tanto la obligación de los análisis. Eso hace que muchos alumnos odien la asignatura de Lengua.

—¿Considera necesaria una nueva Ley de Educación consensuada para corregir esto?
—Es un asunto que está por encima de toda tendencia política. Nos interesa a todos.

—Hay un problema de educación. Sin embargo, se percibe por parte de algunos sectores una gran defensa de la lengua y de lo español.
—Muchas veces nos dedicamos a lo externo y no a lo interno. Esto es muy propio de lo nuestro. Parece que enfocamos nuestro interés en lo de fuera y que se nos llena la boca con palabras grandiosas, cuando lo importante es lo que hagamos dentro.

—Por cierto, usted ha dicho que "tenemos una actitud muy reverencial hacia la lengua".
—No se acaba de entender, a causa de una enseñanza no adecuada, que la lengua es de todos. No es de los eruditos ni de los intelectuales. Nos expresa. La necesitamos todos por igual. Es nuestro instrumento básico. Nuestra gran aliada. Nos falta confianza en la lengua.

—El tema de su discurso de entrada a la Academia será los personajes secundarios, ¿es fácil que acaben siendo los principales en algún momento?
—Quiero poner en primer plano a unos personajes secundarios de El Quijote, que están muy bien tratados en la obra. En ese sentido, Miguel de Cervantes es de una generosidad y de una sabiduría tremendas. El secundario en Cervantes no es secundario estrictamente, es un principal pequeñito. Me gustaría convertirlos es protagonistas de un texto que escribiré. El discurso será más parecido a un cuento que a un ensayo. Será creativo, que es lo que yo puedo hacer.

—Hablando de creatividad, ¿hay alguna palabra que no esté en el diccionario y que le gustaría que se introdujera?
—La Academia ha ido incorporando muchos términos. Es sensata y tiene bastante sentido común para ello. No soy persona tanto de inventar palabras como de aprovechar los recursos de la lengua. En todo caso, se me ocurrirían derivados de verbos. El español tiene una riqueza impresionante en las conjugaciones verbales. A veces dan ganas de derivar más, a partir de los tiempos verbales. Inventamos con la lengua.

—En estos momentos, ¿tenemos falta o sobredosis de comunicación?
—Se dan las dos cosas. Estamos muy sometidos a muchos datos pero con muy poca profundidad y mucha velocidad. Ha primado la velocidad con la que nos ofrecen los datos. Se sustituyen unos a otros, por lo que se quedan a un nivel muy superficial. Falta el tomar conciencia de lo que significan. ¿Qué es 122 y en relación con qué? Nos falta el tiempo para poner en relación unas cosas con otras.

—Ahora que hemos llegado a una cifra de más de cuatro millones de parados tenemos que ser conscientes de la historia que hay detrás de cada uno, ¿no?
—Es lo que puede aportar la literatura, quecuenta historias y da motivos de reflexión. También sabemos que murieron más de 200.000 personas en Haití. El dato es apabullante. Es como una sacudida de números que nos crea una impotencia tremenda. La literatura y el periodismo de reflexión son necesarios.

—Luis Mateo Díez es uno de los académicos que la propuso para entrar en la RAE, ¿está de acuerdo con él en que "vivimos en un mundo roto entre el progreso, la opulencia y la más absoluta miseria"?
—Mateo lo ha sintetizado muy bien. Es un mundo de unos contrastes tremendos. Vivimos desconcertados y deseosos de hacer algo, pero muy impotentes por no lograrlo.

—Como en sus obras ha hecho referencias a la infancia, se ha escrito que la melancolía es la tónica dominante de sus narraciones, ¿pertenecemos a una sociedad melancólica?
—No me considero nada melancólica. Para mí es algo negativo, como una nostalgia del pasado y de querer retroceder. Te impide ver el presente y a mí me interesa el presente. Otra cosa es que yo quiera interpretar el pasado y saber su importancia. No se puede prescindir de él. Me gusta conocer su peso y cómo nos hemos hecho. Para explicar los personajes hay que saber su pasado.

—¿Es positiva la Ley de Memoria Histórica para conocer nuestro presente?
—Hay que enfrentarse a los hechos, siempre analizándolos con sentido común. Habrá algunos casos más difíciles que otros. Hay que conocer el pasado.

—Hace hincapié en el sentido común, ¿es una máxima?
—Es que hay muy poco. Lo digo para ver si se contagia la gente. Cada uno tiene una batalla por la que pelear. Todos defienden algo muy particular. Pertenezco a una generación en la que el sentido común, unos intereses comunes, era importante. Es lo que decíamos antes de un consenso en la Ley de Educación. Estamos perdiendo lo común a base de batallas políticas, que son bastante intrascendentes.

—¿Los políticos son los que han perdido el sentido común?
—Desde luego, no predomina el sentido común en la política. Parece que hay un empeño en no entenderse.

—¿Qué habría que hacer para que lo recuperaran?
—Hacer una lista de prioridades. Volver, todos, a una escala de valores. La actitud del presidente estadounidense Barack Obama es muy adecuada, dentro de que es un dirigente político y no un ideólogo. Tiene esa actitud de hablar con unos y con otros, de lograr que nos entendamos.

—En las próximas semanas, publicará un nuevo volumen de relatos, Compañeras de viaje (Anagrama), ¿es el género con el que se encuentra más cómoda?
—Los relatos me encantan. Este libro va en la idea de los personajes secundarios. Serán personajes que arrancan como compañeras de viaje de personas que saben a dónde van y para qué. Estas mujeres son compañeras de viaje que cuando llegan al destino no saben qué hacer y tienen que buscar su sentido. Me gusta ese punto en el que se convierten en protagonistas. •


 
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