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Nº 868 - 15/2/2010

Juan Pablo de la Iglesia, secretario de Estado para Iberoamérica

"EUROPEOS E IBEROAMERICANOS

DEBEMOS SER SOCIOS GLOBALES"

Todas las dependencias españolas en Haití se derrumbaron durante el devastador terremoto que sacudió el país el 12 de enero cuyo balance de muertos es de unos 212.000. Treinta y seis horas después de la catástrofe, el Secretario de Estado para Iberoamérica se encontraba ya en Puerto Príncipe para aportar protección diplomática y consular a los ciudadanos españoles en Haití y organizar las evacuaciones, facilitar la labor del equipo español enviado por la Aecid y para participar y ayudar en la relación y el diálogo entre las autoridades haitianas y la Misión de Estabilización de la ONU en Haití, la Minustah.

Por Karmen Garrido

Dónde pernoctó durante los diez días que permaneció en Haití?
—Como toda la presencia física de la presencia del Estado español había sido destruida, todo el equipo, es decir una docena de personas, nos refugiamos en la residencia del consejero de la Embajada española, una casa familiar, donde dormíamos como podíamos en el salón o en el sofá.

—La comunidad internacional reaccionó muy rápidamente y con mucha generosidad pero la ayuda a las víctimas llegaba con cuentagotas y oíamos con demasiada frecuencia la palabra caos. ¿Por qué se produjo ese cuello de botella que hizo subir tanto la tensión, una tensión que pareció empezar a aflojar con la presencia de los marines estadounidenses?
—La situación en las 72 horas siguientes al terremoto era muy caótica y le explico por qué. El terremoto fue tremendamente violento y su impacto de destrucción sobre las infraestructuras de por sí bastantes precarias, enorme. Se produjo además un tremendoimpacto directo sobre los sistemas de comunicación: el puerto quedó destruido, la torre de control del aeropuerto, que es muy pequeño, quedó destruida y todos los sistemas de navegación también. Por otra parte, todos los edificios de los ministerios haitianos, excepto el de asuntos sociales, se derrumbaron y, la administración haitiana, de por sí no demasiado sólida desde el punto de vista institucional, fue golpeada muy duramente. Los ministros se salvaron pero el vacío entre los responsables intermedios era enorme y, naturalmente, esto complicaba sobremanera la coordinación y la adopción de decisiones políticas y operativas. En tercer lugar y, esto es algo muy importante a tener en cuenta, la presencia de la ONU fue brutalmente tocada. Su sede se había venido abajo atrapando a muchos responsables de Naciones Unidas que estaban trabajando allí. Así pues, nos encontramos con una infraestructura mínima, un gobierno en estado de shock y sin los medios para poder ejercer el poder y sin la capacidad de organización del equipo de Naciones Unidas, desaparecido y que debía ser reconstituido. Todo este cúmulo de dificultades hizo que la coordinación durante las 72 horas siguientes al terremoto resultase muy difícil. Además, y aunque resulte paradójico, la llegada de la generosísima ayuda internacional que no había dónde almacenar y la falta de espacio y de personal especializado para el aterrizaje de los aviones, complicaba las cosas de forma extraordinaria. Y, precisamente fue la falta de personal especializado para gestionar el aeropuerto, la que llevó a las autoridades haitianas a pedir ayuda a los Estados Unidos. Las tropas americanas y canadienses solicitadas por el gobierno haitiano llegaron en el marco de un acuerdo firmado entre el gobierno haitiano y la Minustah, que define perfectamente las funciones e indica claramente que se quedarán en Haití para seguridad de los trabajadores humanitarios y para que el reparto de la ayuda humanitaria se haga sin riesgo y para nada más. Y una vez esta misión esté terminada, a mi entender, no tendrán ni necesidad ni interés en permanecer en Haití.

—Varios aviones han transportado la ayuda española hasta Haití. ¿Es España el tercer país donante para Haití, no?
—Así es. España puso a disposición de la comunidad internacional su base en Panamá y entre la veintena de nuestros aviones que transportaron aguda muchos salieron desde allí. Hemos enviado tiendas de campaña, estaciones de potabilización, agua, alimentos, y medicamentos, una ayuda que la Aecid gestiona desde su almacén en Panamá, y el buque Castilla acaba de arribar a Petit Goave con ayuda médica y de ingeniería. Pero todavía queda mucho trabajo por realizar.

—España asume actualmente la presidencia semestral de la Unión Europea. ¿Cuáles son las principales líneas de actuación en las que se va trabajar?
—En el plan estratégico lo que desearíamos es que los países latinoamericanos y la Unión Europea dejen de mirarse únicamente como socios regionales para hacerlo como socios globales. Cada día es más evidente que Iberoamérica forma parte de la solución de la agenda global y, por tanto, pensamos que es el momento de dar un paso substancial adelante para que iberoamericanos y europeos dejemos de hablar únicamente de nuestros problemas birregionales, pasemos a ocuparnos de los asuntos que forman la agenda global y actuemos como verdaderos socios globales para construir juntos la solución a los problemas que nos afectan tales como la seguridad, la lucha por la defensa de los derechos humanos en el mundo, la lucha contra las consecuencias del cambio climático, el problema energético, asuntos en los que Iberoamérica tiene cada vez más cosas que decir y en los que nosotros, los europeos, tenemos iterés en establecer una coordinación mucho más estrecha con ellos.

—Hablemos de Cuba. Después del incidente de la expulsión de Luis Yáñez de la isla, oímos decir al presidente Rodríguez Zapatero que Cuba no era una prioridad.
—Cuba no puede estar ausente del esfuerzo global de España. El objetivo de la presidencia española en el ámbito de las relaciones de Europa con América Latina es que nuestra presidencia sirva para impulsar un fortalecimiento de estas relaciones. Pero además es que en los últimos años todo ha cambiado y ha cambiado mucho. Los países latinoamericanos han revisado sin excepción, sus relaciones con Cuba y ahora se mantienen relaciones de diálogo respetuoso, de visitas y de contactos, insisto, sin excepción. Los Estados Unidos han modificado su política de las anteriores administraciones hacia Cuba. La administración Obama ha iniciado un diálogo en determinados aspectos de interés común más profundo, más directo y vemos que satisfactorio para ambas partes. La Organización de Estados Americanos ha modificado su punto de vista sobre la situación de Cuba abriendo la puerta a que, cuando Cuba lo considere oportuno, pueda reintegrarse a la organización. Lo que perseguimos es una reflexión serena, desapasionada, fundada en objetivos y en intereses. Naturalmente, siendo muy conscientes de que éste es un tema de consenso y que lo que desde luego España no va hacer es romper ningún consenso, sino facilitar e impulsar una reflexión para analizar las bases en las que ahora estamos trabajando.

—Porfirio Lobo ya es presidente de Honduras pero estas elecciones fueron convocadas en un contexto muy comprometido. La Unión Europea y España pidieron una salida honorable para Manuel Zelaya. ¿Cuál es la posición de nuestro país en el asunto hondureño?
—La posición de España, que también es la de la Unión Europea y de la inmensa mayoría de los países de la comunidad internacional, era que no podía ignorarse el escenario que las elecciones abrían pero que estas elecciones se habían celebrado en condiciones anómalas. La toma de posesión del presidente Lobo ha venido precedida por un compromiso público, el Acuerdo de Santo Domingo, en el que el presidente Lobo se comprometía a llevar adelante alguno de los elementos que estaban en el Acuerdo de San José pero que no habían sido cumplidos hasta ahora; entre otros, dar una salida honrosa al presidente constitucional, Manuel Zelaya. El hoy presidente Lobo facilitó un salvoconducto al presidente Zelaya quien, por cierto, saludó positivamente la asunción de los compromisos de Santo Domingo, lo que le da un dimensión diferente a estos acuerdos. Las noticias que nos llegan de la composición del gobierno y de la voluntad del presidente Lobo de impulsar un proceso de superación y de reconciliación nacional son muy esperanzadoras. Por consiguiente, eso ha llevado a tener una presencia en la toma de posesión del presidente Lobo y a acoger con mucho interés y satisfacción las medidas que por ahora se han tomado y que nos lleva a considerar que hay una nueva etapa que se ha abierto en la que la voluntad de todos, incluida España por supuesto, es que Honduras se reintegre lo antes posible a la familia de las democracias iberoamericanas y que mediante el cumplimiento de esos compromisos que ha asumido voluntariamente el presidente Lobo podamos ir a una normalización sin mucha demora de nuestras relaciones, las de España, las de la Unión Europea y las de los países Latinoamericanos, que, como digo, estamos todos manteniendo la misma posición. •


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