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| Nº 868 - 15 de febrero de 2010 |
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Llamada de atención
por Santiago Carrillo Una mirada de conjunto a la situación política española es ciertamente inquietante. Un Gobierno acosado por la oposición, los medios de comunicación, los poderes económicos internacionales; que se esfuerza para que el peso de la crisis no recaiga exclusivamente en los trabajadores, como pretenden las tendencias dominantes en la economía globalizada; un Gobierno que a veces parece mareado por los golpes que recibe. Una oposición de derecha irresponsable, en permanente campaña electoral desde que perdió el Gobierno, despreocupada del interés del Estado, con un jefe rechazado en las encuestas por el 84 por ciento de los ciudadanos, que piensa llegar al poder a caballo de la presión financiera exterior. Y una opinión publica confundida y desorientada –en buena parte por los medios de comunicación– que lleva su desconfianza a la política y los políticos hasta el punto de preferir a la señora Rosa Díez. El telón de fondo sobre el que se dibuja esta situación es la crisis económica mundial, agravada en España por el estallido de la burbuja inmobiliaria con su cortejo de pérdida masiva de empleo, sin hablar de otras disfunciones causadas por el desarrollo histórico de nuestra economía que ha terminado basándose en el turismo y la construcción. En este cuadro resalta particularmente el sentido de la responsabilidad del que está dando pruebas el movimiento sindical, más concretamente CC 00 y UGT, cuya unidad es un gran factor de estabilidad y de resistencia a la ola derechista que la crisis impulsa. Los grandes poderes económicos que controlan el sistema de globalización existente tratan de utilizar la crisis para barrer el modelo de Estado del Bienestar, las conquistas queen siglo y medio de luchas han logrado los trabajadores. El desplome de la izquierda en Europa, debido al fracaso del llamado socialismo real y a la rendición de la socialdemocracia ante el liberalismo capitalista, ha hecho que en tanto que colectivos de masas más organizados, los sindicatos sean el obstáculo más importante a cualquier retroceso social. Junto con los sindicatos hay una multitud de organizaciones sectoriales en las que se han refugiado muchos militantes de izquierdas, organizaciones que, aun dispersas, están resistiendo. Hay que ser conscientes de que una crisis como la actual, comparable a la que hubo en los años treinta del siglo pasado, son el caldo de cultivo para que aparezcan y adquieran fuerza movimientos demagógicos de extrema derecha que ponen en peligro todas las conquistas, no sólo de una clase, sino sencillamente de la civilización. La crisis del siglo XX engendró el fascismo y la Segunda Guerra Mundial; en ésta de hoy vemos cómo levantan cabeza grupos de extrema derecha; cómo crece el peligro de que guerras locales se extiendan. Una de las cosas alarmantes que estamos viviendo es cómo los Estados más fuertes siguen aplicando el principio de si quieres paz, prepárate para la guerra, y cómo se mantienen o se perfilan bloques militares que con el pretexto de la seguridad terminan, por su dinámica propia, en el enfrentamiento. En estas circunstancias y por lo que concierne a nuestro país, sería muy importante que el Gobierno de Rodríguez Zapatero consiga resistir las fuertes presiones que recibe, de dentro y de fuera, sin perder el contacto con los sindicatos y las fuerzas de izquierda y de progreso. En la última encuesta que he leído –en El País–hay un dato que me parece más importante que otras respuestas, cuando a la pregunta de las consecuencias de las crisis en las economías familiares, entre los que contestan "muy bien", "bien" y "regular" está el 70 por ciento de los encuestados. Pues bien, el nivel de crispación política no corresponde a este dato, ni está provocado principalmente por el porcentaje de los que viven peor; la crispación política la promueven principalmente los que vive mejor, los que se mueven no por los daños que pueda causar la crisis, sino por razones ideológicas y políticas, por la pérdida de privilegios como el de seguir mandando en la sociedad "por la gracia de Dios". En este momento pienso que las fuerzas de izquierda y de progreso tendrían que ser capaces de mantener el contacto entre sí, aunque en ocasiones discrepen. Lo que nos estamos jugando, en una partida tan complicada y confusa, además de conquistas sociales, podrían ser la libertad y la paz. Se están entremezclando con la crisis demasiados conflictos militares. |
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