| Números anteriores | Esta semana |
![]() |
||
|
Rajoy tiene la oportunidad de rectificar el miércoles La cita del próximo miércoles, cuando José Luis Rodríguez Zapatero comparecerá ante el Congreso de los Diputados para explicar su política económica, será apasionante; no tanto por los datos que proporcione el presidente como por la respuesta de las oposiciones. Me parece que este debate sobre el estado de la cuestión es una oportunidad que debiera aprovechar Mariano Rajoy para presentarse ante la opinión como el bueno de la película. El presidente del Partido Popular se ha atrincherado en un discurso contradictorio que roza lo esquizofrénico. Asegura que apoya al Gobierno en pro de la imagen y el crédito de la nación al tiempo que expresa el diagnóstico más pesimista, de forma que sus argumentos, sin él pretenderlo, han nutrido de razones a los especuladores que apostaron por el hundimiento de la deuda del Reino de España. No me cabe duda de que Mariano Rajoy es un hombre honrado y perspicaz y le supongo molesto con el tremendista papel que está interpretando, que en todo caso no es tan catastrofista como el que interpreta Cristóbal Montoro, su portavoz económico. Con estos discursos es difícil creer lo que el gallego proclama con tanto énfasis: que no es cierta la acusación socialista de que el PP ha encontrado en la crisis su mejor arma para desgastar al Gobierno y alcanzar el poder. El partido de los patriotas no debería valerse de la estrategia del “cuanto peor, mejor”. El dirigente popular es lo suficientemente perspicaz como para intuir que semejante discurso no sólo no ayuda a su país, sino que además puede volverse contra él. La ciudadanía no compra catástrofes y menos las que afectan a lo más serio, a las cosas de comer. Mariano Rajoy ha reconocido que ya le gustaría a él plantear una moción de censura que tumbara a Rodríguez Zapatero a la mitad de su segunda legislatura; que le encantaría semejante moción pero que no está en condiciones de conseguir su propósito al no contar con la mayoría parlamentaria, pues es evidente que el registrador de la propiedad sabe contar. Prefiere sugerirle al leonés que se someta a la cuestión de confianza o que adelante las elecciones generales, aunque sabe perfectamente que la respuesta de su adversario es que "verdes las han segado". No es la primera vez que el gallego manifiesta, como pensando en voz alta, que no dispone de los votos precisos para la Moción, en un mensaje que, me parece, tiene dos claros destinatarios: Artur Mas, presidente de Convergència i Unió, y Josep Antoni Duran i Lleida, secretario general y portavoz de esta coalición en el Congreso de los Diputados. Habrá, pues, que estar muy atento al discurso de este último en la sesión del próximo miércoles. Duran ofreció la semana pasada un pacto a Zapatero pero al mismo tiempo se han revelado cabildeos de aquél con el dirigente de la derecha española. Nuestros lectores recordarán probablemente otros momentos en los que el elocuente parlamentario catalán animó a Rajoy a presentar la moción de censura para poco después, en la primera oportunidad mediática, asegurar que el presidente del PP no contaría con los votos de la coalición nacionalista. Sería pedir a ésta demasiado que apoye al partido que presentó, y, sobre todo, que no lo retiró cuando le fue solicitado, un recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut; aunque en política nunca se puede decir nunca jamás, sino a lo sumo apostar por un "nunca por el momento". Es comprensible que los convergentes se muevan en la ambigüedad: amagando al Gobierno con el palo de acercarse al PP y ofreciendo la zanahoria de un acuerdo de gobernabilidad con el PSOE. Sin embargo, los dirigentes del PP y de CiU, tienen razón al denunciar que Zapatero ofrece a diario un diálogo con las oposiciones de boquilla, al tiempo que en la práctica no cede un ápice en su política. Tengo la impresión de que el presidente acaricia la inminente aparición de los brotes verdes que le permitan remontar su decaída imagen. Sólo es cuestión de aguantar un poco, "con temple y con una amplia perspectiva", como ha explicado a su tropa parlamentaria. Aceptar ahora un acuerdo patriótico al estilo del Pacto de La Moncloa sería reconocer un fracaso que no está dispuesto a asumir. A Zapatero le sobra tozudez, frialdad y resistencia para mantenerse firme frente a la tormenta y para cambiar de discurso y de alianzas sobre la marcha. Es un ejemplo de resiliencia, un término que ha puesto de moda el psiquiatra Luis Rojas Marcos en su último libro: Superar la adversidad. El poder de la resiliencia, una palabra obtenida de la física que tiene que ver con la resistencia y la fatiga de los metales. Y Zapatero puede tener éxito, pues, como señalaba la portada de El Siglo de la pasada semana, todavía le quedan 750 días para reaccionar y dar la vuelta a la tortilla y, no hay que olvidar que, a pesar de los pesares, el gallego sigue clavado por debajo del leonés en lo que a la confianza pública se refiere. José García Abad |
| Números anteriores | Esta semana |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08
E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |
