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Nº 867 - 8 de febrero de 2010

Vicente Aranda, director

"LA VIOLENCIA ENGENDRA MONSTRUOS"

La nueva película de Vicente Aranda pone sus ojos en la España de hace cuatro décadas, situando una oscura historia pasional en el Burgos del Consejo de Guerra militar en el que se piden penas de muerte para varios miembros de ETA, una ciudad que se muestra casi ocupada por el propio Ejército. Luna caliente ha despertado polémicas desde su pase en la clausura del último festival de Valladolid. Aranda, un veterano-joven de 84 años, con una enorme vitalidad, no titubea ni tiene inconveniente en coger al toro por los cuernos.

Por Manuel Espín

La historia se basa en un relato de Mempo Giardinelli...
—Leí el relato hace tiempo y me llamó mucho la atención. Tanto que me decidí a adquirir los derechos de la adaptación. Tardé un tiempo en conseguirlos. La historia tenía mucho que ver con una metáfora sobre Argentina, que requería una dictadura, y yo la trasladé a la España de 1970. También cambié el clima del verano en el original a invierno, cuando sucedió el Proceso de Burgos. Las imágenes de este episodio que se reconstruyen en la película forman una parte muy importante del argumento. Especialmente en el interrogatorio a Mario Onaindía cuando acaba cantando un himno vasco, y se ven a militares sacando la espada. Esto me llamó la atención en aquella circunstancia. Pero no existe ni una sola imagen ni una foto del juicio de Burgos. Tuvimos por lo tanto que reconstruirlo para la película.

—Usted fue uno de los que en 1970 protestó contra las penas de muerte.
—Se dijo que 300 intelectuales nos habíamos encerrado en Montserrat pero entre nosotros también había muchos estudiantes, y evidentemente estaban muchas mujeres. Entre ellos me acuerdo de artistas como Joan Miró, Serrat, Jaime Camino, Terenci Moix, Nuria Espert, y muchos más. Nos manifestábamos en contra de la muerte, de una cultura de la muerte. Me acuerdo especialmente del papel que las mujeres tuvieron en aquelencierro, donde llevaban buena parte de la organización. Sólo un detalle: éramos 300 para un solo servicio y éste estaba impecable. En la Cataluña de los tiempos de Franco la complicidad entre nosotros funcionaba muy bien entre otras cosas gracias al idioma. La policía, que quería controlarlo todo, se enteró del encierro un día después y por la prensa, especialmente la internacional.

—En Luna caliente parece polémica alguna expresión que pone en boca de un personaje de izquierdas de la que podría deducirse una simpatía por ETA.
—Admito que no es hoy politicamente correcto decir que en 1970 la izquierda contemplaba con una relativa admiración a ETA. Pero las cosas han cambiado radicalmente. Ya entonces pedíamos la supresión de la pena de muerte. La vida de los otros debe ser sagrada. Nadie tiene derecho a decidir sobre la muerte de los demás. Eso es lo que nos movilizaba contra el Consejo de Guerra. Y se consiguió que finalmente, por la repercusión que el caso tuvo en España y en el extranjero, los procesados no fueran ejecutados. Significó la primera victoria relativa de la izquierda consiguiendo que fueran indultados. Se olvida que el franquismo eraun muro dificil de superar que incluso acabó con penas de muerte en 1975...

—Otro de los aspectos sobre los que se ha polemizado en torno a Luna caliente es el de la figura de la mujer que es violada pero que luego busca sentimentalmente a su violador. —La controversia surgió a partir de unas declaraciones en las que hablaba de la película en las que decía que "un violador es preferible a un asesino", que fueron muy mal interpretadas. Con ellas no quiero decir que acepte una violación, que me parece terrible, sino que tengo muchas más dificultades para comprender a un asesino que a un violador. Cuando una persona mata a otro ser humano ya no hay posibilidad de reparar en algo ese profundo daño. Un violador también hace muchísimo daño y hay víctimas que apenas vuelven a recuperarse, pero sigo creyendo, no si con algo de ingenuidad, que las cárceles deben servir para educar y rehabilitar, y que el delito de un violador puede ser expiado. En el relato original de Luna caliente, Mempo Giardinelli establecía una cierta metáfora sobre Argentina en torno a esta historia pasional. Y esa idea he tratado de mantenerla de alguna manera. En todas mis películas tengo tendencia a experimentar. Aquí juego con un pensamiento que trato de trasladarlo a la película para que luego el espectador pueda hacerlo suyo: La violencia engendra monstruos. No era tan fácil trasladar ese pensamiento casi mágico. En Los hermanos Karamazov de Dostoievski un hombre se transforma en varios personajes. Aquí también ocurre algo parecido...

—Ha habido alguna feminista que ha criticado la situación que se cuenta en su película.
—Creo que porque pueda haber un caso de una mujer violada que luego quiera seguir con su violador no se puede ignorar lo terrible que para una mujer es sufrir una agresión de este tipo. He trabajado siempre y a lo largo de toda mi vida con un gran respeto y admiración por las mujeres. Es más, creo que el futuro es de las mujeres mejor preparadas para la sociedad que los hombres. Siempre he defendido la igualdad en todos los aspectos, incluida la de mujeres y hombres. Que en Luna caliente aparezca una chica violada a la que le guste su violador no es más que un caso concreto. No hablo de todas las mujeres.

—El erotismo también está presente en esta historia como en la de la mayor parte de sus películas.
—Cuando van a suceder cosas que me interesan no quiero dejarlas a un lado. Por ejemplo, en las escenas de amor físico hay otros directores que prefieren marcharse y yo me quedo con la cámara, no me voy. En Luna caliente la protagonista es una verdadera provocadora. Freud descubrió que algunas mujeres tienen pensamientos recurrentes en el subconsciente en torno a la violación. Freud cambió el mundo al descubrir el subconsciente. Pero hoy ha pasado ese subconsciente a niveles más profundos. Ahora sabemos que podemos estar mucho más al descubierto delo que eran los seres humanos en la época de Freud, más expuestos.

—En la película aparece un personaje tan vulgar y casposo como el del policía que interpreta José Coronado, ¿cómo se consiguió esa caracterización tan distinta a los personajes en los que antes se le ha visto?
—Lo inventó él mismo con ayuda de maquillaje y peluquería. Yo deseaba un policía vulgar y cutre, sucio, tanto desde lo personal como desde lo moral, y por eso aparece esa secuencia en la que contempla a la pareja haciendo el amor. En Lobo Coronado era un policía que lo que quería era llegar a ministro del Interior y éste en cambio es un gris lameculos. Creo que esa caracterizaciónle hace más creíble.

—Ha adaptado a autores como Vázquez Montalbán, Juan Marsé o un texto de tanta dificultad como Tiempo de silencio de Luis Martín Santos.
—En este último caso traté de demostrar que podía existir una línea argumental en una novela tan excepcional como la de Martín Santos. Descubrí que había un argumento al leerlo. Pienso que en todo guión hay una base literaria muy importante. Para mí escribir un guión es como trabajar en un relato. Claro que una cosa es una película y otra una novela. Y eso no siempre han sabido entenderlo bien los autores. Por eso es más fácil trabajar en adaptaciones sobre autores muertos. Por ejemplo, con Tirant lo Blanc. El cine es para mí literatura, tiene una parte muy importante de literatura. Decía Stendhal que "la palabra nos ha sido dada para ocultar nuestros pensamientos". A los actores les planteo cómo ir en busca del personaje. Y a mi mismo me impongo la tarea de contar como es ese personaje con los diálogos y con la imagen.

—Después de Luna caliente trabaja en un proyecto sobre Amarilis y Lope de Vega que cerraría una trilogía de mujeres de época como Juana la Loca o Carmen.
—Amarilis o Marta de Nevares es un personaje muy importante en la vida de Lope. Las mujeres se enamoraban de él porque todo lo hacía bien. En su época todo lo bueno se decía que era de Lope, y no sólo las comedias o los poemas, sino también los vestidos, las tazas... La edad era lo de menos. Quiero mostrar a un Lope que en aquella época podría tener más de 60 años y hoy corresponderían por lo menos a los 70 enamorado de una mujer como Marta, a quien se atribuían idénticas virtudes que a Lope. Marta de Nevares era poetisa, hacía música, cantaba, bailaba... Una mujer muy adelantada a su tiempo. Una dama además casada con un hombre que es descrito por el propio Lope: "tenía barba de la cabeza a los pies". Lope se enamoró de ella, y enloqueció cuando quedó ciega, por algo que en su época se denominó la gota serena y que hoy podría ser diagnosticado como un tumor cerebral. Él la cuidó con muchísimo amor hasta sus últimos días. Se trata de una de esas mujeres a las que la Historia ha ignorado. •

 
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