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Nº 867
8/2/2010

Inseguridad nuclear, temida pero fomentada

No dejan de aparecer signos de evidente fragilidad en ese orden nuclear mundial que hasta ahora se ha sustentado en el equilibrio de poder establecido tras la II Guerra Mundial y con el Tratado de No Proliferación de 1968. En este sistema las armas nucleares sirvieron para mantener la paz entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en los años de la Guerra Fría, contando para ello con un exclusivo club nuclear del que formaban parte los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Desde la invención del arma nuclear su abrumador prestigio se basaba paradójicamente en no utilizarla, ya que por sí misma gozaba de ese carácter sagrado e intocable que permitía configurar una disuasión recíproca entre los poseedores del arma nuclear; por los peligros horrorosos que llevaba recurrir a ella se hacía altamente aconsejable no emplearla, el mero hecho de tenerla almacenada aseguraba por sí solo el respeto y la inmunidad. Tal calificación conceptual y estratégica del arma nuclear es sustancialmente la misma de hoy, la del arma hecha para no utilizarse, ni mucho menos ha perdido función y prestigio.

Sustancialmente, pero no sólo, el desorden nuclear del que empiezan a sentirse las alarmas, se identifica con Corea del Norte y su programa de armas nucleares en demostrada expansión y con repetidos ensayos; en las ambiciones nucleares de un Irán que se cree amenazado por los Estados Unidos e Israel y con una delicada situación doméstica; en la continuada inestabilidad de Pakistán, que se conecta con la de Afganistán y que a su vez configura la posibilidad de que armas nucleares acaben en manos terroristas. Una y otra vez, en último término con el presidente Obama, se haexpresado la ilusión de un mundo sin armas nucleares. No es fácil que se cumpla por ese carácter sagrado que mantiene el arma nuclear, según un discurso que se repite con términos similares en las diversas olas de entusiasmo nuclear, como culto a la utopía nuclear de la seguridad militar y la seguridad energética, ambas totales. Las cinco potencias nucleares del Consejo de Seguridad mantienen sus arsenales y por su alta capacidad industrial controlan el mercado de la utilización pacífica de la energía atómica, en concreto el mercado de reactores y del combustible nuclear. Pese a que los cinco miembros responsables del club nuclear pretendan mantener su monopolio, su doctrina nuclear, militar y ecológica les desborda, al menos en su capacidad de retener la proliferación nuclear.

Es precisamente en la época de los problemas energéticos cuando con cierta exageración se valora la energía atómica como remedio supremo contra la escasez, la carestía y la contaminación, encontrándose como consecuencia que los riesgos de la proliferación nuclear se intensifican. No deja por tanto de recordarse la relación demostrada entre uso pacífico y uso militar de las instalaciones nucleares, la llamada tecnología de uso dual, como tampoco se ha olvidado la eventual complementariedad del arma nuclear para ser utilizada en una guerra en principio convencional. En definitiva, que no hay nada que no fuera suficientemente conocido en décadas pasadas, lo que ocurre es que se plantea con mas peligros y actores, en conflictos sin desactivar. Los conflictos generan consecuencias encadenadas y en progresión. La fragilidad del orden nuclear mundial también se evidencia por la combinación de la audacia en unos y la impotencia en otros, por las dificultades de actuaciónen suma frente a Corea del Norte e Irán, en un momento en se reclama el diálogo y la cooperación porque operaciones drásticas como las efectuadas por la aviación israelí contra Irak, 1981, y Siria, 2007, se consideran altamente desaconsejables.

Los próximos años pueden ser determinantes para conocer si el actual sistema contra la proliferación nuclear se fortalece o desaparece. Probablemente en la próxima reunión prevista para evaluar el cumplimiento del Tratado de No Proliferación, mayo de este año, se pondrá de manifiesto la actual ineficacia o el relativo desfase de la actual agenda de seguridad para controlar la proliferación, o para impedir que materiales sensibles caigan en manos terroristas. El incremento en el arsenal de Corea del Norte y Pakistán, la obstinación nuclear de Irán o la frenética exportación de reactores por parte de los Estados Unidos, Francia y Rusia, son datos contrastados que pertenecen a un panorama bastante inquietante en que las grandes potencias son las primeras en retener el arma nuclear por prestigio, filosofía y estrategia, sin modificar al respecto su doctrina militar y sin tampoco cesar con sus exportaciones de tecnología nuclear, de manera abrumadora. La inseguridad nuclear, la proliferación que no cesa, son consecuencia de esos atributos concedidos con notoria constancia, por los que se considera el sistema nuclear como el que a fin de cuentas nos concederá todo tipo de seguridad. Las posibilidades de control disminuyen o se esfuman a medida que el prestigio se mantiene y se incrementa, incluso, no dejan de anunciarse los peligros pero tampoco las virtudes de esa utopía nuclear a lo que todos acabamos recurriendo, por filosofía, por motivos prácticos, o por ambas cosas. •

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