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Internacional
Nº 867
8/2/2010
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El fin del 'caso Clearstream' aúpa al rival de Sarkozy

EL RENACER POLÍTICO DE VILLEPIN

Como un Ave Fénix, Dominique de Villepin, ex primer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores de Francia, ha resurgido de lo que parecía que eran sus cenizas de alto cargo político. En realidad, la reciente absolución del ex jefe de Gobierno en el juicio del caso Clearstream, en el que se le vio como supuesto miembro de una conspiración para acabar con la carrera de Nicolas Sarkozy, ha relanzado su perfil político. Por mucho que ahora la Fiscalía recurra la decisión de la justicia en primera instancia, para la jefatura del Estado francés, el daño ya está hecho, pues se ha confirmado a De Villepin como el principal rival del presidente de Francia en el ala de la derecha del espectro ideológico.

Por Salvador Martínez (París)

La vida política en Francia es, en muchos casos, de ida y vuelta. Es más, una característica esencial del panorama francés es la capacidad que tienen las élites para no renovarse, pues los responsables de lo público nunca, o casi nunca, dicen adiós. Dominique de Villepin es un ejemplo paradigmático de la capacidad del alto funcionario galo de no abandonar de forma definitiva la palestra, y eso que desde que su principal rival, Nicolas Sarkozy, ganara las presidenciales en 2007, parecía que el ex primer ministro había abandonado la política para entregarse a sus actividades predilectas: la historia, la poesía y escribir novelas. Sin embargo, sorprendentemente, el que fuera delfín del expresidente Jacques Chirac ha renacido pese a que el actual jefe de Estado francés creyó tener la oportunidad de ver cómo su enemigo se hundía en el juicio del conocido como caso Clearstream.

"Ahora Dominique de Villepin está tentado por reactivar y reorganizar la oposición a Nicolas Sarkozy, además de encarnar la oposición gaullista, que constituye una amenaza para el jefe de Estado", apunta a EL Si-Gin la especialista en la derecha gala del diario Le Parisien, Martine Chevalet. Desdela posición de defensor de las ideas del general Charles de Gaulle, que hasta cierto punto todavía son influyentes en Francia, De Villepin quiere desarrollar un programa político que tenía "en suspenso", según los términos de Chevalet, por su relación con el caso Clearstream –en el que su inocencia le permitió eludir la pena de cárcel y una multa de hasta 48.000 euros–. Para ello, se apoya en una quincena de diputados del partido presidencial, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), que han mantenido la viva la llama villepenista a través de un club que lleva el nombre del ex dirigente francés, Club Villepin.

Sin embargo, gracias al espacio mediático acaparado durante el juicio del caso Clearstream, la multiplicación de sus apariciones en público, la edición de sus dos últimos libros, el ensayo La cité des hommes: de la crise á ¡'espoir y la novela Le dernier témoin (ambos en Éditions Plon, 2009), este intelectual antes que político no ha dejado de hacer campaña de sí mismo. En esta lógica, "hace dos semanas estuvo en las ciudades desfavorecidas del norte de París, donde Nicolas Sarkozv no puede acercarse sin un importante dispositivo de seguridad, para hacer ver que tiene una fibra popular y que mantiene contacto con la población", señala la periodista de Le Parisien. Es por esta sensibilidad social que el sociólogo español y director del Cole de Altos Estudios Europeos Miguel Servet de París, JoséVidal-Beneyto, ha dicho a este manario que si De Villepin hubiera sido presidente de la República, "hubiera tenido go de tintes progresistas". A esta atención por lo social, se suma su capacidad para abordar con solvencia temas tan serios como el de Afganistán, sobre el que intervino el pasade lunes en un debate organizado en el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. "La intervención militar en Afganistán es hoy un problema", dijo antes de aconsejar la puesta en marcha "de un proceso de retirada controlado y enérgico".

Estar en el candelero, ya sea por motivos judiciales, por visitar a la población desfavorecida o los centros de producción de élites de Francia, le ha traído resultados que no son desdeñables de cara a la opinión pública. Tanto es así que en dos recientes sondeos, se ha señalado que hasta un 49 por ciento de los encuestados quieren a De Villepin como candidato en las elecciones presidenciales de 2012. "Existen dos fuentes electorales claras para él, son gente de derechas, jóvenes y mayores, a los que no le gusta el estilo de Presidencia de Sarkozy, que no encaja con el estilo típico de otros presidentes como Chirac, y luego están los nostálgicos del gaullismo. La resurrección política de De Villepin se sostiene en ellos", detalla a EL SIGLO, Bruno Jeudi, corresponsal político de Le Figaro, el diario de la derecha francesa.

"¡No estoy muerto!", le ha exclamado De Villepin a la periodista Anna Cabana, que recoge esas declaraciones en su reciente libro sobre la actualidad política francesa La verticale du fou (Ed. Flammarion, 2010). Si no es un cadáver político, eso se le debe, precisamente, al hombre que le quiso ver "colgado de un gancho de carnicero", según se refirió en su día Sarkozy a los responsables del caso Clearstream. Según el ex primer ministro, haberse sentado en el banquillo de los acusados por su vinculación a las corruptelas que llevan el nombre del banco luxemburgués le ha ofrecido una nueva vida política. "Sarkozy me ha resucitado. Me ha ofrecido una legitimidad mayor que la de las urnas. Soy el que le resiste, el único, el último", según se ha definido el propio De Villepin, que, a sus 56 años, está decidido a encarnar una alternativa conservadora al actual jefe de Estado galo, pues, a su entender, Sarkozy no está hecho para las altas instancias de la política. "No tiene la hechura de los hombres de Estado, porque carece de un laberinto interno, del misterio que es la fuerza de los grandes hombres", afirmaba con lírica De ViIlepin hace poco más de un lustro en la revista Le Point.

Pero al César lo que es del César, y éste en Francia no es otro que Nicolas Sarkozy, cuyo aparato político no da muestras de preocupación por la supuesta amenaza villepenista. "No tiene partido, no tiene dinero, no tiene parlamentarios, nadie le seguirá", ha quitado hierro al regreso de De Villepinen Le Monde el consejero de comunicación del Elíseo, Franck Louvrier. "Oficialmente en la UMP y en el Elíseo se desprecia a De Villepin, y se dedican a ironizar sobre el eventual resultado de su candidatura en unas presidenciales, situándolo con un porcentaje ridículo, como el que obtuvo Michel Debré, un 1,70 por ciento en los comicios de 1981, aunque en privado no se oculta que su candidatura de 2012 plantee problemas", explica Jeudi. Para las próximas presidenciales, los politólogos creen que si está De Villepin, éste puede obtener entre un 4 y un 5 por ciento de los votos, pero antes de que comenzara el juicio del caso Clearstream, los indicadores de opinión pública ya señalaban que tiene tras de sí hasta un 8 por ciento del electorado en la primera vuelta de unas elecciones por la Presidencia de la República.

Estos datos podrían suponer que Nicolas Sarkozy no llegara a la segunda votación de las presidenciales, una posibilidad que no se puede descartar. Basta con recordar al socialista Lionel Jospin, que pese a que era el favorito en la carrera hacia el Eliseo de 2002, se quedó sin pasar a la segunda ronda por la atomización del electorado de la izquierda. En particular, lo que más pesó en aquella campaña presidencial del Partido Socialista francés, fue que un ex ministro del Interior de Jospin, Jean-Pierre Chevenement, presentó su propia candidatura para acabar sumando un 5,33 por ciento de los votos. "Para evitar que algo así ocurra a Sarkozy, la estrategia del Eliseo y de la UMP es aislar a De Villepin lo máximo posible para que su candidatura no llegue a buen puerto o acabe con un resultado patético. Harán todo posible para que no se presente en 2012", mantiene Jeudi.

Además de enfrentarse al Ejecutivo y a su familia política, De Villepin tendrá que superar su mayor punto débil si quiere dar que hablar en las próximas presidenciales. Se trata de su inexperiencia frente al "sufragio universal", recuerda Chevalet. Y es que en Francia se puede haber sido ex primer ministro, ex jefe de la diplomacia, ex ministro del Interior, ex secretario general del Eliseo y el delfín de Jacques Chirac sin haber ganado nunca unas elecciones. Tal es el caso de Dominique de Villepin, que ahora se ve como futuro candidato de la derecha gaullista para las presidenciales de 2012. •

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