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Internacional
Nº 867
8/2/2010
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La venta de armas de EE UU a Taiwán deteriora las relaciones Pekín-Washington

CHINA NO QUIERE SER UN TIGRE DE PAPEL'

El Departamento de Defensa de EE UU ha aprobado una nueva venta de armas para Taiwán por un valor de 4.600 millones de euros. Pekín ha reaccionado duramente anunciando la suspensión de contactos militares con EE UU y una inédita sanción contra las empresas americanas involucradas. La tensión entre ambos países venía intensificándose en los últimos meses, y China parece estar cada vez más dispuesta a demostrar que no es un mero tigre de papel, pero la interdependencia económica y geopolítica entre ellos y los antecedentes históricos sugieren que ambas potencias retomarán la ruta del pragmatismo.

Por Pablo Wang (Hong Kong)

Inmediatamente después de que el Pentágono anunciase la autorización para la última venta de armas para Taiwán, Pekín expresaba su indignación y anunciaba la adopción de represalias que van desde la suspensión de contactos militares bilaterales y una sanción contra las empresas americanas que proveerían las armas, lo que parece indicar que Pekín se siente cada vez más a gusto demostrando su creciente poderío económico-político.


El paquete de armas incluye 113 misiles defensivos Patriot PAC-3, 60 helicópteros de carga UH-60M Black Hawk, dos barcos dragaminas Osprey y equipos electrónicos para la flota de cazas F-16 A/B taiwaneses, por un valor total de 6.400 millones de dólares (4.600 millones de euros). La venta está pendiente de aprobación en el Congreso de EE UU dentro de un plazo de 30 días. No se incluyeron los submarinos diésel y los cazas F-16 C/D que Taiwán quiere pero cuyo potencial ofensivo podría haber agravado aún más el impasse entre Washington y Pekín.

La suspensión de contactos militares con EE UU tras un anuncio de ventas de armas para Taiwán es una rutina practicada por Pekín hasta el hastío. En opinión del coronel Charles W. Hooper, académico de la Escuela Naval de Postgrado de EE UU, la interacción castrense chino-estadounidense es una montaña rusa que tras incontables altibajos, siempre vuelve al mismo punto de partida, sólo para repetir el ciclo. Hooper recuerda los antecedentes históricos del incidente de Tiananmen en 1989, la crisis de misiles de Taiwán en 1995 y la colisión de aviones militares de ambos países en 2001 entre otros.
Lo nuevo son las anunciadas sanciones económicas, pero todavía queda por verse cómo serían implementadas. Al ser interpelado la semana pasada, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino Ma Zhaoxu se negó precisar. "Ya verán", dijo al salir de una rueda de prensa.

Las empresas Boeing y United Technology Corp. serían las únicas expuestas a una eventual sanción económica, ya que las otras dos, Raytheon y Lockheed-Martin, no tienen intereses directos en China. La última cuenta, por ejemplo, con un solo empleado en Pekín.

El periódico China Daily citó el martes pasado preocupaciones del sector aeronáutico de cara a la situación, pero expertos en Hong Kong opinaron que teniendo en cuenta que Boeing y el conglomerado europeo Airbus se reparten el mercado de la aviación civil de China, es improbable que se deje a Boeing totalmente fuera del juego. "Podrían repetir lo que hicieron antes: inclinar la balanza a favor de Airbus", dijo un experto. Pero tal represalia sería efímera en la práctica: la inversa ocurrió cuando Airbus estuvo en la mira tras el encuentro del presidente francés Nicolas Sarkozy al Dalai Lama en 2008. Además, el desarrollo de la industria aeronáutica local depende en gran medida de la cooperación tecnológica que provean tanto Airbus como Boeing, así que los expertos creen que a la larga Pekín no impondrá sanciones significativas que perjudicarían sus propios intereses.

United Technology Corp., compañía madre de los elevadores Otis y los acondicionadores de aire Carrier, tiene una importante presencia en este mercado y emplea a 16.000 trabajadores chinos. Un bloqueo de estas marcas en China sería litigada por EE UU en la Organización Mundial del Comercio y se correría el riesgo de desatar una guerra comercial ojo por ojo, diente por diente cuando ya están en alza el proteccionismo en EE UU y se critica a China por mantener su moneda devaluada para favorecer sus exportaciones. China será el mayor acreedor del tesoro estadounidense, pero también es el mayor exportador de productos manufacturados, así que sería frágil víctima del proteccionismo comercial.

Tanto Pekín como Washington se ven obligados a elevar el tono de la discusión por asuntos internos. En China se percibe un endurecimiento por parte del gobierno de Obama tras una breve luna de miel. También se siente ofendido por los comentarios de Hillary Clinton sobre la censura en internet tras el incidente de Google y ante un posible encuentro del presidente Obama con el Dalai Lama, el líder tibetano en exilio al que Pekín califica de separatista. Los disturbios en Tíbet en marzo de 2008 y Xinjiang en julio de 2009 enardecen sentimientos nacionalistas al mismo tiempo que justifican una postura más defensiva ante una percibida violación a la soberanía nacional.

Además, no hace falta recordar que China mantuvo un crecimiento del 8 por ciento en medio de la crisis. Jin Canrong, profesor de estudios internacionales de la Universidad del Pueblo opina que "tras la crisis financiera, la postura internacional de China se vio mejorada (...). Cuenta hoy con más cartas en la baraja para jugar con EE UU".

Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, es criticado en su país por conceder mucho ante China a cambio de poca reciprocidad: se sometió a la censura cuando se reunió con estudiantes chinos en Shanghai casi sin protesta, poca mención hizo en su visita del talón de Aquiles del gigante asiático: los derechos humanos. Tampoco logró con China un compromiso internacional en asuntos como el cambio climático, el cambio de su moneda y más recientemente sanciones contra Irán en Naciones Unidas. La aprobación del paquete de armas para Taiwán era de esperarse, especialmente cuando la misma fue prometida en 2001, durante el gobierno de George W. Bush. Obama tuvo un primer año de pragmatismo hacia el acreedor más importante de su tesoro nacional y el posible motor de la recuperación económica, pero con la caída de sus índices de popularidad, el partido Demócrata debe alzar la voz o si no perderá las elecciones de noviembre.

La enfática reacción de China sobre la venta de armas se basa en los tres comunicados conjuntos entre Washington y Pekín, firmados en 1972, 1979 y 1982. Según éstos, EE UU se comprometió a disminuir gradualmente la presencia militar en Taiwán "mientras que la tensión en el área disminuya" y el reconocimientodiplomático de Pekín como legítimo gobierno de China en lugar de Taipei. No obstante, EE UU provee de "armamento defensivo" a Taiwán en base a la Ley de Relaciones con Taiwán, promulgada en 1979 por el Congreso. En opinión de un ex-funcionario estadounidense anónimo, la exclusión de los cazas F16 C/D en el paquete aprobado es muestra de que el gobierno de Obama no quiere echar leña al fuego, porque los mismos contarían con potencial ofensivo que Taiwán hoy por hoy no tiene.

Taiwán, con gobierno propio e independencia de facto desde el fin de la guerra civil china en 1949, no es reconocida más que por una veintena de naciones como un estado. Pekín no abandona el uso de la fuerza si la isla declara formalmente su independencia. Ante la actual tensión entre las dos grandes potencias, el presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, dijo que "los armamentos son de naturaleza defensiva y dotan al pueblo taiwanés de mayor confianza y seguridad a la hora de entablar relaciones a través del Estrecho de Taiwán". Desde 2008, el presidente Ma, del mismo partido Nacionalista (Kuomintang) que perdió la guerra civil, practicó una política de acercamiento hacia Pekín que contrasta con la de su antecesor, Chen Shui-bian, del Democrático Progresista con tendencia a la independización de Taiwán. El liderazgo chino no desea un retorno del Democrático Progresista al poder en Taipei, y la ausencia de críticas hacia el actual gobierno de Taiwán por la compra de armas con EE UU es prueba de ello.

La semana pasada, se registraron simultáneos signos de que tanto Washington como Pekín desean superar el impasse. El secretario de defensa Robert Cates expresó el 1 de febrero su deseo de que "si hay un enfriamiento, el mismo sea momentáneo y que podamos estrechar nuevamente esta relación" entre EE.UU. y China. El China Daily publicó un artículo titulado La venta de armas de EE UU a Taiwán no perjudicarán relaciones: analistas. El texto cita entre otros a Fang Jis-he, académico de estudios americanos de la Academia de Ciencias Sociales de China: "EE UU necesita la ayuda China en muchos aspectos, incluyendo la desnuclearización de Corea del Norte e Irán, por lo que medirá sus acciones y tratará de contener los riesgos". El mismo reportaje sostiene que el Ministerio de Defensa chino "se reserva el derecho de adoptar acciones no específicas" si se procede con la venta. La sintaxis imprecisa contrasta con las enfáticas declaraciones de los funcionarios chinos. "Observemos qué van a hacer", advierte Susan Shirk, ex vicesecretaria de Estado asistente durante el Gobierno de Bill Clinton y académica de política diplomática china, quien agrega: "en China, muchas veces las palabras duras son sustitutas de acciones duras". •

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