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Nº 867 - 8 de febrero de 2010
¿Cambio de rumbo en Afganistán?

por Santiago Carrillo

En la última semana parece haberse producido un cambio de rumbo en la política norteamericana de Afganistán. De repente, Karzai, que presentaba hasta hace muy poco una imagen de indeseable y corrupto en las informaciones sobre la marcha de la guerra en aquellos territorios, se ha transformado en un personaje positivo que se propone integrar a los talibanes en la política haciendo pactos con ellos. Se habla de un cambio de estrategia. Se publican declaraciones de dos de los grandes jefes militares estadounidenses: uno, Petraeus, que manda las tropas en aquella zona, dice: "El concepto de reconciliación entre altos responsables afganos y responsables talibanes u otros jefes de la insurgencia es una posibilidad". Otro general que manda directamente en aquel país, Mc Chrystal, añade: "Cualquier afgano puede jugar un papel si se centra en el futuro y no en el pasado". Y el jefe laborista del Gobierno inglés, declara: "Pero deben renunciar a la violencia, decir que participan en el juego democrático".

Todas estas declaraciones son más bien enigmáticas y las de mister Brown, hasta un poco surrealistas. Podría deducirse de ellas que el Pentágono ha llegado, por fin, a comprender que esa guerra es un pozo sin fondo de hombres y dinero y que la victoria militar es imposible. Parece que para reconocer algo que era ya evidente para la opinión pública haya sido necesario que Pakistán –un factor esencial en ese conflicto– se distancie de los planes del mando norteamericano.

Si se trata simplemente de un cambio de estrategia me temo que sea otra vez un fracaso. La creación de un fondo para comprar con dólaresa algunos señores de la guerra, bautizándolos de "talibanes moderados" no va a facilitar las cosas. Esto no es como las guerras coloniales del pasado, en las que ese método podía alcanzar fortuna temporalmente. El pueblo afgano ni entonces se dejó avasallar. Y además está enclavado en una región del mundo donde el antiamericanismo genera un nuevo tipo de resistentes dispuestos a inmolarse por su causa. Me imagino que cuando en ese medio sepan que se ha creado un fondo para comprarles, eso será considerado una gran ofensa que se añade a la que representa la invasión militar.

En realidad no basta con cambiar la estrategia. Habría que cambiar los objetivos. He dicho antes que lo de Brown era surrealista, porque pensar que un jefe de tribu va a dar el enorme salto histórico que representa pasar de su estatus actual al de político de una democracia de tipo occidental, es una quimera. A no ser que no se trate de eso, sino sencillamente de prestar obediencia a los que pagan. Lo cual en el fondo sería no comprender el significado de los conflictos contemporáneos.

La única condición que cabe poner para hacer la paz podría ceñirse al compromiso de impedir que su territorio sea una base de Al Qaeda, a cambio de una ayuda exterior para la reconstrucción del país. Porque el gran problema es que para poner fin realmente a la amenaza terrorista, para que los países árabes e islámicos no sean vivero de terroristas, eso que llaman la comunidad internacional, término que muchas veces se maneja para cubrir a los EE UU, hay que renunciar a mediatizar la política de esos países, retirar las tropas y asegurar de una vez la creación de un Estado árabe palestino en lo que hoy no es más que un proectorado israelí mantenido por la iolencia.

Tras el llamado "cambio de estraegia" en Afganistán han llegado nueas noticias que no animan al optimismo "EE UU acelera el despliegue de misiles en torno a Irán". "Israel desea un ataque militar preentivo contra las instalaciones nucleares iraníes". Posibilidad de una ntervención en Yemen.

Y para completar el cuadro las diferencias entre EE UU y China se agudizan, porque los primeros siguen armando a Taiwán, la isla china que entró en rebeldía contra el Gobierno, tras el refugio allí de las ropas derrotadas de Chiang-Kaihek.
Así va desarrollándose un clima en el que Bin Laden, hoy jefe de bandas terroristas, podría ser elevado a la categoría de líder político islamista. •

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