Nº 867 - 8 de febrero de 2009
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Nueva constelación mediática

por Miguel Ángel Aguilar

Sabemos que cada cierto tiempo se barajan las cartas para volver a repartirse. También que se producen nuevas conjunciones astrales y que se definen nuevas constelaciones. Así ocurre también en el panorama mediático. Porque, como los seres vivos, los medios de comunicación nacen, crecen, se reproducen y mueren, aunque con diversa fortuna y conforme a procesos muy particulares. Por ejemplo hay diarios que tienen cumplidos de modo ininterrumpido cerca de trescientos años, mientras otros han hecho travesías muy breves.

Maurice Joly en las páginas de su libro Diálogos en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu presenta al florentino explicando al barón de Secondat cómo podría defenderse de las malévolas asechanzas de la prensa: haciéndose editor de periódicos. Esa propensión de combatir a los medios de comunicación desde su propio campo está muy extendida entre los políticos. A partir del inicio de la Transición, en nuestro país cada uno de los presidentes del Gobierno ha intentado alentar un grupo a su servicio. Lo tuvo Adolfo Suárez a través de la Prensa y Radio del Movimiento, conglomerado que pasó a denominarse Medios de Comunicación del Estado, y de Televisión Española que era una, grande y sometida al Gobierno de turno. Felipe González se desprendió de la chatarra del Movimiento que fue privatizada a precios de saldo y dio paso a los canales privados de TV de manera que los agraciados por las concesiones quedaron bajo el shock de la gratitud al menos en los primeros años, además de sostener una cierta sintonía con el grupo Prisa.

José María Aznar pareció empeñado desde su llegada en crear su propio Polanco a partir de la instrumentación de la Telefónica que había puesto en manos de ViIlalonga, el compañero de pupitre. El proyecto derrapó y a partir de 2004 José Luis Rodríguez Zapatero ha seguido el mismo esquema de impulsar un grupo nuevo que todo se lo deba a él y le profese estricta obediencia. De ese designio nació La Sexta, para hacerla viable se dictó con urgencia el decreto ley de la TDT de pago y como muestra de gratitud los recipiendarios plantaron un diario: Público, que ha ido después creándose un espacio creciente de independencia profesional cada vez más respetable. Estos designios zapateristas dejaron fuera de foco al grupo Prisa al dejar de ser tenido en cuenta. La TVE fue sometida a un proceso de lavado y centrifugación de sus elementos más sectarios por primera vez desde su puesta en marcha. La audacia de la medida, que ha tenido contagio cero por lo que se refiere a las televisiones públicas de ámbito autonómico, suscita admiración pero plantea la precariedad de un Gobierno sin aliados mediáticos. Porque exceptuados media docena de diarios y una cadena de radio, todo lo demás forma una orquesta hostil con extraordinario poder de percusión.

Al frente de la tamborrada debemos considerar a Jotapé, advirtiendo que Zetapé devuelve siempre bien por mal, empeñado como está en merecer algún día la aprobación del nuevo hacedor de reyes y de pasar a ser homologado como demócrata sin crímenes de sangre. En las ondas la figura anti zapaterista era Federico Jiménez Losantos, quien desde la Cope, emisora de los Obispos, la emprendía del Rey abajo con todos. Sin que Rouco tuviera nunca objeción alguna que hacerle por mucho que incluso llamara masón al Nuncio de Su Santidad, Monseñor Monteiro. Por reducción al absurdo a Federico dejaron de renovarle el contrato el contrato nuestros pastores y ahora el presidente de la Cadena arguye que "un giro como el que ha dado la Cope se paga siempre en el EGM, que están estudiando recortes salariales y la venta de Popular TV. Demasaiada exhibición para tener pendiente todavía tantas explicaciones. Continuará.•

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