Nº 867 - 8 de febrero de 2010
 
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De cómo un periodista independentista anhela

“una terrorífica sentencia del Constitucional”

pasen, vayan pasando y lean aquello que nunca imaginaron que podrían leer en un medio como el que citaré más adelante. Acérquense, amigos lectores, pacientes y apreciados lectores de El Siglo y de esta mi modesta colaboración semanal. Prepárense para observar de cerca un prodigio sin par, algo insólito, aunque tenga, eso sí, algunos que otros precedentes como el de la defensa de la autodeterminación para Euskadi. Pero vayamos por partes. Empecemos, naturalmente, por el principio: “Si sintiera España como mi nación la defendería como la defiende el PP, sin complejos, con honor y aferrándome a su integridad. Por eso mismo, como siento Cataluña como mi nación, deseo que sea soberana y libre, y lo digo y lo escribo sin tapujos y, por supuesto, con todo el honor. Me parece que planteándolo así, el debate tiene más interés, porque es más sincero y es un debate entre hombres y no entre cobardes”. Sigamos adentrándonos en los entresijos del independentismo catalán: “El autonomismo es una cobardía. Es una cobardía de España y es una cobardía de Cataluña. Ni el café para todos refleja ninguna realidad –y es simplemente un ortopédico invento que, por cierto, favorece la corrupción–, ni conceptos como un mayor autogobierno resuelven el problema de fondo entre España y Cataluña, que es el de la soberanía”. Añadamos otras consideraciones en absoluto despreciables porque, gusten o no, forman parte de la doctrina del nacionalismo catalán: “El último rumor es que la sentencia sobre el Estatut va a salir entre el 14 y el 18 de febrero. Han corrido tantas filtraciones, tantos chismes y tan truculentos, que el Tribunal Constitucional está ya totalmente desprestigiado, por partidista y tardón. Salvo Montilla y sus empleados, que como mediocres y funcionarios, sólo buscan salvarse ellos mismos, todo el mundo espera que la sentencia sea demoledora. De un lado, los españoles que defienden España con honor están horrorizados, y con razón, ante la posibilidad de que se reconozca que la máxima autoridad judicial en Cataluña es el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y no una instancia estatal. También ante el concepto de bilateralidad, que no es que rompa España, pero sí que establece un statu quo entre Cataluña y Madrid que no es lo que un español de verdad está precisamente ansiando ver. Es evidente, y lo acepto, que la Cataluña que describe el Estatut no cabe en la Constitución ni en la idea de España que yo tendría si me sintiera español. Y, vamos, si cuela lo de nación, si España traga que Cataluña es una nación, hasta yo me voy a escandalizar, y tendré que replantearme la sincera admiración que siento por una de las naciones más importantes de Europa”.

Una vez arribados a este punto,  parece obligado ya  señalar que el artículo que reproduzco, del que faltan párrafos más reveladores todavía en favor de la independencia de Cataluña, está escrito por el periodista Salvador Sostres en el diario El Mundo, el día 1 de febrero del año en curso, y en la página de Tribuna. Efectivamente, aparece  en El Mundo que dirige Pedro J. Ramírez y que ha venido siendo, y cada vez con más intensidad,  el azote del nacionalismo catalán en el cual incluye por supuesto al PSC y a José Montilla. ¡Qué espectáculo inimaginable! ¿Ramírez, cuya capacidad de sorprender al personal es extraordinaria, se está pasando al enemigo principal para él que es la Cataluña que marca diferencias notables con España y más aún la Cataluña que quiere marcharse de España? No hay respuesta sólida a esta pregunta. Sostres es su último y rutilante fichaje. Sustituye de hecho al caído Arcadi Espada. Procede Sostres del diario Avui, un icono del nacionalismo, aunque sin apenas lectores. Fue expulsado del periódico, dicen las malas lenguas, a raíz del caso de corrupción  del alcalde de Santa Coloma de Gramanet, Bertomeu Muñoz, con la complicidad activa de, entre otros personajes, Macià Alavedra y Lluis Prenafeta, dos convergentes de primerísimo orden, integrantes de la vieja guardia pujolista y con una trayectoria de sospechas desde hace muchos años. Pero Sostres, que quede bien nítido, no fue expulsado del Avui por corrupción. En absoluto. Salió del Avui porque arremetió contra quienes escribieron negando que esas detenciones, sobre todo las de Alavedra y Prenafeta, fueran debidas a que se trataba de  luchadores por la libertad de Cataluña, que fue la tesis malévola y torticera, defendida por Joan Laporta. Esa descripción de victimismo nacionalista, llevado a la paranoia, condujo a  Sostres a escribir un artículo titulado Orgullós dels meus amics, referido a Alavedra y Prenafeta. De ahí Sostres, de pronto, saltó a El Mundo. Debutó con una muy larga entrevista al presidente del F.C. Barcelona, Joan Laporta, en la que el entrevistado acabó proclamando sin tapujos su propósito de llegar a ser presidente de la Generalitat o presidente del Gobierno de Cataluña independiente.

“La Cataluña normal, la Cataluña no excitada, siempre había votado, muy mayoritariamente, a una Convergència que, desde hace sólo tres años, ha asumido algunas tesis soberanistas. En cualquier caso, una terrorífica sentencia del Constitucional nos vendría muy bien para convencer a los más moderados de que ya no nos queda otra que dar el gran paso”, subraya Sostres. Cuanto peor, mejor, sostiene, según puede verse fácilmente, el nuevo favorito de Ramírez. El maquiavelismo del director de El Mundo es insuperable. Habría que rastrear la pista que ha llevado a Pedro J. a contratar a Sostres, un tipo que escribe con soltura y una cierta brillantez expositiva,  polémico y provocador, incrustado en la Convergència radical de los amigos de los hijos de Pujol, partidarios de la secesión de Cataluña, pero desde luego muy coincidentes todos en el neoliberalismo económico y en el conservadurismo de clase. CiU ha dejado de ser menestral, de la pequeña burguesía, para instalarse, en buena parte, en la alta burguesía catalana. Vivir para ver.

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